La Habana. Año IX.
26 de MARZO
al 1 de ABRIL de 2011

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Noris Arlena *
  (Pinar del Río, 1972)

I

                       “Soy la existencia que me ocupa
 solo
algunos segundos.”

                                              Ángel Guisa Minet


No elaboro mi alma  como algo repujado, sencillamente las palabras escapan a los instintos

y de pronto encuentro que las ideas no son más que el susurro de todas las vidas

     que habitamos,

infinitud de ecos múltiples en el interior de mi alma,

naciendo, —una y otra vez—; con las manos prestas al naufragio.


S/T

Si posaras tus labios en mi boca,

si te atrevieras a despertar cada uno de mis sentimientos dormidos

con el leve roce de tus labios sobre mi piel desnuda.

Si quisieras, de una buena vez, experimentar nuevos caminos,

historias diferentes  para amar,

entregar el sentimiento todo sin importar equipaje alguno

y aventurarnos a ese puerto inseguro

lejano o cercano

hermoso y triste que es la vida.

Si me dejaras mujer, liberarte de tus miedos,

tus costumbres,

tu pasado.

Si quisieras, si te atrevieras a liberar de mí este amor perdido

que ahora acuno entre mis manos,

sin saber qué hacer o qué buscar, adonde ir siquiera tan perdida y triste

como ahora me encuentro.

¡Si tú quisieras! Pero no sé cuantas distancias nos separan entonces.

No sé si acercarme a ti lentamente esperando que algún día todo pueda acontecer

o alejarme también lentamente y dejar las cosas tal y como están,

y olvidarme de que eres bella,

que encuentro en ti la inocencia, la ternura y la paz que me hace falta

¡que tanto necesito!

¡que te amo por lo que eres con loco frenesí!

No sé, tu historia y tu vida son apenas un suspiro en mis días,

no conozco más de ti que tu nombre, tu sonrisa,

tus versos que de alguna manera también me nombran

y los ratos que alguna vez juntas compartimos,

todo esto, donde te me descubres como la más tierna y cruel de todas las mujeres

   de mi vida.

No sé, quizás encierras demasiados misterios para este momento

en el que ahora me encuentro, incapaz incluso de descifrarlos siquiera.

Ahora soy una eterna mujer a la espera de milagros, un tanto perdida y triste

bajo el agua de su signo, esperando habitar tu eterno rincón de poesías

y sueños de juventud,

tus eternos sueños de poeta.

Ahora soy una eterna mujer necesitando un hombro necesario,

tu hombro Elizabeth, si es que lo notas…

necesitando una canción que me salve del naufragio,

un tema preciso lejos de todo instinto carnal, sexual.

Ahora soy yo la que sufre y está perdida

y tampoco te tengo aquí en el más preciso instante de mi más débil soledad

¡lástima!

quizás la vida nunca nos junte,

pero me hubiese gustado que nos entregáramos algo más que sanos ratos

de esparcimiento y deleite visual de todos los paisajes que alguna vez nos habitaron,

pero por aquello del terrible juego de las equivocaciones,

creo haber errado de alguna manera y quizás no fuese yo la que erró, 

o quizás simplemente erramos las dos y nos cuesta el reconocerlo.

Pero también por aquello de ser una mujer siempre creyendo en sueños y utopías

no descarto la posibilidad de que alguna historia pueda ser posible entre tú y yo, soy una extensa mujer mirando al futuro, recuerdas…

por ello y solo por ello,

no pierdo mi fe y la certeza de encontrarnos sometime, en un puerto seguro

donde la felicidad y la entrega puedan convertirse en mi mejor poema,

allí en ese preciso instante del reencuentro

donde todas las palabras habrán sido pronunciadas y en medio del silencio gravitante

solo escuches de repente la canción más hermosa que jamás hayas escuchado palpitar al ritmo de tu corazón

Espero, Elizabeth, espero…

soy una eterna mujer enamorada y triste aguardando la hora del reencuentro.


Mínimos naufragios

 

“Ella deformó su ser en el encuentro
y yo,
entregué mi vida en el adiós”

Miguel Oscar Menassa

 

“¿Adonde iremos a parar sin rostros?
¿En qué valle, en qué prado se perdieron
las luces de la ciudad?”

Rafael Acosta de Arriba

  

Estas muertes mías son tus propias muertes sin que lo notes aún.

Estas muertes mínimas parten hoy desde un puerto abandonado,

donde ayer anclaba yo mis sueños más bellos

de mujer enamorada

de músico y poeta.

Estas muertes mínimas parten hoy hacia un abismo nunca antes avizorado,

llevan consigo penurias,

viejas súplicas sin rumbo que me nombran tu decepción,

esa que tanto evité, pero que finalmente se avino a mí, irremediablemente

por el cúmulo de tus poses parcas repetidas.

Las muertes mínimas parten hoy desde un puerto abandonado

donde alguna vez se conjugaron sueños, versos

y algún que otro amanecer.

Tras los muros del abismo huelen a insectos tus besos,

pero no temas, no,

no son plagas fugitivas,

saben bien cuanto pierden, —lo que han perdido por siempre—;

y parece no importarles siquiera lo figurativo de este adiós de altamar.

Algunos recuerdos han apostado sus harapos;

otros, los más inteligentes, se aferran a la única tabla que quedó del terrible naufragio,

cual aprendices de oficios carnales,

intentan el renacimiento de un amor que selló con un suspiro toda su utopía posible

y claudicó cuando menos lo esperaba;

los otros, los más optimistas, los recuerdos que siempre serán recurrencias atemporales

marchan con sus vivencias,

su pedazo de isla infinita,

como una simple sinfonía que inunda la memoria toda

intentando acontecer la próxima estación,

porque sabe que amén de todos los desaciertos

la tierra continúa hambrienta de sueños y utopías.

No culpo al amor,

ni al mal tiempo,

ni a todas las tempestades que desataron nuestro encuentro;

tampoco a las distancias entre los puertos que bien pudieron agotar toda ilusión.

No te culpo siquiera a ti, eterna mujer de mis días más prístinos

porque a pesar del terrible naufragio mi nave zarpó rumbo a tu puerto

una tarde cualquiera cuando menos te esperaba

y aconteciste con la prisa de la eterna juventud,

sedienta de amores,

de versos

y alguna que otra maldición.

No te culpo de este adiós,

tampoco de los miedos al riesgo de los sueños,

los terribles y abundantes miedos al amor y sus retos más disímiles.

Tampoco me culpo en medio de esta pérdida de mi terrible decepción más inesperada.

Imposible sería nombrar quiénes o qué estamparon el límite de lo posible

o lo imposible,

de lo hasta aquí y no más allá.

Sería absurdo intentar buscar culpables en esta historia,

de poco valdría el intentarlo quizás,

menos ahora que tus palabras me saben a rancio

y cada te amo semeja la más fatua ficción nunca antes imaginada;

ya lo he dicho desde el comienzo de este intento de poema,

las muertes mínimas parten hoy desde un puerto abandonado

al más insospechado de todos los lugares del Universo creador,

tus besos huelen a insectos,

tus te quiero resuenan a lo lejos como tristes plegarias de náufragos en busca de salvación,

las muertes mínimas yacen en derredor intentando pequeños sueños

que nunca más serán porque han naufragado

mi amor y toda la utopía que de alguna manera le sostenía 

y le daba el merecido valor de un amor entre millones.

Ahora, te pregunto,

insospechada mujer que nunca supiste aprehender tanto sentimiento

¿qué harás con los restos de esta pasión acumulada que quebró todos los intentos

por abordar la luz sin que supieses cómo salvar

el tiempo,

las distancias,

los miedos,

el amor?

¿Qué harás ahora cuando descubras que estas muertes mías son tus propias muertes

y notes que a tu tiempo no acuden estos mis versos de amor por ti,

ya nunca más,

y cada timbre del teléfono te recuerde mis llamadas,

y veas que de repente, sin saberlo, has perdido mi rostro, mis palabras,

y han quedado vacías tus manos,

y tu corazón grite en medio del silencio sordo de la noche mi nombre

y su eco resuene por siempre en tus días to the end of times,

sin saber cómo vives o prosperas,

sin que puedas siquiera esgrimir un argumento merecedor de la escucha más austera

en medio de mi adiós?

Ya te lo he dicho hoy como nunca,

te repito, no sin dolor,

las muertes más mínimas parten precisamente ahora desde ese puerto abandonado

que fue el sitio exacto, el puerto más seguro, donde alguna vez quise yo,—por ti—

anclar a tu vida toda, mi inmenso amor.

 


* Noris Arlena: Poeta, escritora, pintora y artesana. Nació en Pinar del Río, en 1972. Museóloga. Especialista en Sistemas de Inventario. Graduada de Sistemas de Informática, Arquitectura y Licenciatura en Estudios Socioculturales. Miembro de la AHS, de la UNHIC, del Club RFI y la RAE. Ha  realizado varias publicaciones, entre las que se destacan Santuario Interior, Fragmento Vigílicos, bajo el sello editorial Hermanos Loynaz, de la provincia de Pinar del Río. Ha publicado artículos en la Revista Arpón de la UNEAC y poemas en el Suplemento Cultural Pasos del periódico Guerrillero y en revistas de Santa Clara y Cienfuegos.  

 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.