La Habana. Año IX.
26 de MARZO
al 1 de ABRIL de 2011

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La marca indeleble de Edesio Alejandro
Pedro de la Hoz • La Habana
Foto: Cortesía de Gerardo Chijona

No es exagerado afirmar que la progresión dramática del filme de Gerardo Chijona Boleto al paraíso cuenta entre sus apoyos sustanciales con la banda sonora concebida por Edesio Alejandro.

Alguien pudiera pensar a priori que en esta oportunidad, tratándose de una película en la que los protagonistas son jóvenes de los años 90 y de un compositor que en el territorio del rock, con derivaciones hacia el hip hop, ha logrado altos valores (verbigracia, los discos Orishas Dream, Cubatronix  y Black Angel), la elección de Edesio hubiera confirmado ese dominio.

Obviamente, la estética roquera se hace evidente en la sonorización del filme, pero no es la marca predominante. Ni siquiera la práctica recurrente entre los compositores de música para el cine de establecer correspondencias temáticas con los personajes. La marca de Edesio se hace audible en la sucesión de atmósferas a partir de densidades tímbricas diversas y el aire ajustado al tempo de la narración.

En tal sentido, Edesio Alejandro es fiel a una máxima expresada por Leo Brouwer, maestro y pionero en la creación de bandas sonoras para la cinematografía cubana posterior a 1959 cuando al fijar las relaciones entre su oficio y el de montar películas dijo: “Componer es editar; editar es componer”.

Con Boleto al paraíso, Edesio conjuga una decantada manera de hacer música con la funcionalidad exigida por las implicaciones de la trama. Justo lo que Chijona le ha pedido, aunque el compositor sacrifique por momentos el desarrollo de determinadas ideas musicales. Este no es el caso del que se tuvo que enfrentar con Suite Habana, de Fernando Pérez, en el que la música (y los silencios) poseían una carga semántica mucho más acentuada debido a las características sui géneris de aquella narración documental, ni el de la secuencia final de Clandestinos, de este mismo director, donde le fue posible desplegar tanto en extensión, como en intensidad un motivo danzonero hasta alcanzar resonancias inusitadas.

A fin de cuentas, Edesio es consecuente y coherente al enfrentarse al mundo del cine. Por eso ha dicho: “Cada película es una historia diferente, al menos en las que yo he colaborado, realmente no se parecen. Te cuento algo, cada una me plantea una historia distinta, un concepto diferente, una manera distinta de enfocar la música. Me meto tanto en las historias que casi me hago parte de ellas. Antes de hacer la música de cada película la veo infinitas veces, 50, 60, 80 veces, hasta que la música sale sola. Te confieso que a veces tengo recuerdos que no sé si son de la vida real, que me han pasado a mí o son de las películas en que he trabajado. Esas historias me persiguen como si fuesen parte de mi vida. Te confieso que me encanta hacer música de cine, si no pudiese hacerla, moriría de tristeza”.

 
 
 
 


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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.