La Habana. Año IX.
26 de MARZO
al 1 de ABRIL de 2011

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dunia matos (Lidia)
Un regreso a la adolescencia
Celia Medina • La Habana
Fotos: Cortesía de Gerardo Chijona


Ignorancia y juventud definen a Lidia, personaje de Boleto al paraíso, la más reciente entrega cinematográfica de Gerardo Chijona. Pero antes de escuchar música de los primeros años de la década de los 90, etapa en que se desarrolla el filme, y revivir a través de entrevistas y películas aquellos tiempos que apenas recuerda, la joven Dunia Matos, Lidia en las más de dos horas de la cinta, comenzó relatando a La Jiribilla su experiencia durante el extenso casting de la película...

“La preparación de la película fue un proceso de un año aproximadamente. En ese período se fueron eliminando candidatos porque eran más de mil personas presentándonos al casting, hasta que fueron elegidos 20 muchachos que fueron llevados a un taller. Chijona buscó al director de teatro Carlos Díaz y escogieron las escenas de la película. Fueron probándonos en cada uno de los personajes a ver quién se sentía más cómodo con uno u otro. Fue un proceso muy estresante porque se paraban las escenas y los directores se reunían, para nosotros era un momento decisivo: podían eliminar a cualquiera de los que estábamos allí. Al final quedamos los seis personajes que hacían falta.”

¿Qué características tiene tu personaje? ¿Cómo fue el proceso de identificación con Lidia?

Al principio me probaron en el personaje protagónico, Eunice; pero después hice varias escenas de otro personaje, Lidia. En un inicio quería hacer el protagónico; pero cuando descubrí a Lidia me sentí mucho más identificada con ella: el personaje era muy fuerte, muy complejo, con desamparo familiar. Lidia cree mucho en la amistad, y por sus amigos va hasta el final, aunque todos vayan camino al barranco. Es un personaje muy negativo; pero con muchos valores humanos, a pesar de no saber diferenciar con claridad lo que está bien de lo que está mal. Tiene mucha ignorancia. También es muy joven, apenas 17 años, y cuando hice la película tenía 21, tuve que regresar a mi adolescencia y comportarme con esa inmadurez característica, sin saber cómo enfrentar la vida o lo que estás haciendo, porque Lidia no tiene una familia que la apoye, que le diga: Mira, esto no está bien… Son jóvenes totalmente desamparados, y las consecuencias se ven muy bien al final de la película.

¿Y la relación con actores tan experimentados de la pantalla cubana?

Este fue mi primer trabajo en el cine, un medio tan lindo pero tan complicado. Anteriormente había trabajado en televisión y teatro; pero el cine es totalmente distinto a todo lo demás: es la pura actuación, tienes que sentirlo todo de verdad. Nos sentíamos un poco intimidados por trabajar con actores tan buenos y conocidos, que tienen una tremenda trayectoria. Y nosotros éramos novatos en el cine. Pero mientras mejor es el actor con el que estás trabajando, más seguro te sientes y más real parece la situación que está ocurriendo en el set. Por poner un ejemplo, Albertico Pujol me ayudó muchísimo, desde el principio me inspiró una tremenda seguridad, muchas de las escenas que hicimos juntos fueron improvisadas. Albertico es un actor que propone muchísimo y yo tenía que seguirle la cuerda, no podía decir: ¡Corten! No me sale. Tenía que seguir la onda desde el personaje y eso me hizo sentir más cerca de Lidia. En escenas con Molina él improvisó muchas cosas, y eso es muy rico: hay pautas que uno tiene que respetar, pero cuando otro actor te da cosas nuevas, la escena es más fresca. Todo esto nos ayudó muchísimo, porque improvisar en el cine, que era nuevo para nosotros, nos dio más seguridad.

Trabajar con actores tan buenos, que te dan el personaje en cuanto empiezas a grabar, es una experiencia increíble. Además, hubo muy buena química tanto entre los actores jóvenes, como nosotros y los más reconocidos. Eso es muy difícil de encontrar, pero excelente para que el trabajo fluya bien.

También eras muy joven en el período en que se desarrolla Boleto al paraíso

Cuando recibí el guion de la película y vi que era en 1993, lo primero que pensé fue en lo joven que era en esa etapa, apenas recuerdo la época y tuvimos que recurrir a mucha investigación para poblar al personaje y las situaciones, porque actuar en un momento en que no conoces o no recuerdas muy bien de tu vida, es muy complicado. Tuvimos que ver películas de ese tiempo y conversar con muchas personas que vivieron esos años. Pero investigar no solo sobre el período especial y la etapa en general, sino también sobre lo que era ser friqui en ese entonces, que no es lo mismo que serlo en 2011: los comportamientos son distintos, la música también. Escuché muchísima música de esa época que al final no iba a ser un elemento importante para la película, pero a mí como actriz me ayudó a construir un personaje más creíble.

Además Chijona, que tiene mucha experiencia, nos guió muy bien en este proceso: nos dio muchos consejos, nos prestó mucho material de películas y entrevistas para estudiar… Fue fundamental el papel de Chijona con nosotros, porque él sí vivió esa época, nosotros no: éramos muy jóvenes.

¿Gerardo Chijona como director?

Gerardo Chijona es muy talentoso, tiene una larga trayectoria en el cine… fue buenísima la experiencia porque es un director muy exigente, puede llegar a ser duro, y decirte: Esto no me gusta, investiga, busca… y eso es muy bueno, porque mientras más te exigen, más tú quieres dar, y menos quieres que te regañen. Me dio mucha seguridad porque Chijona llegaba al plató, y ya sabía lo que quería, cómo orientarnos. Además es un hombre duro, pero flexible. Es un director que había trabajado siempre con actores conocidos, y de pronto buscó gente nueva, que no tiene fama, que está empezando, contó con nosotros, y le agradezco muchísimo el personaje. En fin fue muy buena la experiencia.

 
 
 
 


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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.