|
 |
Según Adrián de Souza,
para los yorubas,
conciencia significa
“testimonio del
corazón”. Así pudimos
adivinarlo, como clave
profunda de las dos
noches de gracia
transcurridas al
conmemorarse el
centenario de la
fundación del barrio
Pogolotti, el primer
conglomerado obrero
creado en América
Latina. Descendientes de
fundadores y vecinos de
fecha más recientes,
reunidos por centenares
en espacios abiertos
asistieron, testigos y
participantes, a la
presentación del
documental Mi
Pogolotti querido,
de la realizadora
italiana Enrica Viola y
al
concierto ofrecido
por el trovador Silvio
Rodríguez y el pianista
Frank Fernández. Y
fueron jóvenes quienes
portaron una pancarta de
modesta factura casera
con el mensaje al
cantautor que expresaba
el sentir plurigeneracional de una
comunidad humilde,
muchas veces
discriminada que
reafirmaba, en veladas
irrepetibles, su
dignidad, su orgulloso
sentido de pertenencia a
un lugar, a una
historia, a una cultura
y a la nación toda.
Actuante como fuerza
cohesionadora, la
memoria viva procedía de
los numerosos y diversos
relatos atesorados en el
corazón más que de las
enseñanzas formalizadas
en discursos
aleccionadores.
Desde hace más de un
lustro, algunos
estudiosos italianos
comenzaron a acercarse
desprejuiciadamente al
barrio. Indagaron
primero sobre su diseño
urbano y, en tanto
antropólogos, exploraron
sus creencias y su
imaginario. Ese diálogo
inicial empezó a remover
la memoria adormecida.
En lo más profundo, se
reanimaron las fuentes
vivas de una historia
concreta. Luego, un
grupo de teatristas
escribió un texto,
representado bajo la
ceiba protectora en el
parque Finlay, allí
donde en caseta cedida
por mi abuelo se llevó a
cabo la comprobación
definitiva de la validez
de la tesis sobre la
transmisión de la fiebre
amarilla, formulada por
el sabio cubano. Más
tarde, llegaron los
cineastas. Sin
apresuramientos, en
prolongadas jornadas de
trabajo bajo un calor
infernal, conversaron
con lo pobladores y
buscaron las coordenadas
históricas necesarias.
Un arduo trabajo de
selección condujo a un
discurso fílmico que
destaca la clara noción
de historicidad y un
existir solidario de
puertas abiertas,
integrador de saberes,
tradiciones, compartidos
por el mecánico que
repara carros antiguos,
el escritor radial, el
pintor, la maestra, la
santera, el músico de
fama, los hijos de
fundadores y los que
fueron llegando después.
Ayer informantes de
Lidia Cabrera,
avecindada en los
linderos del barrio,
junto a la Calzada Real
de Marianao, en la
antigua finca San José,
hoy lo son de su propia
memoria, con lo cual se
produce una operación de
autorreconocimiento y
autoafirmación. Los han
acompañado, en ejercicio
concreto de solidaridad
cristiana, el
Reverendo Raúl Suárez
y el Centro Memorial
Martin Luther King. Para
los menesteres de la
cotidianidad, interviene
el grupo de
transformación de la
comunidad, vía de
expresión de intereses
populares y de los
líderes naturales de la
comunidad.
|
 |
La memoria es una forma
particular de
acumulación de saber. En
ella, la información se
procesa, selecciona y
descarta a través de la
zona sensible del ser.
Preserva y transmite
valores y define una
cosmovisión que integra
paulatinamente las
señales venidas del
mundo exterior. Barrio
obrero en su origen,
Pogolotti surgió en los
estratos más pobres, en
su mayoría también
marginados por el color
de la piel en una época
de tiburones que
salpicaban a sus
incondicionales,
colocados todos de
espaldas a los reclamos
genuinos de la sociedad.
Generales y Doctores se
valieron del recuerdo
vivo de la recién
finalizada guerra de
independencia. Por eso,
se inauguró un 24 de
febrero. Pero aquellos
sueños no fueron
borrados. Alimentaron fe
y esperanza, esas
virtudes teologales del
cristianismo, aunque
siguieran encontrando en
las ofrendas situadas al
pie de la ceiba y en la
fidelidad a los rituales
llegados de África, una
base de cohesión social.
Su fuerza y su capacidad
de resistencia se
fundamentan en una
cultura fuertemente
arraigada y asumida con
todo el orgullo legítimo
que merece.
Y, sin embargo,
Pogolotti no es un gueto
aislado de su contexto,
hundido en un pasado
memorioso. Su historia
está hecha también de un
presente revolucionario.
Con lo que preserva del
hoy y del ayer, puede
establecer un diálogo
íntimo con el canto de Silvio, con su música
elaborada a partir de
otras fuentes, con su
palabra crecida en otras
raíces de la poesía. Así
en una noche memorable,
desde muy adentro,
convergieron todas las
generaciones y los más
diversos componentes del
ser cubano. Jóvenes y
viejos reconocían, desde
los primeros acordes, un
cancionero devenido ya
clásico.
|
 |
La política es arte
delicadísimo. Pasa por
la cultura, entendido el
término en su sentido
antropológico. Nace de
la capacidad de escuchar
y de relacionarse a
través de un diálogo
respetuoso, forjado en
la cultura de la que
somos portadores y en la
que nos autorreconocemos.
Su calidad más alta se
produce en un acto de
comunión de cada uno con
todos. Es lo que ocurrió
en el concierto de
Silvio en Pogolotti,
cuando se estaba
pariendo un corazón. |