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La
Feria Internacional
del Libro de Cuba es
sistemáticamente
silenciada por los
grandes medios de
comunicación. Catalogada
en múltiples ocasiones
como el evento cultural
más importante del país,
la Feria recorre la Isla
de extremo a extremo, y
millones de personas se
acercan a las diversas
propuestas que las
editoriales —cubanas y
extranjeras— les
ofrecen. Escritores e
intelectuales de todo el
mundo visitan nuestro
país por esos días para
presentar sus textos o
participar en debates
literarios,
historiográficos, sobre
el mundo editorial y sus
relaciones con el
mercado, etc. La Feria
se extiende por diez
días en sus jornadas
habaneras y durante casi
un mes en su periplo por
todo el país. El lector
no avezado en la
conformación de las
agendas temáticas de los
grandes medios de
comunicación podría
pensar que un evento de
tal magnitud generaría
inevitablemente un
aluvión de noticias,
pero nada más alejado de
la realidad.
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Como cada año, al
realizar una pesquisa en
Internet utilizando
diferentes motores de
búsqueda (google, yahoo,
etc.) se evidencia que
la inmensa mayoría de
las referencias sobre la
Feria —incluyendo los
eventos específicos que
en ella se realizan—
aparecen en los sitios
web cubanos y en algunos
medios como Telesur y
Radio Nacional de
Venezuela. En otros
espacios informativos
apenas se han publicado
algunos textos de
promoción como el
aparecido en El
Informador de México
donde se anuncia que la
“Feria del Libro de Cuba
incluirá dos mil 400
títulos”, el artículo de
Pueblo en línea
donde se cuenta que
“Editoriales rusas
donarán textos a
instituciones cubanas” o
la Agencia de Prensa
angolana, que reseña la
visita de la Ministra de
Cultura de ese país a la
Isla. Exceptuando casos
contados como esos, la
postura de los medios
internacionales ha sido,
en su gran mayoría, el
silencio.
Cuando no han guardado
silencio, los mass
media han utilizado
otra clave para
referirse a las
presentaciones que en la
Feria han tenido lugar:
la manipulación. Tomemos
por ejemplo el caso
paradigmático de la
presentación de la más
reciente novela de
Leonardo Padura, El
hombre que amaba los
perros. El texto
gira en torno al
asesinato del
intelectual y dirigente
de la Revolución Rusa,
León Trotsky y la
historia de Ramón
Mercader, el español
encargado de su muerte,
fallecido en La Habana
en 1978.
El libro de Padura fue
presentado por los
intelectuales cubanos
Reynaldo González,
Premio Nacional de
Literatura, y Raúl Roa
Kourí, en la sala
Nicolás Guillén, que
además de ser la más
grande que posee el
recinto ferial de La
Cabaña, la prestigia el
nombre de nuestro Poeta
Nacional; sin embargo,
quien leyese las notas
publicadas por las
diferentes agencias de
prensa extranjeras
creería que la
presentación de
El hombre que amaba los
perros
habría transcurrido casi
en la clandestinidad. La
selección intencionada
de fragmentos de las
declaraciones del autor
hacía parecer censurado
a un libro con una
tirada de cuatro mil
ejemplares, aparecido
bajo el sello de una
casa editora de
reconocido prestigio. En
el intercambio con sus
lectores, el propio Padura calificó a este
texto como
“profundamente cubano”.
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Pero no solo se
manipularon los
comentarios del autor de
la saga de Mario Conde
en la presentación de
El hombre que amaba los
perros,
también se
descontextualizó el
sentido de las palabras
de Reynaldo González,
quien se confesó hijo de
comunistas y expresó que
muchos viejos luchadores
por el comunismo nunca
supieron las esencias
del estalinismo. La
selección de fragmentos
publicados por ANSA
trastocaba la
temporalidad de sus
referencias y hacía
parecer actual una
alusión referida al
pasado.
Una entrevista con
Padura aparecida en
El País de España
unos días antes del
inicio de la Feria, se
colocó en múltiples
medios gracias a un
título tendenciosamente
seleccionado (“Cuba se
merece vivir mejor”) y
abrió el camino a esta
cobertura tan
parcializada. Sin
embargo en la entrevista
el escritor habla de sus
proyectos como creador y
apoya el proceso de
transformaciones que
está asumiendo la Isla.
Publicada en 2009 en
España, la novela del
reconocido escritor y
periodista cubano vio la
luz en esta Feria bajo
el sello de la Editorial
Unión, de la Unión de
Escritores y Artistas de
Cuba
(UNEAC). La
razón por la cual existe
una diferencia tan
grande entre la
aparición de una y otra
edición, la daba el autor
en una entrevista para
el periódico español
El País: “La demora
solo ha sido por razones
técnicas y económicas.
Primero porque Tusquets,
mi editorial, cede
gratuitamente los
derechos a Ediciones
Unión, en La Habana,
para que haga una tirada
en pesos que resulte
asequible a los lectores
cubanos. Pero Tusquets
siempre le pide más o
menos un año de plazo a
Unión para hacer esa
edición. Luego, cuando
ya todo parecía listo
para que el libro
saliera en agosto, se
acabó el papel. Así,
como le digo, se acabó
el papel... No se pudo
hacer la tirada hasta
finales del año pasado,
y ya montados en esa
fecha decidimos
guardarlo para la Feria
del Libro”. Quienes
habían querido encontrar
otras explicaciones a la
demora, encuentran el
desmentido en boca del
propio Padura.
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Cuando de Cuba se trata,
los grandes medios —ya
se sabe— parcializan,
manipulan. Los ejemplos
sobran, basta con un
análisis somero de las
publicaciones en
Internet para
percatarse. La
desinformación constante
es sufrida por los
públicos de esos
consorcios en relación
con la educación, la
salud, la seguridad
social, las conquistas
laborales, es decir, con
cada área donde el
trabajo en la Isla ha
tenido resultados
positivos. La Feria del
Libro, como la cultura
cubana en general, no
escapa de ello, es otra
víctima tradicional del
silencio mediático. Un
viejo slogan del
periodismo rezaba: no
existe lo que en los
medios no aparece. El
silencio sobre las
acciones que la Isla
habitualmente emprende,
lo desmiente. |