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Durante más de una
década los científicos
lo habían advertido. Sin
embargo, algunos países
optaron por ignorar los
estudios que avizoraban
lo que ocurriría en
2011; mientras, otros
demoraron en prepararse
para lo que ya resulta
inevitable: las
direcciones del
protocolo de Internet,
conocido por sus siglas
IPv4, están casi
agotadas. En muchas
partes del mundo, se ha
levantado la voz de
alarma y los proveedores
apresuran la transición
hacia lo que se espera
sea el futuro de las
redes, el IPv6.
El IPv4 funcionó durante
un largo período de
tiempo. Cada dispositivo
que se conectaba a
Internet recibía un
número decimal, separado
por puntos —por ejemplo,
200.45.31.94— y este
funcionaba como su
identificador en la red.
Imaginemos que esta es
la dirección particular
de una persona que envía
una carta por el sistema
postal tradicional.
Mediante la secuencia se
conocerá el sitio exacto
desde el que parten los
paquetes de datos y
también hacia dónde se
dirigen.
Cada parte de la
dirección se sitúa entre
el cero y el 255, por lo
que el máximo de
combinaciones posibles,
a principios del siglo
XXI, parecía imposible
de alcanzar; pero la
realidad ha sido otra y
de las 4.294.967.296
direcciones que ofrece
el IPv4 quedan muy pocas
sin utilizar.
Los números del IPv4 han
disminuido
aceleradamente por una
sencilla razón:
aumentaron los
dispositivos conectados
a Internet.
Computadoras, tabletas,
móviles y hasta
refrigeradores necesitan
de una dirección única
para poder comunicarse
en un mundo cada vez más
interconectado.
La Corporación de
Internet para la
asignación de nombres y
números (ICANN, por sus
siglas en inglés), con
el objetivo de
garantizar mejor la
distribución equitativa
de números IP, dividió
al planeta en cinco
regiones: América del
Norte (ARIN), América
Latina y el Caribe (LACNIC),
Europa, Asia Central,
Oriente Medio (RIPE),
Asia Pacífico (APNIC) y
África (AfriNIC).
Asia Pacífico solicitó a
la ICANN los dos últimos
bloques disponibles de
IP—compuestos por
millones de
direcciones—, pues en
esa zona del planeta,
con China a la cabeza,
ha crecido enormemente
la cifra de personas y
dispositivos que navegan
por la web. Solo quedan
los cinco bloques IP de
“reserva” que, de
acuerdo con las
legislaciones,
pertenecen a las
regiones.
Después de APNIC, la
siguiente zona que
acabaría con sus
posibilidades de IP
sería América del Norte;
mientras, en África y
América Latina el
agotamiento de
direcciones demorará
mucho más porque la
brecha digital afecta
con una mayor fuerza a
esos sitios; aunque
inevitablemente también
ocurrirá.
Ante esta apremiante
situación, el paso hacia
el IPv6 probablemente
sea mucho más rápido de
lo que se preveía apenas
un lustro atrás. Los
científicos reconocen al
IPv6 como un nuevo
comienzo en Internet que
aseguraría la
continuidad de la red
por varias décadas más.
El IPv6 expande la
cantidad de direcciones
IP disponibles hasta la
impresionante cifra de
340 con 36 ceros a la
derecha, porque en lugar
de emplear números de 32
bits, emplea los de 128
bites. Esto permitiría
cubrir ampliamente la
demanda mundial futura
de IP.
Para los internautas, la
modificación de
protocolos no
significará una
variación muy notable;
aunque sí obligaría al
cambio de módems —en
aquellos dispositivos
que todavía los
utilizan—, sobre todo en
los modelos más antiguos
que no estén preparados
para soportar la
conexión a Internet con
el IPv6. Por tanto,
habría alguna afectación
económica entre los
usuarios. El tema
financiero sí preocupa a
las empresas
administradoras de red
porque tendrían que
adquirir nuevos equipos
—especialmente “routers”,
con precios muy altos—
que posibiliten trabajar
con ambas tecnologías,
pues la desaparición del
IPv4 será gradual y
tardará algún tiempo en
completarse.
Cuba lleva varios años
preparándose para la
transición hacia el IPv6,
mediante el esfuerzo de
un grupo de
investigadores (http://www.6ip.cu
y
http://www.cu.ipv6tf.org),
quienes han propuesto
acciones para garantizar
la introducción del
protocolo en las redes
telemáticas, sistemas
informáticos y
aplicaciones de
software. Los
especialistas cubanos
han participado en
múltiples reuniones de
LACNIC, donde se ha
discutido el tema del
nuevo protocolo y ya
existen en el país redes
trabajando sobre el IPv6,
aunque de forma
experimental.
La transición hacia el
IPv6 es indetenible; sin
embargo, los problemas
económicos y la falta de
especialistas median en
los avances de aquellos
países con menos
recursos. No es una
coincidencia que en
LACNIC y, especialmente,
en AfriNIC la
implementación del nuevo
protocolo de Internet
tarde más que en otras
regiones. En esos
sitios quedan todavía
millones de IP
disponibles — ¿se
comercializarán en un
futuro no lejano?— y
quizá también falte el
compromiso gubernamental
para entender que la
brecha digital va mucho
más allá del número de
computadoras,
dispositivos móviles y
velocidad de descarga de
datos por Internet que
tengan los ciudadanos. |