|
El Buró Federal de
Investigaciones (FBI),
por sus siglas en
inglés, se movilizó esta
tarde para investigar el
alegato de Gilberto
Abascal, quien aseguró
que el abogado de Luis
Posada Carriles está
hostigando a su familia,
a sus amigos y a él.
Abascal es uno de los
testigos principales en
el caso. Testificó que
Posada Carriles le
mintió al Departamento
de Justicia y al
Departamento de
Seguridad en el 2005 y
2006, al decir que había
ingresado a los Estados
Unidos por la frontera
con México, cerca de la
ciudad de Matamoros, en
una camioneta con la
ayuda de un coyote.
Abascal sostiene que
Posada Carriles
desembarcó en Miami
después de una travesía
en un barco llamado el
Santrina.
|
La Jueza
Kathleen Cardone |

EL DRAMA
El drama de esta tarde
se veía venir. La sala
del tribunal está
ubicada al final de un
largo y ancho pasillo
que comienza en la
salida de los
ascensores. Caminando
por ese pasillo podía
ver a Abascal, con su
traje gris abotonado y
apretado, que esperaba
en una solitaria silla
de madera. Nadie estaba
a su alrededor. Lo noté
muy perturbado. Para
entrar en la sala, tuve
que pasar cerquita de
él. Me miró y le vi los
ojos. Era evidente que
había estado llorando.
Está prohibido
conversar con los
testigos y no me detuve.
Abrí la puerta y entré
en la sala judicial.
El secretario del
tribunal tocó el mazo
tres veces para anunciar
la entrada de la Jueza
Kathleen Cardone. Ella
preguntó si los abogados
tenían algún asunto
preliminar antes de
avisarle a los
integrantes del jurado
que pasen y se sienten.
En eso, se paró el
fiscal principal del
caso, Timothy J.
Reardon, y lentamente se
le acercó al podio.
Reardon padece de una
cojera al caminar y usa
un bastón de madera.
Había sido jugador de
fútbol en la universidad
de Carolina del Norte y
se lesionó hace décadas.
“Su Señoría, el testigo
está llorando”, le dijo
Reardon a la jueza, “y
le pido a la Corte que
le instruya como
comportarse ante el
tribunal”. A Reardon le
preocupa que Abascal no
pueda continuar, porque
su testimonio es clave
para algunos de los
cargos de perjurio
contra Posada
Carriles. Inmediatamente,
la Jueza Cardone pidió
que trajeran a Gilberto
Abascal. El entró con
los ojos muy rojos, la
cabeza baja y los
hombros caídos. Se
sentó en el banco de los
testigos y la jueza le
dijo: “Sr. Abascal, me
parece que usted está
perturbado. ¿Me quiere
explicar qué le
pasa?” ”Arturo Hernández
se está metiendo con mi
ex mujer y ella me llamó
para decirme que debido
al hostigamiento, no
quiere tener nada que
ver conmigo”, le dijo
Abascal a la Jueza
Kathleen Cardone antes
de que convocaran al
jurado.
“Se ha metido con mi
familia. El Señor
Hernández envió un
investigador a mi casa
para robarse unas fotos
de mi ex esposa. Yo no
he acosado a su familia,
pero él ha acosado a la
mía”, explicó el
testigo. La preocupación
de la jueza en ese
momento también era que
Abascal no pudiera
seguir testificando,
porque eso pondrían en
jaque la viabilidad del
juicio contra Posada
Carriles. Le explicó a
Abascal que el abogado
de Posada Carriles tiene
el derecho de hacer todo
lo que pueda para
defender a su cliente.
Con la voz entrecortada
de la emoción, Abascal
respondió: “Me voy a
defender. Ellos están
tratando de intimidar a
la gente. Se disfrazan
de agentes federales
para intimidar a mi
esposa y a mis
amigos”. Hernández
pidió responder a las
acusaciones de Abascal,
pero explicó que
prefería hacerlo en
privado. No quería que
Abascal escuchara su
respuesta. La jueza
pidió que se acercara al
banco judicial para
susurrar su respuesta.
También se le acercaron
dos de los fiscales:
Timothy J. Reardon y
Jerome Teresinski.
SIDEBARS
Una escena surrealista.
La jueza inclinada
desde la cintura,
escuchando a un agitado
Hernández suplicar
inocencia. Para que los
testigos y los
observadores no puedan
escuchar esas
conversaciones privadas
(llamadas en inglés,
sidebars)
entre un juez y los
abogados, los tribunales
utilizan un silenciador.
Usualmente el traqueteo
del silenciador es
suficiente para
amortiguar el sonido de
las voces, pero esta vez
escuchamos la agitado
voz de Arturo Hernández
exclamar
estridentemente: “Soy un
abogado. No tengo nada
que ver con ese tipo.
No he hecho nada, salvo
enviar citaciones
judiciales”. El resto
de la convulsiva réplica
se extravió con el ruido
del aparato.
Concluido el
sidebar, la
jueza apagó el
silenciador y le dijo a
Abascal que le estaba
instruyendo al FBI que
se comunicara con él y
con su familia para
iniciar una
investigación, pero que
no podía mezclar ese
asunto con el caso
pendiente en el cual
está testificando.
Abascal no estaba
satisfecho con eso.
”Quiero que usted logre
que Arturo Hernández me
devuelva las fotos que
me ha robado de la
casa”, exclamó. Para
que se calmaran los
ánimos, la jueza anunció
un receso de diez
minutos y el fiscal
Teresinski salió con
Abascal para tratar de
tranquilizarlo antes de
que resumiera el
contra-interrogatorio de
Arturo Hernández.
Quizás porque no
entendió lo que estaba
sucediendo, Posada se
levantó de su asiento
para hacerle preguntas a
su abogado. No se podía
escuchar el intercambio,
porque ambos conversaban
casi en susurros.
Hernández le habló algo
al oído a su cliente.
Posada reaccionó con
estridencia: “¡Quién
pudiera creer que Arturo
Hernández es capaz de
estas cosas! Tú eres un
abogado de prestigio.
Imagínate, unas fotos…
ja ja ja”. Su voz se
escuchó en claro español
desde la primera fila
donde estaba yo sentado.
SE REINICIA LA SESIÓN
Diez minutos después del
receso, volvimos a
escuchar los tres toques
del mazo que anunciaban
la entrada de la Jueza
Cardone al Tribunal.
Abascal regresó, pero
no sabíamos en qué
condiciones. Teresinski
detrás de él. Antes de
sentarse, el fiscal echó
una boconada de aire que
le salió del alma. La
tensión en la corte
estaba a flor de piel.
Convocado el jurado a la
sala, Hernández inició
nuevamente su
contra-interrogatorio
sobre los expedientes
médicos de Abascal. Lo
interrogó sobre sus
supuestas alucinaciones
comando. Estas
alucinaciones se
caracterizan porque la
persona oye voces o
sonidos que no existen.
A veces obligan a una
persona a hacer algo que
normalmente no haría.
”¿Usted sufre de
alucinaciones comando?”,
le preguntó Hernández al
aún agitado testigo.
”No”, respondió
Abascal. ”¿Usted se
siente perseguido?”.
”Sí”, le respondió
Abascal, “por usted”.
Igual que había hecho
ayer por la tarde, poco
antes de la conclusión
de la audiencia,
Hernández le pidió a la
jueza que anulara el
proceso contra
Luis Posada Carriles.
Es la tercera vez que
el abogado defensor hace
esta petición. La jueza
despidió otra vez al
jurado y al testigo para
poder
escuchar libremente la
petición del abogado
Hernández. “No he hecho
nada malo”, dijo el
abogado. ”He
investigado este caso y
he empleado a
investigadores para
hacerlo. Le he
presentado citatorios a
ciertas personas para
que vengan a testificar
en corte”. Hernández
trató de establecer
claramente su inocencia.
Es un delito federal,
una felonía, manipular a
un testigo. Las
sanciones son severas e
incluye hasta 20 años de
prisión.
“Es palpablemente falso
que yo violé la ley o
que yo haya entrado
furtivamente en su casa
para robarme 33 fotos”,
dijo. ”Mis
investigadores le
tomaron fotos y
obtuvieron declaraciones
de su ex esposa”,
enfatizó, “y desde el
2006 nadie relacionado
con mi oficina lo ha
vigilado”. ”Abascal
dijo ante el jurado que
yo lo estaba
persiguiendo”, se quejó
Hernández, “y ellos
pueden pensar que es
algo que yo haya hecho,
pero la idea esa de
Abascal se derriba con
su propia inestabilidad
mental”.
El abogado de Posada
Carriles le dijo a la
jueza que no está feliz
con lo que ha escuchado
el jurado y que los
fiscales no pueden
controlar a su propio
testigo. La jueza
pacientemente escuchó
los argumentos de Arturo
Hernández a favor de una
posible nulificación del
proceso contra Posada
Carriles, algo que si lo
concediera el tribunal
significaría que la
fiscalía tendría que
comenzar un nuevo caso y
todo lo que eso
representa en términos
de tiempo, abogados,
investigadores y dinero,
si quieren condenar a
Posada.
La jueza rechazó la
petición de Hernández,
por ahora. Explicó que
no existen suficientes
razones para pensar que
este jurado está
parcializado contra
Arturo Hernández o Luis
Posada Carriles, pese a
las acusaciones de
Gilberto Abascal. Le
recordó a Hernández que
la mayoría de las
declaraciones de Abascal
contra él las dijo sin
la presencia del jurado.
USTED SABE QUE ES VERDAD
Abascal ha estado
testificando
por cuatro días
consecutivos. Mástiempo
que se tardó el Santrina
en llegar a Miami desde
Isla Mujeres, con Posada
Carriles a bordo. Si
alguien le preguntara a
Abascal, estoy seguro
que diría que
estos cuatro días le han
parecido cuarenta.
Mañana continúa el caso,
pero Arturo Hernández
concluyó su
contra-interrogatorio
esta tarde. Machacó
sobre el hecho de que
Abascal le mintió
anteriormente al FBI, a
la contraloría y al
Departamento de Seguro
Social. Abascal asumió
responsabilidad por eso
y dijo que si tiene que
enfrentar un proceso
penal lo haría, pero
está diciendo la verdad
al declarar que el
Santrina recogió a
Posada Carriles en Isla
Mujeres y lo llevó hasta
Miami, con Santiago
Alvarez, Osvaldo Mitat,
Rubén López Castro y
Pepín Pujol. ”Usted sabe
que es verdad”, le
volvió a repetir al
abogado Hernández.
Finalmente, Abascal
contó que le había dicho
a Santiago Alvarez que
tenía mucho miedo. “Él
me dio una tarjeta y me
dijo que si tengo algúnproblema
legal puedo llamar a
Koffi Anan.” Creo que
quería decir Kendall
Coffey, un conocido
abogado penalista de
Miami, quien
anteriormente representó
a la parentela lejana
del niño Elián González
en Miami.
La audiencia concluyó
con la noticia de que
durante el curso del
testimonio de Gilberto
Abascal en El Paso, el
FBI se había comunicado
con su ex esposa en
Miami y que la oficina
local del FBI en la
ciudad floridana estaría
dispuesta a conversar
con él e investigar el
posible acoso que ha
sufrido.
Publicado en Cubadebate |