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Si mal no recuerdo fue
en octubre del 2005
cuando asistí en el
Museo de Arte Colonial,
en La Habana, a la
muestra “Jaime Valls,
sus primeros pasos”, la
que, en honor a la
verdad, no fue advertida
entonces como se
merecía. Asunto muy de
lamentar pues dedicada
al artista en el
aniversario 55 de su
muerte, el acercamiento
a su obra “necesita de
una revisión completa”,
como afirmó en las
palabras al catálogo el
reconocido especialista
en arte moderno Ramón
Vázquez.
Sin embargo, no es menos
cierto, que tal suceso
contribuyó al
redescubrimiento de este
creador injustamente
olvidado, apreciado como
uno de los iniciadores
del “vanguardismo” en
Cuba, y quien, al decir
de Ramón Vázquez: “vivió
intensamente su vida
personal y profesional;
fue testigo y
protagonista en tiempos
de transición, estuvo
atento a los cambios, a
veces vertiginosos, que
se sucedían a su
alrededor y trató de
ponerse a tono con ellos
sin dejar de ser él
mismo. En cierto
sentido, su obra total
es el reflejo de los
vaivenes de una
modernidad que fue
adoptando diversas caras
sucesivas”.
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Educado en la Barcelona
del Modernismo, Jaime
Valls (Tarragona,
España, 23 de febrero de
1883-La Habana, 31 de
octubre de 1955) llega a
La Habana a los 18 años
con su familia. Se
menciona como su primera
obra realizada en Cuba
(1904) el escudo de los
productos de jabonería
y perfumería de
Crusellas para la
exposición de Sant
Louis, EE.UU. No pasará
mucho tiempo para que el
escultor oriente su
quehacer “hacia el
periodismo gráfico, la
cartelística y,
finalmente, hacia la
naciente propaganda
ilustrada”.
Si bien en un principio
sus oficios como
dibujante son
concertados por diversas
agencias anunciadoras,
ya en 1908 crea su
propio buró “Propagandas
Artísticas Valls”, que
después cambiará el
nombre por “Estudios
Valls”. Lo cierto es que
muy pronto alcanzará el
éxito y la prosperidad
económica. Desde las
páginas del periódico
Cuba, un cronista lo
señala: “No hay una sola
revista ni un solo
diario capitalino en que
no figuren dibujos del
popular artista, sobre
todo, los que él titula
‘dibujos industriales’,
que son los que ilustran
anuncios”.
Pero lo esencial, sin
duda alguna, es que en
pleno proceso de
desarrollo, va
irrumpiendo un artista
más sólido, más
creativo, con una
personalidad distintiva.
Sus caricaturas, como
las de Manuel Sanguily,
Morúa Delgado y Juan
Gualberto Gómez, son
reconocidas por la
crítica y el público. Su
quehacer como cartelista
es premiado en el
Concurso de la Sociedad
de Fomento del Teatro
(1910) y en la
Exposición Nacional
Agricultura, Industria,
Artes y Labores de la
Mujer (1911).
Llama la atención, sin
embargo, que nacido
catalán, y además de
proseguir con sus
anuncios —“arte menor”
para algunos— y a los
que consagrará el
artista su mayor brío,
Valls es considerado por
contemporáneos suyos —
Emilio Roig de
Leuchsenring, Juan
Marinello y Jorge Mañach,
entre otros— “como un
precursor al introducir
el “afrocubanismo” en la
pintura”, como precisan
Argel Calcines y
Patricia Baroni en el
estimable artículo
“Pervivencia de Jaime
Valls”, (revista Opus
Habana, jul. /oct.
2007).
Así, por ejemplo, en
diciembre de 1927,
recién llegado el pintor
de París, Roig de
Leuchsenring publica en
la revista Social,
de la que era director
literario, su trabajo
“Un animador de tipos
afrocubanos”, donde
revela: “(…) es Jaime
Valls el primero de
nuestros artistas que ha
tomado la resolución,
que algunos calificarán
como heroica, de
consagrarse por completo
a hacer obra cubana,
escogiendo como motivos
y temas, tipos y
costumbres afrocubanos”.
Y llegará más lejos el
prestigioso intelectual
cuando en el mencionado
artículo se aventure a
reproducir y comentar el
dibujo “Ritmo de baile
afrocubano”: “En esta
negra desnuda bailando,
los detalles de su
cuerpo importan poco.
Sus caderas, sus pechos,
como tales, no le
interesan al artista;
solo tienen valor para
él en cuanto cimbrean
también como partes del
cuerpo, agitado, todo
convulso, lúbrico, por
la música afrocubana.
Aquí el ritmo lo es
todo. Y Valls lo ha
sabido expresar y
plasmar
maravillosamente”.
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"Ritmo de baile
afrocubano" |
Como se sabe, su
exposición personal
“Dibujos y costumbres
afro-cubanos”, —con
piezas como “La mulata y
el chulo” y “El negro de
los cubos”—, abierta al
público en marzo de 1930
en los salones de la
Asociación de la Prensa
de Cuba, fue muy
elogiada, pese a los
prejuicios raciales de
la época.
Ya en fase de decadencia
como publicista, hacia
1940 Jaime Valls,
aquejado del mal de
Parkinson, se retira de
la vida pública.
Acreditado como
propagandista gráfico,
lamentablemente hoy su
obra “de intencionalidad
netamente artística”,
que lo llevó a ser
distinguido por sus
contemporáneos como el
precursor del
afrocubanismo en la
pintura, no es muy
conocida. |