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Historia de Burros,
el conocidísimo
divertimento para juglar
y siete títeres, que
concibió el maestro René
Fernández Santana,
Premio Nacional de
Teatro 2007, surgió como
una escena integrada al
cuerpo dramatúrgico de
la obra El poeta y
Platero, escrita y
dirigida por el propio
René para su Teatro
Papalote, en 1993. La
vida de Historia…
como pieza autónoma, ya
palpitaba desde que
comenzó a representarse
el espectáculo inspirado
en el conocido libro de
Juan Ramón Jiménez, pues
siempre la escena del
titiritero ―como
originalmente se le
conoce a ese ingenioso
segmento escénico― se
destacó por contener un
brillo propio. El
resplandor dramático de
Historia…
exhibe una fábula
esencial. Ofrece el
merecido tributo a los
titiriteros trashumantes
que interpretaban a
partir de una pauta
narrativa ―que mucho
tienen que ver con la
estructura de los
cuentos clásicos― textos
completamente
improvisados. En esas
fábulas, siempre hay
fechorías de algún
tunante que enmendar.
Acciones intermedias
como prohibiciones,
mediaciones, combates,
auxilios, trueques,
hasta concluir con la
ansiada victoria o con
el matrimonio como
símbolo de felicidad.
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Historia de
burros, 2006.
Teatro de Las
Estaciones |
Historia de burros
se nutre de antiquísimas
leyendas orientales y,
más recientemente en el
tiempo, de el popular
texto para títeres
Las bodas del ratón
Pirulero, de Pepe
Carril. Pero ¿qué la ha
hecho constituirse, más
allá de influencias y de
su evidente sencillez,
en una historia modélica
del teatro titiritero de
nuestros días? Señalaría
una vez más su nivel de
síntesis, el cual nos
permite entenderlo todo
de un golpe, como un
cachiporrazo contundente
y explícito. Me gustaría
imaginar un vaso
comunicante de este
texto con otra exitosa
pieza de Fernández, un
argumento escrito en los
60 bajo el título La
amistad es la paz.
En esta breve historieta
observo características
similares a las de
Historia… Por
ejemplo, recorrió la
Isla de una punta a la
otra, presente en el
repertorio de diversos
grupos que reverenciaban
al teatro de figuras. Lo
que se narra es la
amistad entre una gata y
un perro, haciendo
alusión a la ineficacia
de las diferencias
sociales y raciales, al
valor contundente que
significan los
sentimientos de
solidaridad y de amor,
cuestiones presentes
también en Historia…
Si La amistad es la
paz es un
texto que se aviene
perfectamente al momento
en que la obra fue
concebida ―los tiempos
en que la Revolución
vivía sus primeras
conquistas y ponía sus
ilusiones y esperanzas
en un hombre mejor―,
Historia… nos habla
de esos mismos temas,
pero de una manera
intemporal. Lo que la
hace distinta, aunque
con similitudes de su
hermana anterior, es
entre otras cosas, la
añadidura de un
personaje antropomorfo
como Don Calderón a la
amorosa pareja zoomorfa
que conforman los
burritos Plata y Perla.
Don Calderón es primo
directo de Don Cristóbal
el andaluz, y de otros
héroes populares
tradicionales de guante
como Punch, Kasper y
Polichinela. Igual que
en las añejas fábulas,
el Don Calderón ideado
por René es más animal
que los asnos
protagonistas. Ironía
que enriquece la
historia, en
concordancia con el
espíritu universal de
los retablos, cuyos
relatos en prosa o en
verso, son alertas
llenas de humor y
sabiduría en las que los
animales y los hombres
mutan sus
características.
Otro de los mayores
atractivos de
Historia… es su
deuda con las creaciones
de Esopo, Jean de La
Fontaine y Felix María
de Samaniego. René no
solo alude las fábulas
de estos autores, sino
aprovecha los encantos
de esas tradiciones
populares, con un
lenguaje colorido y
sonoro, para lograr lo
que los antiguos bardos
con sus romances
picarescos y sugerentes:
convencer al auditorio.
Conquista que también
consiguieron Federico
García Lorca o Javier
Villafañe con sus piezas
dramáticas, al crear en
plena eclosión del siglo
XX, ejemplos casi
perfectos de narraciones
juglarescas.
II
En mi anecdotario
personal, disfruté
primero Historia de
burros como
actor-espectador en la
escena del encuentro del
poeta ―que yo
interpretaba― junto a su
burro Platero, con el
titiritero de camino que
asumía Freddy Maragoto.
Luego lo estrené como
espectáculo unipersonal
en el Festival
Teatercentrum, que
organizaron los artistas
para niños de Suecia en
1994, en la pequeña
Villa de Lund. Fue por
ese motivo que nació su
título, sugerido por mí
al maestro Fernández,
puesto que de eso se
trataba la historia a
contar, de burros
enamorados. Me divertí
mucho salpicando el
texto en castellano de
René con frases que me
aprendí en sueco y que
en mi boca sonaban como
una onomatopeya vikinga
que los espectadores de
allí parecían entender.
Historia de burros
me permitió conocer
entre 1994 y 1998 a
variados públicos de la
Isla y de otros países
como Colombia, México y
España, y comprobar la
eficacia escénica de la
obra allende los mares.
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Historia de
burros, 1994. Teatro
Papalote |
Me complace también
haber sido coeditor del
texto que en el propio
año 1994 y con motivo
del 1er. Taller
Internacional de Títeres
de Matanzas, fuera
publicado por la
editorial de libros
artesanales Vigía, con
hermosas ilustraciones
del maestro Zenén
Calero. Esa edición y la
que en 1995 realizara la
Asociación Cultural
Caracola con el Teatro
de Títeres Arbolé de
Zaragoza, fueron las
responsables de una
serie de
representaciones por
otros grupos de la Isla.
Podría dar abundante
información sobre todas.
La que dirigiera Alberto
Abreu para la Compañía
de Marionetas Hilos
Mágicos de Juglaresca
Habana, en forma de
espectáculo unipersonal,
muy fiel al texto de
Fernández. La que
dirigió Mario Guerrero
primero en Las Tunas
para Teatro Tuyo, bajo
el nombre Dos
historias para ser
contadas
(uniendo Historia…
a La calle de los
fantasmas, de
Villafañe) y luego con
su Guiñol de Camagüey.
La propuesta hecha por
el maestro Armando
Morales para Lázaro
Hernández, con todas las
maneras de su personal
estética, en el Teatro
Nacional de Guiñol.
Estas tres miradas
escénicas a Historia…
fueron estrenadas en los
comienzos del siglo XXI.
Otros momentos
importantes en la
trayectoria de esta
breve pieza titiritera,
pertenecen a dos puestas
que aportaron miradas
muy interesantes al
texto de René. Me
refiero al montaje del
grupo de teatro habanero
La Marea, bajo la
dirección de Frank
Daniel Zuazo. Esta
versión incluía textos
de Tirso de Molina,
Tomás de Iriarte y otras
fábulas anónimas,
defendidos por una
pareja de ancianos que
escuchan la historia de
Plata y Perla en una
radionovela. Ellos
mismos se transforman en
los burritos enamorados
por obra y gracia del
espíritu de las ondas
hertzianas. El otro
montaje inolvidable, en
mi personal opinión,
corresponde al Teatro
Tuyo, de Las Tunas, con
puesta del joven Ernesto
Parra y un formato de
espectáculo donde quien
narra es una gitana,
siempre en contradicción
con los titiriteros del
interior del retablo, y
con un sentido deconstructor de la
historia de René, tan
eficiente como original.
Es esa multiplicidad de
visiones que sugiere
Historia de burros,
uno de los principales
valores de la pieza de
Fernández. Multiplicidad
de imágenes que solo
permite el contexto
mágico, propio de los
titiriteros ambulantes,
en que se desarrolla
este casi imposible
amor. Ese ambiente de
trashumancia posibilita
también el desarrollo de
una espontaneidad y
encantamiento del
público que el
titiritero juglar debe
alcanzar no solo en el
uso efectivo de las
figuras animadas, sino
en la constante
interacción entre
espectador y actor,
enriquecido con las
circunstancias
imprevisibles que
produce el arte del
teatro. Es importante no
perder este punto de
vista juglaresco y de
improvisación.
Encartonar esta fábula
en los cánones del
teatro convencional, y
con una estructura dramatúrgica
aristotélica rígida,
debilita la historia a
narrar, se pierde su
probada efectividad y
garra sobre el público.
En 2006 realicé mi
propia versión sobre el
mencionado texto. Tomé
las líneas que Fernández
apuntaba cuando menciona
a La Fontaine (Por un
borrico…), Samaniego
(Envidiando la suerte
del cochino…) y
García Lorca (Cuando
sale la luna se pierden
las campanas y aparecen
las sendas
impenetrables…) como
principales inspiradores
del suceso dramático, y
eché mano a sus fábulas
de animales, poesías y
prosas afines al
contexto de la pasión de
los burritos. El
complemento onírico lo
tomé de Juan Ramón
Jiménez (Hallarme en
las manos jazmines con
sol saber que amanece en
mi corazón, oír en el
alba una sola voz ¡eso
quiero yo!…), como
homenaje a la puesta
inspiradora del texto
Historia de burros
y, por supuesto, sumé
cosas de mi imaginario
poético personal (Ella
es Plata, burrita de
lana, cual la luz de una
clara mañana…). El
ambiente lírico y mágico
que no debe faltar nunca
en un titiritero de
camino, por muy
rudimentario que sea, se
complementa aquí con la
animación de figuras
planas que ilustran la
ficción como un romance
de ciegos renovado, pues
al animarlo se rompe la
planimetría y el
estatismo característico
de esta forma
escénico-narrativa. El
ambiente sonoro fue
calzado con la inclusión
de temas musicales de
compositores barrocos
como Scarlatti, Corelli
y Marcello, más otros
autores contemporáneos
españoles que siguen la
corriente de los músicos
antes mencionados, pero
con ingredientes
musicales de la
actualidad y de la
cultura española,
manifestados a través
del andaluz Carlos Cano
y de la música original
del cubano Ernesto
Perdomo.
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El poeta y
Platero,
1993. Teatro
Papalote |
Por suerte, la saga de
aquella Historia de
burros, de 1994, no
se ha detenido, el joven
grupo de teatro La proa
tiene también su versión
bajo la dirección de
Arneldy Cejas, otro de
los intérpretes en
Papalote del texto de
Fernández desde el año
2004. Nueva línea, bajo
la dirección de Yaqui
Saíz se apropió también
del texto de marras en
una puesta presente en
esta jornada de
celebraciones por los 65
abriles del maestro
Fernández. El propio
René ha vuelto sobre su
texto para rehacerlo a
dos voces, haciendo
énfasis en la jocosidad
de los accidentes
escénicos y llenándolo
de una fisicalidad
juvenil.
Cada vez que se
representa Historia
de burros, lo que se
lleva a escena es la
vida misma del
titiritero, el
redescubrimiento cada
día del poder de las
palabras y las imágenes.
Solo con ese dominio es
dueño el artista de su
destino, de ese camino
infinito, donde la
poesía clama a favor de
la pasión y el cariño,
contra la inutilidad de
la tristeza. Es que el
amor es nuestra mayor
ganancia, lo único que
en estos tiempos grises
puede salvarnos y como
si fuera poco
convertirnos en alguien
mejor. |