La Habana. Año IX.
22 al 28 de ENERO
de 2011

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Historia para convertirnos en alguien mejor
Rubén Darío Salazar • Matanzas
Fotos: Cortesía del autor

Historia de Burros, el conocidísimo divertimento para juglar y siete títeres, que concibió el maestro René Fernández Santana, Premio Nacional de Teatro 2007, surgió como una escena integrada al cuerpo dramatúrgico de la obra El poeta y Platero, escrita y dirigida por el propio René para su Teatro Papalote, en 1993. La vida de Historia… como pieza autónoma, ya palpitaba desde que comenzó a representarse el espectáculo inspirado en el conocido libro de Juan Ramón Jiménez, pues siempre la escena del titiritero ―como originalmente se le conoce a ese ingenioso segmento escénico― se destacó por contener un brillo propio. El resplandor dramático de Historia… exhibe una fábula esencial. Ofrece el merecido tributo a los titiriteros trashumantes que interpretaban a partir de una pauta narrativa ―que mucho tienen que ver con la estructura de los cuentos clásicos― textos completamente improvisados. En esas fábulas, siempre hay fechorías de algún tunante que enmendar. Acciones intermedias como prohibiciones, mediaciones, combates, auxilios, trueques, hasta concluir con la ansiada victoria o con el matrimonio como símbolo de felicidad.


Historia de burros, 2006. Teatro de Las Estaciones

Historia de burros se nutre de antiquísimas leyendas orientales y, más recientemente en el tiempo, de el popular texto para títeres Las bodas del ratón Pirulero, de Pepe Carril. Pero ¿qué la ha hecho constituirse, más allá de influencias y de su  evidente sencillez, en una historia modélica del teatro titiritero de nuestros días? Señalaría una vez más su nivel de síntesis, el cual nos permite entenderlo todo de un golpe, como un cachiporrazo contundente y explícito. Me gustaría imaginar un vaso comunicante de este texto con otra exitosa pieza de Fernández, un argumento escrito en los 60 bajo el título La amistad es la paz. En esta breve historieta observo características similares a las de Historia… Por ejemplo, recorrió la Isla de una punta a la otra, presente en el repertorio de diversos grupos que reverenciaban al teatro de figuras. Lo que se narra es la amistad entre una gata y un perro, haciendo alusión a la ineficacia de las diferencias sociales y raciales, al valor contundente que significan los sentimientos de solidaridad y de amor, cuestiones presentes también en Historia… Si La amistad es la paz es un texto que se aviene perfectamente al momento en que la obra fue concebida ―los tiempos en que la Revolución vivía sus primeras conquistas y ponía sus ilusiones y esperanzas en un hombre mejor―, Historia… nos habla de esos mismos temas, pero de una manera intemporal. Lo que la hace distinta, aunque con similitudes de su hermana anterior, es entre otras cosas, la añadidura de un personaje antropomorfo como Don Calderón a la amorosa pareja zoomorfa que conforman los burritos Plata y Perla. Don Calderón es primo directo de Don Cristóbal el andaluz, y de otros héroes populares tradicionales de guante como Punch, Kasper y Polichinela. Igual que en las añejas fábulas, el Don Calderón ideado por René es más animal que los asnos protagonistas. Ironía que enriquece la historia, en concordancia con el espíritu universal de los retablos, cuyos relatos en prosa o en verso, son alertas llenas de humor y sabiduría en las que los animales y los hombres mutan sus características.

Otro de los mayores  atractivos de Historia… es su deuda con las creaciones de Esopo, Jean de La Fontaine y Felix María de Samaniego. René no solo alude las fábulas de estos autores, sino  aprovecha los encantos de esas tradiciones populares, con un lenguaje colorido y sonoro, para lograr lo que los antiguos bardos con sus romances picarescos y sugerentes: convencer al auditorio. Conquista que también consiguieron Federico García Lorca o Javier Villafañe con sus piezas dramáticas, al crear en plena eclosión del siglo XX, ejemplos casi perfectos de narraciones juglarescas.

II

En mi anecdotario personal, disfruté primero Historia de burros como actor-espectador en la escena del encuentro del poeta ―que yo interpretaba― junto a su burro Platero, con el titiritero de camino que asumía Freddy Maragoto. Luego lo estrené como espectáculo unipersonal en el Festival Teatercentrum, que organizaron los artistas para niños de Suecia en 1994, en la pequeña Villa de Lund. Fue por ese motivo que nació su título, sugerido por mí al maestro Fernández, puesto que de eso se trataba la historia a contar, de burros enamorados. Me divertí mucho salpicando el texto en castellano de René con frases que me aprendí en sueco y que en mi boca sonaban como una onomatopeya vikinga que los espectadores de allí parecían entender. Historia de burros me permitió conocer entre 1994 y 1998 a variados públicos de la Isla y de otros países como Colombia, México y España, y comprobar la eficacia escénica de la obra allende los mares.


Historia de burros, 1994. Teatro Papalote

Me complace también haber sido coeditor del texto que en el propio año 1994 y con motivo del 1er. Taller Internacional de Títeres de Matanzas, fuera publicado por la editorial de libros artesanales Vigía, con hermosas  ilustraciones del maestro Zenén Calero. Esa edición y la que en 1995 realizara la Asociación Cultural Caracola con el Teatro de Títeres Arbolé de Zaragoza, fueron las responsables de una serie de representaciones por otros grupos de la Isla. Podría dar abundante información sobre todas. La que dirigiera Alberto Abreu para la Compañía de Marionetas Hilos Mágicos de Juglaresca Habana, en forma de espectáculo unipersonal, muy fiel al texto de Fernández. La que dirigió Mario Guerrero primero en Las Tunas para Teatro Tuyo, bajo el nombre Dos historias para ser contadas (uniendo Historia… a La calle de los fantasmas, de Villafañe) y luego con su Guiñol de Camagüey. La propuesta hecha por el maestro Armando Morales para Lázaro Hernández, con todas las maneras de su personal estética, en el Teatro Nacional de Guiñol. Estas tres miradas escénicas a Historia… fueron estrenadas en los comienzos del siglo XXI. Otros momentos importantes en la trayectoria de esta breve pieza titiritera, pertenecen a dos puestas que aportaron miradas muy interesantes al texto de René. Me refiero al montaje del grupo de teatro habanero La Marea, bajo la dirección de Frank Daniel Zuazo. Esta versión incluía textos de Tirso de Molina, Tomás de Iriarte y otras fábulas anónimas, defendidos por una pareja de ancianos que escuchan la historia de Plata y Perla en una radionovela. Ellos mismos se transforman en los burritos enamorados por obra y gracia del espíritu de las ondas hertzianas. El otro montaje inolvidable, en mi personal opinión,  corresponde al Teatro Tuyo, de Las Tunas, con puesta del joven Ernesto Parra y un formato de espectáculo donde quien narra es una gitana, siempre en contradicción con los titiriteros del interior del retablo, y con un sentido deconstructor de la historia de René, tan eficiente como original. Es esa multiplicidad de visiones que sugiere Historia de burros, uno de los principales valores de la pieza de Fernández. Multiplicidad de imágenes que solo permite el contexto mágico, propio de los titiriteros ambulantes, en que se desarrolla este casi imposible amor. Ese ambiente de trashumancia posibilita también el desarrollo de una espontaneidad y encantamiento del público que el titiritero juglar debe alcanzar no solo en el uso efectivo  de las figuras animadas, sino en la constante interacción entre espectador y actor, enriquecido con las circunstancias imprevisibles que produce el arte del teatro. Es importante no perder este punto de vista juglaresco y de improvisación. Encartonar esta fábula en los cánones del teatro convencional, y con una estructura dramatúrgica aristotélica rígida, debilita la historia a narrar, se pierde su probada efectividad y garra sobre el público.

En 2006 realicé mi propia versión sobre el mencionado texto. Tomé las líneas que Fernández apuntaba cuando menciona a La Fontaine (Por un borrico…), Samaniego (Envidiando la suerte del cochino…) y García Lorca (Cuando sale la luna se pierden las campanas y aparecen las sendas impenetrables…) como principales inspiradores del suceso dramático, y eché mano a sus fábulas de animales, poesías y prosas afines al contexto de la pasión de los burritos. El complemento onírico lo tomé de Juan Ramón Jiménez (Hallarme en las manos jazmines con sol saber que amanece en mi corazón, oír en el alba una sola voz ¡eso quiero yo!…), como homenaje a la puesta inspiradora del texto Historia de burros y, por supuesto, sumé cosas de mi imaginario poético personal (Ella es Plata, burrita de lana, cual la luz de una clara mañana…). El ambiente lírico y mágico que no debe faltar nunca en un titiritero de camino, por muy rudimentario que sea, se complementa aquí con la animación de figuras planas que ilustran la ficción como un romance de ciegos renovado, pues al animarlo se rompe la planimetría y el estatismo característico de esta forma escénico-narrativa. El ambiente sonoro fue calzado con la inclusión de temas musicales de compositores barrocos como Scarlatti, Corelli y Marcello, más otros autores contemporáneos españoles que siguen la corriente de los músicos antes mencionados, pero con ingredientes musicales de la actualidad y de la cultura española, manifestados a través del andaluz Carlos Cano y de la música original del cubano Ernesto Perdomo.


El poeta y Platero, 1993. Teatro Papalote

Por suerte, la saga de aquella Historia de burros, de 1994, no se ha detenido, el joven grupo de teatro La proa tiene también su versión bajo la dirección de Arneldy Cejas, otro de los intérpretes en Papalote del texto de Fernández desde el año 2004. Nueva línea, bajo la dirección de Yaqui Saíz se apropió también del texto de marras en una puesta presente en esta jornada de celebraciones por los 65 abriles del maestro Fernández. El propio René ha vuelto sobre su texto para rehacerlo a dos voces, haciendo énfasis en la jocosidad de los accidentes escénicos y llenándolo de una fisicalidad juvenil.

Cada vez que se representa Historia de burros, lo que se lleva a escena es la vida misma del titiritero, el redescubrimiento cada día del poder de las palabras y las imágenes. Solo con ese dominio es dueño el artista de su destino, de ese camino infinito, donde la poesía clama a favor de la pasión y el cariño, contra la inutilidad de la tristeza. Es que el amor es nuestra  mayor ganancia, lo único que en estos tiempos grises puede salvarnos y como si fuera poco convertirnos en alguien mejor.

 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.