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Actriz, pintora,
cantante, bailarina.
Podríamos presentar así
a Parvathy Baúl y, en
buena lid, estaría
correcto… en el más puro
esquema de pensamiento
occidental; pero esta
joven de 26 años nació y
vive en la India, la
misma paradójica nación
cuya mercantilización
hoy le preocupa pero que
sabe única en su
esencia. Le hablamos de
Bollywood; de aquella
canción que en una
popular serie española
reza: “Hawai, Bombay…
son dos paraísos”; de
las castas que separan a
las mujeres en cuanto a
posibilidades y acceso a
la instrucción; de los
emplazamientos
financieros más caros
del mundo… nos escucha
todo el tiempo, indaga,
nos mira con
indulgencia, sostiene en
sus brazos el cabello en
dreadlocks que
les llega a los tobillos
y se toma algunos
minutos para hablar.
Sabe que cada una de sus
líneas es un mundo
nuevo; sin embargo, le
interesa compartirlo con
el nuestro.
Primera vez en Cuba y en
Latinoamérica...
Físicamente, sí. No
obstante, ya había
tenido contacto con
estas tierras a través
de la literatura:
Borges, por ejemplo, me
gusta mucho. Me es muy
familiar también la
cultura cubana,
especialmente en lo que
tiene que ver con su
historia y su política.
Es como si uno soñara
con un mundo y luego
puede visitarlo,
constatar lo que has
soñado. Siento emociones
muy fuertes con respecto
a este continente,
especialmente por la
celebración de vida y
humanidad que se percibe
en la gente.
¿Es eso una cercanía, de
algún modo, con la
filosofía de vida que
conoces?
Encuentro muchas
similitudes entre los
procesos de pensamiento
de la India y
Latinoamérica. En el
taller Cantar y Contar
que impartí aquí en
Santa Clara, fue mucho
más fácil transmitir mis
conocimientos que en
otros países del mundo.
Las personas que
asistieron, captaron las
ideas muy rápidamente.
Cuando veo los
espectáculos, las
imágenes usadas en las
expresiones —no entiendo
el español, así que
hablo por lo que veo— es
fácil para mí asociar,
comprender.
Entonces, ¿conoces por
primera vez
Latinoamérica en un
ambiente de teatro?
Digamos que, por primera
vez, tengo la
oportunidad de ver
teatro latinoamericano
desde sus mismas raíces;
pero estoy bastante
familiarizada con el
lenguaje teatral de esta
región, precisamente
gracias a otros
Magdalenas donde he
podido compartir con
artistas
latinoamericanos. No
obstante, solo había
sido un contacto en
Europa, no es lo mismo.
Hace un rato te escuché
decir que intentas
organizar un Magdalena
en tu país. Después de
haber estado en otras
ediciones, en varios
países y ahora aquí en
Cuba, ¿encuentras alguna
conexión entre lo que en
estos espacios se relata
sobre la mujer y,
fundamentalmente, en la
manera en que el teatro
lo aborda?
La idea del Magdalena es
traer diferentes
expresiones de la
feminidad. De alguna
manera, es similar a lo
que ocurre en la India.
El sufrimiento de la
mujer es similar; pero
el contexto es muy
diferente. Y la forma en
que lo expresan aquí en
el teatro, es un
lenguaje muy diferente a
como lo expresamos en el
teatro en la India.
Las mujeres en la India
tenemos problemas muy
básicos. Allá tenemos
diferentes niveles
sociales a los que la
mujer pertenece, con sus
respectivos problemas.
Las mujeres nacidas en
casta baja, de lugares
pobres, serán
silenciadas durante toda
su vida, solo aceptarán
órdenes; pero las de las
clases altas tienen más
oportunidades de tener
una educación, aunque
también son sujetas a la
violencia. En cada
región, las mujeres son
tratadas de maneras
diferentes. Y cuando el
lenguaje del teatro
viene, se pueden crear
imágenes que nos asocian
a unas y otras: es un
lenguaje vital que nos
conecta.
En Cuba y en el resto
del mundo, me atrevo a
decir, gran parte de la
“cultura” de la India se
está recibiendo,
mayormente, por el cine
que se produce en tu
país y que tiene una
fuerza creciente…
Pero no el buen cine,
¿verdad?
No, es el llamado cine
de Bollywood. Y la
imagen que transmite de
la mujer de tu país es
de mujer liberada,
hermosa en su autonomía…
¿podemos confiar en esas
imágenes?
No, es una imagen que
les gusta y les interesa
políticamente mostrar.
En realidad, es muy
difícil para la mujer
hindú mostrarse como
sujetos con criterios,
con individualidad. Y es
lo mismo en casi todas
las sociedades, solo
cambia el cómo.
¿El teatro nos puede dar
una imagen más cercana?
El teatro es una vía de
resistencia. Es humano,
es encontrar un lenguaje
con el que comunicar la
verdad; pero uno trata
de ser lo más real
posible, sobre todo en
el teatro comunitario.
No tratamos de crear
imágenes, sino de
mostrar como la mujer
es, cuáles son sus
problemas. Es una
pregunta difícil; pero
al menos puedo decirte
que el teatro va a
presentarte muchas más
esquinas de lo que el
cine está haciendo, al
menos en lo que respecta
a la mujer.
¿Por qué el taller
Cantar y Contar?
Trabajé con una
tradición espiritual,
conocida como baúl.
Nosotros, a través de la
música y la danza,
encontramos el
equilibrio. Es una forma
de saber quién soy y por
qué estoy aquí. También
es una forma de
trascender los límites
que nos constriñen, es
una forma de
evolucionar. La
verdadera revolución
nace de dentro, en la
que uno crece como
humano.
El baúl es para nosotros
cotidiano. Puedes
llamarle música, puedes
llamarle danza, puedes
llamarle teatro o
proceso espiritual… pero
es solo ir más allá, por
uno mismo. El ser humano
conoce la forma de
saltar los límites y la
humanidad crece. Y si
una sola persona, al
menos, conoce la forma
de transmitirlo, se
extenderá a muchos más.
Por eso hice este
taller.
¿Y es arte o es vida?
Cuando vemos a Parvathy
sobre el escenario,
¿estamos viendo a una
artista?
¿Ves?, esa pregunta es
lógica; pero proviene de
un sistema de
pensamiento occidental
donde tienden a
clasificarlo todo. Mira:
Asia, África… no
separamos el espíritu
del arte, vida, música,
política, todo está
junto, es completo. Y lo
que ven sobre el
escenario, sí, es arte;
pero es también todo
eso. Si solo eres un
artista, no puedes
completarte:
el público aplaude y ahí
termina todo. ¿Qué te
queda entonces, qué eres
luego de esos aplausos?
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