La Habana. Año IX.
22 al 28 de ENERO
de 2011

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Obama: la encrucijada de su política económica

Esteban Morales • La Habana

Obama, al comenzar su mandato en enero de 2009, no podía negarse a darle otra prioridad al rescate de la banca, que el que tuvo. Tratándose del sector más poderoso de la sociedad norteamericana, el compromiso del Presidente era más que evidente.

Sin embargo, la prioridad concedida a Main Street fue débil, no solo comparándola con la atención dada a la banca, sino también por lo que hubiera exigido dar un tratamiento mejor al altísimo nivel de desempleo existente.

No es un secreto para nadie la terrible irresponsabilidad con que habían actuado los banqueros, no solo en el manejo de las hipotecas, sino más que ello, en la forma en la que habían especulado, echando abajo todas las previsiones legales con que el presidente Rooselvelt había actuado para evitar la especulación, con posterioridad a la Crisis de 1929. Tratándose entonces no solo de hipotecas de alto riesgo, sino de haber generado un sistema financiero de alto riesgo.

En realidad Obama evitó el colapso del sistema financiero a nivel nacional, solo que a un costo demasiado alto y prácticamente sin apoyo de la banca. Esta solo esperaba que la rescataran del “hoyo negro” que su propia irresponsabilidad especulativa había creado. No era difícil esperar tampoco que Obama actuara trasladando las inmensas masas de dinero recaudadas por el estado a los dueños del capital. Para eso, los sectores de poder le habían llevado a la presidencia. Presentaba todas las características para jugar su papel, engañando dulcemente a los que le habían elegido.

Pero la gente que votó por Obama había imaginado el cambio con más empleos, mejores salarios y menos desahucios. En eso consistía el “Yes We Can” para ellos. Nada de eso llegó. Obama priorizó a la banca, y las supuestas intenciones de mejoras socioeconómicas  quedaron en el saco de las promesas de campaña.

A pesar de que Obama apostó por un cambio estructural, centrado en mejor salud, educación y energías alternativas, junto con mejorar la institucionalidad democrática para variar el modelo de política en Washington, en realidad fracasó. Por eso, al comenzar el 2010,  reconsideraba, al no haber encarado su reto fundamental: solucionar la crisis de la economía real.

Ciertamente, como saldo principal, el Sr. Presidente Obama, en lo que a economía se refiere, perdió su primer año de mandato. No solo con la economía, perdió la pelea también con los seguros y los intereses creados, por lo que el plan de salud, no es ya lo que era al principio, y no podrá mover a la economía por esa vía. Pues la Reforma de Salud ―634 mil millones a gastar en diez años― hubiera significado una inyección de gasto público, que a pesar de la especulación con los seguros, de todos modos, hubiera representado un factor de estimulación del empleo. Pero la cobertura del sistema  de salud ahora abarca solo a 31 millones, mientras las necesidades están entre 46 y 47 millones de ciudadanos. Aunque hay que decir que a pesar de lo erosionado que ha salido del debate, el Plan de Salud, coyunturalmente, ha resultado ser una victoria política sin precedente para Obama. Aunque está todavía por ver el beneficio real que va a producir 

Aunque el Presidente comenzó declarando, inteligentemente, que le daría a Wall Street, pero también a Main Street, sin embargo, Wall Street no solo dominó el escenario de la política económica, sino funcionó para desprestigiar los esfuerzos de Obama por echar hacia delante la economía. ¿Que ocurrió en la práctica?

Los banqueros se repartían el dinero del gobierno, que es decir, el de los contribuyentes, bajo la forma de bonificaciones entre sus principales ejecutivos; no daban los créditos ni mínimamente necesarios para levantar la economía y se iban con los bolsillos llenos para su casa. Como muestra de debilidad con la banca, el Presidente no hizo prácticamente nada. Así transcurrió el primer año de Obama  en sus esfuerzos principales por reanimar la economía. Colofón trágico: la tasa oficial de desempleo en diciembre de 2009 sobrepasaba el diez por ciento y los problemas hipotecarios no se resolvían. Finalizando septiembre de 2010, todo continuaba igual, la banca apenas daba créditos y la tasa de desempleo se mantenía en el 9,6 por ciento.

Acto seguido entonces, el Presidente despreciaba la alternativa de nacionalizar a la banca en quiebra, por no considerarlo en el espíritu del gran capitalismo norteamericano. Aunque en la práctica llegó a hacer cosas muy parecidas con AIG y Lehman Brothers.

Ya T.Geithner y B. Bernanke, Tesoro y Reserva federal, habían sido criticados, acusándolos de defensores de los intereses de Wall Street  y de haber arrastrado al Presidente con ellos. Entonces, ante tal situación, Obama asumió la idea de Paúl Volcker, su asesor económico, consistente en no permitir a los bancos invertir ni especular con el dinero de los clientes. Algo que ya había creado un verdadero maremoto financiero durante la Gran Depresión de los años 30, pero que durante los 90 había quedado a la voluntad de los especuladores, cuando prácticamente habían dejado a Wall Street que se autorregulara. Fenómeno este último, que está en el centro de la lógica explicativa de la crisis financiera mundial que se desató y la responsabilidad central que EE.UU. ha tenido en su ocurrencia.

Obama no ha podido zafarse de los “perros de la guerra” ni  tampoco lo ha podido hacer de los “buitres de Wall Street”. Es que, no es solo la perversidad de la banca, sino que los intereses individuales aparecen con aplastante frecuencia detrás de las mismas personas que ocupan las principales posiciones gubernamentales. Generales, congresistas, senadores, miembros del gobierno, a todos los niveles de la estructura de poder, resultan ser propietarios de inmensos intereses dentro de la economía y del Complejo Militar-Industrial en particular.

Grandes Bancos han sido continuamente proveedores de secretarios del Tesoro, jefes de la Reserva Federal, etc. Por medio de un continuo intercambio de posiciones entre la gran economía y los cargos gubernamentales. Muy típico de la dinámica más íntima de la estructura de poder norteamericana.

Obama, en particular, llegó a la presidencia prisionero de las ideas de Bernanke, jefe de la FED, Hank Paúlson (artífice del rescate bancario), y de T. Geithner (actual secretario del Tesoro). Bernanke toleró que los bancos cometieran las peores atrocidades, consideradas como innovaciones financieras. Ahora, cínicamente, se declara como el mayor regulacionista.

Al final de todas las andadas de tan ilustres personajes, la economía  continúa sin crecer lo suficiente, debido al altísimo desempleo (real del 17 por ciento) la crisis hipotecaria continua y el esfuerzo de inyección mediante el gasto público de los 787 mil millones, termina  diluyéndose en un cuestionado detenimiento de la crisis, que ya muchos dicen, apunta hacia una nueva secesión.

Entre finales de 2009 y principios de 2010, ya con un 25 por ciento de empleos irrecuperables, y en medio del debate de la Ley de Salud, el Presidente llamaba a acciones más modestas, pues consideraba el momento “no como para las transformaciones profundas que se habían prometido” en salud, educación y energía, por considerar que  los grandes planes son más fáciles de caricaturizar como operaciones de agrandamiento del estado. Apareciendo así, sobre todo después de la muerte de Eward Kennedy, las preocupaciones y ajustes   propios de la entrada en el año electoral congresional. Proceso este último, que no pinta bien para los demócratas, a punto de perder la mayoría en la Cámara e, incluso, en el Senado.

Como contexto más general, todo ello transcurría en medio de una crisis económica que viene agravándose y ha cambiado el panorama económico y financiero del mundo en distintas formas fundamentales, pero que todas afectan a la economía global, a la velocidad potencial a la que pueden crecer las economías, a la flexibilidad de la política económica y a los procesos de operación y regulación para los bancos. Hoy, los aliados principales de EE.UU. en Europa se hayan en una situación peor que hace un año atrás, con la ligera excepción de Alemania, que se resiste a cargar con el “muerto”. Luego el biunívoco auxilio que antes ayudaba a la economía capitalista mundial a salir de los momentos difíciles, hoy ya no puede producirse. Todos están mal. Y EE.UU. hoy ya no puede hacer el papel de locomotora.

En medio de tales circunstancias, Obama reinicio sus esfuerzos para lograr que le aprobasen un Plan para Controlar la Actividad Financiera; sin embargo, aún se debate dentro de un conjunto de prioritarios retos y contradicciones que no ha logrado resolver.

1- ¿Cómo lograr los  buenos y seguros empleos que prometió a la clase media, sobre quien reconoce estar metida en una crisis sin precedentes?

2- ¿De dónde va a salir el dinero para las guerras, que no apuntan a solucionarse, sino a agravarse, sin continuar incrementando los  altos niveles del déficit?

3- ¿Qué medidas adoptar para mejorar  los  niveles de popularidad presidencial, con vistas a las próximas elecciones?

4- ¿Cómo va a lidiar con los altos niveles de déficit y el desempleo al mismo tiempo?

Al respecto existe una gran polémica entre los  defensores de las políticas neoliberales restrictivas y los de los estímulos a la expansión a pesar de los déficit.

En  realidad, el tamaño del déficit es un tema muy complejo en un año electoral, como lo es el 2010. Mientras los republicanos acusan a Obama de un liberal derrochador; este se defiende recordando a la oposición que el Presidente heredó un déficit de 1,3 billones al asumir el cargo. Pero de todos modos, ahora es Obama el dueño del problema.

Obama plantea la creación de empleos, pero dijo además que es crucial frenar el déficit record del presupuesto, pues este amenaza la recuperación económica.

Obama zigzaguea ante el problema. En febrero habló de reducirlo en un 50 por ciento, pero acto seguido, por la radio, expresó “frenar el déficit”, que no es lo mismo. Entonces dijo que congelará el gasto de tres años para algunos programas nacionales. En fin, es evidente que no cuenta con la potencial solución de un asunto crítico para la economía norteamericana.

Obama considera posible generar empleo y a la vez reducir el déficit. Habría que ver cómo lo va a hacer.

Un 60 por ciento consideraba prioridad reducir el déficit para 2010, frente a un 53 por ciento que consideró lo mismo en 2009. Aumenta el criterio de que el asunto es reducir el déficit. Lo cual personalmente considero que sería un gran error. No es la reducción del déficit el camino directo hacia la recuperación económica.

Cuando se trata de explicar cómo una crisis de naturaleza financiera ha producido una alta tasa de desempleo en la industria, las repuestas apuntan a los efectos negativos de la restricción del crédito.

De todos los retos que Obama enfrenta hoy, disminuir sensiblemente el desempleo, haciendo crecer la economía, tiene que ser su  principal preocupación. Por lo que entiendo debemos concentrarnos en este último aspecto. Dado que en el se sintetizan muy bien los retos de Obama, especialmente, para su segundo año de mandato, pero también hacia el futuro, porque la recuperación económica no está asegurada.

Obama debe lidiar con muy altos niveles de desempleo y altos déficit,  en medio de un año electoral, en el que, al mismo tiempo, debe tomar medidas de beneficio socioeconómico que le ayuden a incrementar su popularidad, en el contexto de una situación en que debe tratar de mantener a toda costa la supremacía demócrata  dentro del Congreso.

Hasta ahora, las medidas de política económica adoptadas por Obama, apenas han logrado detener la crisis económica, junto con un muy tenue repunte del crecimiento. Pero lo ha hecho, manteniendo muy altos niveles de desempleo, lo que compromete tanto el objetivo político de Obama de incrementar su popularidad, como la necesidad de estabilizar la leve recuperación de la economía. Ambas muy coaligadas.

Tenemos la impresión, de que ante una situación, en que todavía la banca no da los créditos necesarios para desatar el proceso inversionista, Obama no tiene otra alternativa que impulsar el crecimiento del empleo por la vía del incremento del  gasto público. Es decir, si el impulso a la inversión, que reduce el desempleo, no viene del capital privado de la banca, el estado se ve obligado a suministrarla.

Ante tal situación, Obama tropieza con altos déficit. ¿Qué hacer entonces? Diría que olvidarse de este por ahora. Porque en definitiva, no es el déficit el que ha generado el desempleo. Todo lo contrario, es el desempleo y fundamentalmente la lentitud del crecimiento económico lo que ha generado el déficit.

Es decir, mientras más alto es el desempleo, más débil y lento crece la economía, más débil es el crecimiento de la demanda masiva de consumo y menos crece el PIB; lo cual produce una sensible disminución de la recaudación impositiva del estado, generándose la dinámica para un potencial crecimiento del déficit.

Los sectores de poder neoliberales, tienden a resistirse muy  fuertemente al incremento del gasto público para la generación de empleo y de bienestar en general. Pero ante la debilidad del crédito privado, que genera debilidad a su vez en el proceso inversionista de capital privado, al estado no le queda más remedio que suplir esa debilidad de la inversión de capital privado con la del capital estatal, por mediación del incremento del gasto público.

Luego, si Obama quiere crecimiento de buenos y seguros empleos, tendrá que generarlos, al menos como impulso inicial, con el incremento del gasto público, echando a un lado, al menos de momento, los peligros del déficit creciente. El déficit entonces crecerá más, por el incremento de los gastos fiscales, pero lo estará haciendo  dentro de un contexto de política fiscal en el que exista la esperanza de revertirlo. Algo muy necesario, si tomamos en consideración, que el capital privado externo no está en condiciones de hacer aportes significativos, porque el resto de los países están en similar situación,  sin poder contar además, con el papel de “locomotora” que antes desempeñaba la economía norteamericana. Si los gastos de consumo de la economía norteamericana no crecen significativamente, ello compromete el crecimiento para el resto de las economías.

Solo una operación de fuerte utilización del gasto público, va a generar el resultado que hace falta para hacer crecer el empleo, el consumo y por esa vía poner a la economía en condiciones de comenzar un serio ataque contra el déficit.

En realidad, dentro de una situación de crisis económica o de tenue recuperación, no existe evidencia empírica que nos diga que atacar el déficit, para disminuirlo, lleve implícito disminuir el desempleo y si lo contrario. En 1937, saliendo ya de la Gran Depresión, F.D. Rooselvelt  se preocupó por el alto déficit y disminuyó el gasto público, la economía cayó nuevamente y solo comenzó a recuperarse en medio de los momentos finales del conflicto bélico.[1] 

Es que, en realidad, reducir el déficit requiere la acción de un recorte del gasto público que, si por el contrario, fuera inyectado a la economía, daría más empleo, ayudando a disminuir  el desempleo. Por lo que reducir el déficit, en realidad, lo que hace es generar un retraso de la recuperación económica. Haciéndose posible afirmar, que si durante su primer año de mandato, Obama hubiera hecho el esfuerzo mayor con el gasto público, para generar empleo y no un esfuerzo tan desmedido para rescatar a la banca, sin haber obtenido en definitiva los créditos que necesitaba, la economía norteamericana, pudiera estar ahora en medio de un verdadero proceso de recuperación.

Es cierto que Obama no podía negarse a rescatar a la banca, pero su esfuerzo por generar empleo, actuando de manera directa con el gasto público, asunto sobre el que economistas como Krugman y Stiglitz le habían aconsejado tanto, habría generado una situación económica mucho mejor que en la que ahora está inmerso. 

Por eso decimos que, en lo referido a la economía, el presidente Obama perdió su primer año de mandato y está perdiendo el segundo.

¿Sabrá utilizar ahora el plan que recientemente le ha aprobado el congreso? Veremos más adelante cuando estemos en condiciones de evaluar los resultados.

Octubre de 2010


Nota

1- Hacia finales de la Gran Depresión, Roosevelt adoptó una serie  de medidas  para evitar la especulación, que se había dado sobre todo entre los bancos comerciales y de inversión. La última regulación liquidada fue aquella llamada Ley Glass Steagall, en noviembre de 1999, por medio de la que se impedía la fusión entre los bancos de depósito y de inversión. Ahora Obama quiere hacer algo similar, aconsejado por Paúl Volcker, con la medida dirigida a evitar que la banca de inversión especule.

 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.