La Habana. Año IX.
22 al 28 de ENERO
de 2011

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Un tejido de voluntad
Roxana Pineda • Santa Clara
Fotos: Cristyan González y Carolina Vilches

Magdalena Project nace en Gales, Reino Unido, en 1986. Está cumpliendo este año su aniversario 25. Su fundadora, Jill Greenhalgh, quería calmar el ímpetu de su rabia creando un espacio donde la voz de las mujeres de teatro pudiese sentirse protegida. No se trata de una secta ni estamos hablando de una asociación con presidenta, oficina, productoras y autos en los que moverse de reunión en reunión. Magdalena Project trabaja como una red, un tejido que se reproduce por la voluntad de estar y participar, y que con algunas reglas no escritas, promueve, protege y abre espacios de encuentro y debate sobre el teatro contemporáneo hecho por mujeres en diversas partes del mundo.

La fuerza de Magdalena Project está en esa estructura de red, que funciona con autonomía y permite que los encuentros se multipliquen y se abran a las urgencias y necesidades de cada lugar donde ocurren. Después de 25 años, Magdalena Project se ha convertido en una red muy fuerte, donde las preguntas sobre el oficio y la invención de un lenguaje para abordar la naturaleza de los procesos son aspectos priorizados y temas que se deben enfrentar.

El centro de Magdalena Project está en el trabajo teatral, en la diversidad de miradas artísticas y propuestas de indagación sobre el lenguaje, también en las relaciones de transparencia entre el oficio y los contextos en que se producen, así como en la capacidad para generar acciones desde el universo del teatro hecho por mujeres.

Magdalena Project insiste en la necesidad de que las mujeres del teatro construyan sus propios discursos y encuentren el lenguaje particular para nombrar los procesos que van tejiendo a lo largo de su experiencia. La transmisión de esa experiencia y los modelos pedagógicos alternativos, junto con el modo específico de reunión para producir espectáculos son otra zona de interés de Magdalena Project, que junto con experiencias artísticas ya reconocidas y de prestigio a nivel internacional, trabaja con las más jóvenes creando relaciones de intercambio que no quieren reproducir jerarquías, sino propiciar un diálogo movilizador, un amparo artístico que estimule el crecimiento personal de las que comienzan el camino del teatro.

Los encuentros de Magdalena Project se diseñan con autonomía por las que dirigen cada convocatoria. Por lo general, se hacen programaciones de espectáculos, conversatorios, talleres y demostraciones de trabajo según decidan sus organizadoras. Pero cada propuesta lleva el sello de una estructura interesada en priorizar alguna zona de interés dentro del campo del oficio o algún tema social asociado a las condiciones de vida concretas de las que en cada lugar hacen su teatro.

Lo importante es poder crear estructuras de verdadero diálogo, un espacio de tiempo que permita realmente confrontar y visibilizar el trabajo realizado por diferentes mujeres, y hacer que esas diferencias de texturas, ritmos, intensidades, cualidades energéticas y necesidades de expresión, encuentren una zona franca para poder mostrarse y dialogar sin una censura previa, sin el establecimiento de una jerarquía que como ocurre en el mundo conocido decide qué vale más o vale menos, dónde hay verdad y dónde no.

En enero del año 2005 realizamos la primera convocatoria de Magdalena Sin Fronteras en Santa Clara. La decisión de hacer en Cuba un encuentro de esa magnitud me pareció un sueño y una posibilidad retadora. Siempre me he sentido atraída por crear espacios de participación donde poder compartir un modo diferente para dialogar y confrontar experiencias. Diseñar estructuras de encuentro que desde su propio diseño contengan una propuesta de participación y obliguen de forma natural a discutir en una zona franca, una zona donde no hay jueces ni sabios, una zona de horizontalidad donde al decir de Borges no importa de qué boca sale la verdad, una zona que al igual que Magdalena Project proteja la voz de los que no tienen voz y haga circular la información, la historia, las referencias de un modo de hacer que huye del pensamiento establecido para adentrarse a través del trabajo concreto, en otras formas de relación y de lenguaje. La búsqueda de una mirada descolonizada, una forma de concebir la vida del oficio que huye de la banalidad, del oportunismo y el marasmo artístico, y que también puede reconocer en lo diferente, en lo otro, una alternativa, una posibilidad de ser. Alejarse de zonas trilladas es siempre muy difícil, reconocer cómo se esconde lo superfluo tras una máscara de supuesta actitud transgresora, lo podrido detrás de lo maduro, lo malsano detrás de lo juvenil, lo disparatado detrás de lo establecido, todo ese marasmo se vuelve un caos que hace muy complejo el acto de organizar encuentros donde podamos hablar sin trampas, es decir, mostrar lo que hacemos, lo que queremos hacer detrás de las acciones, lo que intentamos fijar en imágenes, lo que soñamos hacer imaginar o vivir a otros. Pero es absolutamente necesario tejer espacios así. Por eso desde el año 2005 dirijo Magdalena Sin Fronteras con mi equipo de trabajo, el Estudio Teatral de Santa Clara. Es un encuentro asociado a la red Magdalena Project, que ha realizado tres ediciones, y que con carácter trianual realizamos en la ciudad de Santa Clara siempre entre el 8 y el 18 de enero.

Hay muchas razones que podrían justificar un encuentro como este. Santa Clara, desde la periferia, pasa a ser centro teatral por el peso de una programación que reúne en diferentes salas de la ciudad espectáculos y demostraciones de trabajos, videos y performances, intervenciones en espacios de interés social, conferencias, talleres. El peso pedagógico de los Talleres liderados por maestras de la escena mundial, actrices y directoras de una amplia y reconocida trayectoria en el teatro contemporáneo, muchas de ellas integrantes de grupos míticos del teatro latinoamericano y europeo, permite compartir y sembrar referencias, plantar un debate sobre modelos de formación y procesos de invención, el trasiego de una sabiduría que, puesta en espacio, permite el conocimiento de otras vías de creación, permite la apertura hacia nuevas interrogantes, permite estimular zonas dormidas o enmudecer gritos vacíos de sentido, permite una batalla técnica y conceptual, y sobre todo, la posibilidad de sembrar la inquietud, la curiosidad, la capacidad de hacerse preguntas y buscar respuestas personales pero siempre a través del trabajo concreto, a través de acciones precisas que tienen que llevar la marca de nuestra entrega y sacrificio personal. Magdalena Sin Fronteras ha creado y defendido esa zona franca de la que antes hablé. Por diez días la ciudad se vuelve un hervidero de teatro protagonizado por mujeres, y cada vez con más fuerza hemos logrado que el diálogo horizontal devuelva a las que participan una experiencia útil en su vida profesional; a veces, sin quererlo, también en su vida personal.

Inmersa en la tercera edición de este encuentro, que en los instantes en que escribo está a punto de culminar, pienso qué es lo que más me empuja a sostener un evento así. Quisiera encontrar una imagen que me ayudara a definirlo, una imagen que pudiese nombrar su complejidad y su fragilidad, lo que lo hace furiosamente necesario y lo que me hace defenderlo a pesar de la carga de trabajo que implica o las dificultades que nos impone. Seguramente tiene que ver con la protección de mi grupo y su filosofía de vida, con el impulso para inventar acciones que hagan circular nuestra experiencia y validen desde el trabajo artístico una actitud cultural que va contracorriente de lo que el mundo contemporáneo impone. Somos víctimas de una forma de pensar y existir que cada vez más nos separa de lo humano del ser, y esa minoridad se expresa también en el afán de ser novedosos a toda costa, en el afán de epatar, muchas veces desde la ignorancia, muchas veces desde la disidencia de todo compromiso que no sea nuestra preciada persona pública. También corren tiempos donde el pensamiento, el grupo, la investigación teatral pueden correr el riesgo de concebirse como actitudes pasadas de moda; como si la hondura y la capacidad de trabajo pudiesen pasar de moda, como si la búsqueda de un lenguaje pudiese pasar de moda, como si el compromiso con lo que hacemos pudiese pasar de moda.

Esas son algunas de las razones visibles, también porque me gusta tener cerca personas en las que creo, y artistas mujeres que con su energía y experiencia pueden proponer referencias y modos de asumir el trabajo que quizá, en algún momento, pueden despertar a alguien. Las razones no visibles deben quedar ahí, en el silencio, porque es también esa energía subterránea la que en la práctica permite un fluir sin interrupciones y hace posible cada vez más ahondar en los detalles.

Siempre cuido mucho que actrices, directoras, estudiantes de teatro, críticas e investigadoras, artistas de todo el país, lleguen a esta ciudad y puedan conocer y compartir, asombrarse y cuestionarse, y se lleven siempre alguna experiencia que no las deje indiferentes, es mi manera también de luchar por lo que creo y de seguir echando arena en la maquinaria de lo establecido 

Esta edición de Magdalena Sin Fronteras me hace feliz, porque siento y veo con mucha claridad que un halo ha rondado a todos los participantes, y esa energía no nos dejará indiferentes. De todas formas, lo más importante no es el encuentro en sí, lo más importante es si seremos capaces, todos, de convertir esa energía en acciones, y que esas acciones lleven la marca incandescente de nuestra visión personal.

Para que reine la confusión entre los jóvenes, para que no aprendan a ser conservadores antes de tiempo, para que se arriesguen y quieran hacerse preguntas y aprendan a hacerse preguntas, y no se conformen con las reglas que anulan la posibilidad de cultivar alas. Para que las personas que amo puedan llegar otra vez y encontrarse en mi pequeña ciudad y entre anécdotas, batallas y mucho trabajo, repasemos las coordenadas de lo que ahora mismo somos, para que alguien se salve, para que mi grupo siga soñando y combatiendo, para que en Cuba circulen estas experiencias y dialoguen con nosotros. Y para colmar mi deseo de mantener estos pequeños espacios  como oasis en medio del desierto de la vida, es que decidí hacer otra vez Magdalena Sin Fronteras. Y por todo eso, como un acto de confusión bendita, como respuesta irreverente a las normas de conducta que imponen un modelo pedagógico “correcto”, es que decido escoger el tema: Investigación y procesos de Trabajo, sabiendo por experiencia que la creación y la transmisión de esa experiencia es más útil y profunda mientras más se aleje de normas y panfletos, mientras más huya a los ABC inventados siempre por alguien que necesita validar su pequeño espacio de poder.

Ojalá que el año 2011, año en que se cumplen los 25 de vida de Magdalena Project, se abra en Santa Clara, Cuba, con la fuerza y la delicadeza de las mujeres que siguen desde sus territorios personales, tejiendo esta inmensa red donde hay huecos para todas y todos.

 
 
 
 


GALERÍA de IMÁGENEs
Magdalena sin fronteras

LA JIRIBILLA Nro. 433
Teatro de Las Estaciones
(Quince años celebrando la invisibilidad)

LA JIRIBILLA Nro. 444
(Trece Festival Internacional de Teatro de La Habana)

LA JIRIBILLA Nro. 454
Estudio Teatral de Santa Clara (Dos décadas soñando con remolinos)

LA JIRIBILLA Nro. 483
Actrices de la "nueva escena" cubana
(Hornada de talentos)
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.