La Habana. Año IX.
22 al 28 de ENERO
de 2011

Correo Canal RSS Canal en Twitter Facebook Flirck You Tube

 

BÚSQUEDA AVANZADA   . . .

ENLACES

SUSCRIPCIÓN
 
 

Haciendo olas por el mundo
Julia Varley* • Santa Clara
Fotos: Carolina Vilches

Cuando estuve en Chile, durante la dictadura de Pinochet, me encontré con algunas de las personas que hacían teatro en ese país. Me explicaron cómo el teatro era la posibilidad de mantener un espacio libre donde respirar. Y una de las maneras que Pinochet tenía para destruir estos espacios sin necesidad de una acción que tuviera mucha repercusión —porque no valía la pena, el teatro era como un espacio pequeño que involucraba a poca gente—, era convencer a los actores de pasar a la televisión. Recuerdo que un tiempo después volví a Chile, estaba haciendo un taller fuera de Santiago y fui con los participantes a un lugar próximo a la ciudad. En un momento, nos paró la policía y vi sus ojos abrirse porque todas las personas que estaban en el bus eran famosísimas stars de la televisión que habían vuelto luego a la escena.

Ayer tuve la misma sensación. Estaba viajando en un carro, me detuve en la autopista, de pronto se paró un bus y comenzaron a bajar mujeres: Cristina Castrillo, Patricia Ariza, Beatriz Camargo… mis ojos se abrieron y dije: “¿cómo es posible tener en un solo bus a estas mujeres?” No sé si se dan cuenta de tal riqueza. Estaba Deborah y por la noche llegaron otras. Mis ojos se vuelven siempre más grandes porque todas son grandes mujeres: cada una de ellas tiene una fuerza enorme en el lugar donde trabajan; cada una de ellas puede hacer un festival sola; cada una de ellas puede tener una escuela, puede organizar un festival, puede hacer libros y todas esas mujeres están juntas en un lugar, en uno solo. Durante diez días, coexisten en el Festival Magdalena.

Es una maravilla increíble, después me senté en el carro y pensé ¿qué es lo que me interesa: el pasado, el futuro? No, es este momento, es este enorme gozo de estar en el momento, estar en el presente, estar aquí y ahora. Y entonces, cuando pienso en la historia de estos 25 años —voy a tomar el opuesto de Geddy: 25 años es un cuarto de siglo, es una de esas cosas que entran en los libros, que marcan— y ¿qué es esta historia? Lo cierto es que no se trata de una ideología, no es un punto de vista siempre igual, es una memoria compartida.

Estar en una misma sala y hablar del pan enterrado o de la máscara en el árbol con Beatriz Camargo presente, la persona que hace 24 años hizo esto, no ocurre todos los días. No todos los días uno tiene el privilegio de estar en la misma sala, en el mismo lugar con personas con quienes comparte memoria. Y es una memoria incorporada, es una memoria que tenemos en el cuerpo, en nuestras células, en nuestra sangre, en nuestro pensamiento; pero no es una ideología porque haya que demostrar que tenemos razón o no, es que vivimos algunas cosas juntas, y estas experiencias se han depositado en nuestros cuerpos.

Siempre me pregunto cómo la hija de mi hermano sabe encender el video a los tres años de edad cuando yo no sé hacerlo. Hay una manera de pasar las informaciones, lo vivido, la experiencia a través de los cuerpos, las vibraciones, el aire que corre entre las personas. De esta manera, Magdalena Project ha pasado sus experiencias a las que son más jóvenes, a quienes aún no existían en este mundo cuando nosotros empezamos con la primera reunión en Trevignano, en el año 1983.

Si pienso Magdalena en todos estos años, puedo verlo como un proceso; pero ¿un proceso para llegar a cuál resultado? Durante el primer festival, en el 86, hicimos una improvisación: simplemente era caminar en líneas rectas y encontrarse, cambiar de dirección, hasta que de pronto de eso salió un espectáculo donde 24 mujeres gritaban en un estante: ¡Magdalena! Ahí supimos que esto era un espectáculo y después preparamos otro, hasta que nos preguntamos: ¿los espectadores tienen que pagar?, ¿esto es un resultado para lo cual hay que pagar o es otra cosa? Discutimos mucho y decidimos que no tenían que pagar.

Los primeros encuentros fueron con actrices; pero en nuestros talleres comenzaban a hacer de directoras y se encontraban con la palabra poder, autoridad, con la conciencia de lo que uno intenta decir con un espectáculo. El proceso nos ha llevado a hablar de política; pero política como postura, como tomar posición hacia lo que pasa en el mundo. También nos ha conducido a momentos en los cuales hemos pasado por la voz, por cantar la idea de tener mil mujeres juntas en un lugar especial; o a enfrentar el tema del centro y la periferia —¿cuál es el centro de la periferia o la periferia del centro?

Y todo esto es parte del proceso de Magdalena, el mismo proyecto que hace que nosotros estemos aquí juntas, que mis ojos se agranden al ver tanta riqueza en un solo lugar. Entonces pienso: ¿cuál es esta necesidad que hace que estemos aquí; qué es esta necesidad; por qué está ahí la palabra que hace que cada una llegue aquí, que cada una venga buscando algo? Magdalena es encuentro, es saber que este encuentro provoca otros encuentros y que siempre vale la pena producir el efecto olas: uno tira una piedra y el movimiento se reproduce. Espero el día en que Roxana organice un Magdalena en Las Tunas, por ejemplo, para no hablar de otros lugares en el mundo. Nuestra necesidad es estar aquí, ahora, y gozar de esto al mismo tiempo que trabajamos muy duramente; es este trabajo y este oleaje el que nos hace sonreírle al mundo. 

* Julia Varley: actriz del Odin Teatret, de Dinamarca. Fundadora del Magdalena Project.

 
 
 
 


GALERÍA de IMÁGENEs
Magdalena sin fronteras

LA JIRIBILLA Nro. 433
Teatro de Las Estaciones
(Quince años celebrando la invisibilidad)

LA JIRIBILLA Nro. 444
(Trece Festival Internacional de Teatro de La Habana)

LA JIRIBILLA Nro. 454
Estudio Teatral de Santa Clara (Dos décadas soñando con remolinos)

LA JIRIBILLA Nro. 483
Actrices de la "nueva escena" cubana
(Hornada de talentos)
.
© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.