La Habana. Año IX.
22 al 28 de ENERO
de 2011

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Resistencia a la invisibilidad
Jill Greenhalgh* • Santa Clara
Fotos: Carolina Vilches

¿Quién puede pensar que después de 25 años estamos aquí, en Cuba?

La Magdalena empezó en Gales, en 1986. Fue un festival pequeño, con muy poco dinero, con la idea de reunir a las mujeres de teatro y ver qué podía pasar. No teníamos un objetivo a largo plazo, solo estábamos llenas de energía y deseos de encontrarnos. Después de estos 25 años de actividad ―que nunca se ha detenido―, tenemos incluso un tercer Festival en Cuba, que resulta increíble por tratarse de mujeres debatiendo sobre su trabajo.

En el último año, se realizó dos veces el Festival Magdalena en Brasil, en Taiwán, Colombia, Perú, Australia, Italia: todo en un año. Una pequeña idea puede expandirse eficientemente, aun cuando eso no era necesariamente lo que estábamos tratando de hacer: no había un plan, no había marketing ni dinero; además, había muy poco interés fuera de las mujeres que dijeron “yo quiero ir” y, de hecho, esa situación continúa. Después de 25 años de un trabajo global enorme, de reuniones organizadas en todo el mundo con personas de muy poco dinero, que han involucrado a miles de mujeres que hacen teatro, aún el stablishment no está interesado. ¿Por qué?  

El Magdalena es muy joven, 25 años es el principio de una vida. Ya es un adulto; pero todavía está aprendiendo mucho ―espero―. En este año del aniversario 25, decidimos hacer un nuevo libro con el título Legado y desafío, dos palabras muy importantes. Es hora de pensar sobre eso y articular qué legado hemos creado para las nuevas generaciones, qué desafíos todavía continúan y cuáles debemos insistir en ofrecer a los jóvenes. El Proyecto Magdalena significa mujeres haciendo teatro, cruzando fronteras que necesitan encontrarse para desafiar el aislamiento que sienten. El legado que podemos vivir brevemente es el de combatir el aislamiento, para lo cual hemos encontrado algunos muy inteligentes y sagaces trucos de cooperación. Hemos sido muy inteligentes como una comunidad mundial de mujeres artistas. En algunos sentidos, hemos abrazado la marginalización, hemos dicho: “bien, nosotros jugamos allí, ustedes juegan en el medio, nosotros iremos por aquí y haremos lo que querramos”. Pienso que el Proyecto Magdalena ha viajado mucho más lejos que la mayoría de las instituciones que conozco. Espero que no sea muy vanidoso, pero debemos hablar un poco más sobre nosotros mismos.

Voy a citar un fragmento de mi contribución al nuevo libro:

“Toma tiempo y energía hacer que nuestros eventos sucedan porque los poderes culturales que se mantienen todavía no tienen un interés particular en estos aparentemente separatistas, potencialmente feministas, con una asunción experimental, que no crean ganancias. Eventos que no ofrecen ninguna ganancia para ninguna política dominante que exista en algún contexto del que tenga noticias. Esto abre muchas líneas de búsqueda sobre por qué existe tal situación. No obstante, no hemos priorizado el tiempo para desarrollar un discurso riguroso sobre este asunto. Nuestra energía, en los últimos 25 años, se ha concentrado en responder a los principales dilemas de esta corriente dominante de desinterés. La energía se ha concentrado en la resistencia a la invisibilidad, a través de acciones y del hacer. Mi pregunta es si hemos cometido algunos errores al no entrar en un discurso político más riguroso; pero quizá todo esto fue resultado de un instinto vital.”

Este es mi dilema en el aniversario 25: verdaderamente, veo a muchas de mis amigas y colegas de mi edad ―algunas de ellas, con una larga vida de trabajo―, cansadas, todavía aisladas, económicamente inestables. Continuamos viviendo en los márgenes e, incluso, volviéndonos más invisibles, casi transparentes.

Es el asunto más importante sobre el que debemos reflexionar porque será lo mismo para las próximas generaciones, en los próximos 25 años. Honestamente, no sé sobre qué pistas está la nueva generación. No sé si están deseando mayor visibilidad y reconocimiento por las autoridades establecidas o si, de algún modo, como mi generación, quieren aún mantenerse en los márgenes y transformar este obstáculo en una ventaja, como creo que lo hemos hecho nosotros. Esta es una de mis preguntas: ¿hemos sido suficientemente visibles en el discurso feminista político o hemos sido inteligentes al mantenernos fuera de él? Reflexionemos. El Magdalena es para eso.

* Jill Greenhalgh: profesora y directora teatral del Reino Unido, fundadora del Magdalena Project.

 
 
 
 


GALERÍA de IMÁGENEs
Magdalena sin fronteras

LA JIRIBILLA Nro. 433
Teatro de Las Estaciones
(Quince años celebrando la invisibilidad)

LA JIRIBILLA Nro. 444
(Trece Festival Internacional de Teatro de La Habana)

LA JIRIBILLA Nro. 454
Estudio Teatral de Santa Clara (Dos décadas soñando con remolinos)

LA JIRIBILLA Nro. 483
Actrices de la "nueva escena" cubana
(Hornada de talentos)
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.