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¿Quién puede pensar que
después de 25 años
estamos aquí, en Cuba?
La Magdalena empezó en
Gales, en 1986. Fue un
festival pequeño, con
muy poco dinero, con la
idea de reunir a las
mujeres de teatro y ver
qué podía pasar. No
teníamos un objetivo a
largo plazo, solo
estábamos llenas de
energía y deseos de
encontrarnos. Después de
estos 25 años de
actividad ―que nunca se
ha detenido―, tenemos
incluso un tercer
Festival en Cuba, que
resulta increíble por
tratarse de mujeres
debatiendo sobre su
trabajo.
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En el último año, se
realizó dos veces el
Festival Magdalena en
Brasil, en Taiwán,
Colombia, Perú,
Australia, Italia: todo
en un año. Una pequeña
idea puede expandirse
eficientemente, aun
cuando eso no era
necesariamente lo que
estábamos tratando de
hacer: no había un plan,
no había marketing
ni dinero; además, había
muy poco interés fuera
de las mujeres que
dijeron “yo quiero ir”
y, de hecho, esa
situación continúa.
Después de 25 años de un
trabajo global enorme,
de reuniones organizadas
en todo el mundo con
personas de muy poco
dinero, que han
involucrado a miles de
mujeres que hacen
teatro, aún el
stablishment no está
interesado. ¿Por qué?
El Magdalena es muy
joven, 25 años es el
principio de una vida.
Ya es un adulto; pero
todavía está aprendiendo
mucho ―espero―. En este
año del aniversario 25,
decidimos hacer un nuevo
libro con el título
Legado y desafío,
dos palabras muy
importantes. Es hora de
pensar sobre eso y
articular qué legado
hemos creado para las
nuevas generaciones, qué
desafíos todavía
continúan y cuáles
debemos insistir en
ofrecer a los jóvenes.
El Proyecto Magdalena
significa mujeres
haciendo teatro,
cruzando fronteras que
necesitan encontrarse
para desafiar el
aislamiento que sienten.
El legado que podemos
vivir brevemente es el
de combatir el
aislamiento, para lo
cual hemos encontrado
algunos muy inteligentes
y sagaces trucos de
cooperación. Hemos sido
muy inteligentes como
una comunidad mundial de
mujeres artistas. En
algunos sentidos, hemos
abrazado la
marginalización, hemos
dicho: “bien, nosotros
jugamos allí, ustedes
juegan en el medio,
nosotros iremos por aquí
y haremos lo que
querramos”. Pienso que
el Proyecto Magdalena ha
viajado mucho más lejos
que la mayoría de las
instituciones que
conozco. Espero que no
sea muy vanidoso, pero
debemos hablar un poco
más sobre nosotros
mismos.
Voy a citar un fragmento
de mi contribución al
nuevo libro:
“Toma tiempo y energía
hacer que nuestros
eventos sucedan porque
los poderes culturales
que se mantienen todavía
no tienen un interés
particular en estos
aparentemente
separatistas,
potencialmente
feministas, con una
asunción experimental,
que no crean ganancias.
Eventos que no ofrecen
ninguna ganancia para
ninguna política
dominante que exista en
algún contexto del que
tenga noticias. Esto
abre muchas líneas de
búsqueda sobre por qué
existe tal situación. No
obstante, no hemos
priorizado el tiempo
para desarrollar un
discurso riguroso sobre
este asunto. Nuestra
energía, en los últimos
25 años, se ha
concentrado en responder
a los principales
dilemas de esta
corriente dominante de
desinterés. La energía
se ha concentrado en la
resistencia a la
invisibilidad, a través
de acciones y del hacer.
Mi pregunta es si hemos
cometido algunos errores
al no entrar en un
discurso político más
riguroso; pero quizá
todo esto fue resultado
de un instinto vital.”
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Este es mi dilema en el
aniversario 25:
verdaderamente, veo a
muchas de mis amigas y
colegas de mi edad
―algunas de ellas, con
una larga vida de
trabajo―, cansadas,
todavía aisladas,
económicamente
inestables. Continuamos
viviendo en los márgenes
e, incluso, volviéndonos
más invisibles, casi
transparentes.
Es el asunto más
importante sobre el que
debemos reflexionar
porque será lo mismo
para las próximas
generaciones, en los
próximos 25 años.
Honestamente, no sé
sobre qué pistas está la
nueva generación. No sé
si están deseando mayor
visibilidad y
reconocimiento por las
autoridades establecidas
o si, de algún modo,
como mi generación,
quieren aún mantenerse
en los márgenes y
transformar este
obstáculo en una
ventaja, como creo que
lo hemos hecho nosotros.
Esta es una de mis
preguntas: ¿hemos sido
suficientemente visibles
en el discurso feminista
político o hemos sido
inteligentes al
mantenernos fuera de él?
Reflexionemos. El
Magdalena es para eso.
* Jill
Greenhalgh: profesora y
directora teatral del
Reino Unido, fundadora
del Magdalena Project.
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