La Habana. Año IX.
22 al 28 de ENERO
de 2011

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Nuestro punto de partida
es Tamoanchán: teatro
Beatriz Camargo* • Santa Clara
Fotos: Cristian González

Todo lo que sucede en nuestro entorno está absolutamente ligado a la manera como hemos asumido nuestra vida cotidiana y artística; manera que, en los tiempos de ahora, presenta metafóricamente las mismas dichas y dificultades de su matriz.

No se trata de que hayamos llegado, victoriosamente, a una meta. Hemos entendido muy bien las palabras de don Juan Matus a Carlos Castañeda: “En esta vida, no hay victorias ni derrotas, hay lucha…”. Si conseguimos que el arbolito crezca, metafóricamente hablando, luego hay que estarle quitando la tilancia… Y, esta, abunda…

Un 18 de abril del año 2003, sucedió mágicamente algo. Después de 16 años, recogí siete hermosísimos y grandes  frutos: unos higos de un penco como los que se dan en México, que había estado años sin que le aflorara esa deliciosa, dulce y rosácea carne. El almuerzo de ese día fue una fiesta entre mi hija, mi nieto y yo, que nos dimos el gran banquete: unos frutos que tenían el delicioso sabor de 16 años de preparación.

Estamos entrando en una era donde el hombre y la mujer, juntos, tenemos que rendirle cuentas a la Madre Naturaleza. Ahora, después de más de cinco mil años de incesantes guerras y depredación, la tierra se ve amenazada.

Entonces, nos hacemos la gran pregunta: ¿veremos, hombres y mujeres juntos, la entrada de esa era donde el amor es la única condición para que se produzca la tan anhelada sabiduría —la conciencia de que la especie humana también es naturaleza— que durante todos estos siglos pareció siempre huir al plano de las utopías?  

Recordemos, con los indios Keres de Laguna Pueblo, que hay un espíritu que está por sobre todo, que es capaz del poderoso canto y del movimiento radiante, que penetra y sale de la mente. Los colores de este espíritu son múltiples, un radiante y palpitante arco iris. Abuela Araña es uno de los nombres de este espíritu quintaesencial. Mujer Serpiente es otro. Mujer Grano es uno de sus aspectos. Mujer Tierra es otro. Y lo que estos aspectos han hecho, reunidos, es llamado Creación: tierra, criaturas, plantas, luz, amor.

Y para los Keres, en el centro de todo, está la mujer y nada es sagrado, cocido, madurado, sin su bendición y su pensamiento… Como nos hemos olvidado de la tierra, le hemos dado la espalda a su espíritu. Es más, ¡lo estamos espantando!

Durante estos últimos cinco mil años, lo que se fue llamando civilización y progreso se expandió por el mundo, como modelo, hasta llegar a la propuesta de globalización, que impera hoy, dejando al margen lo real femenino. Se han establecido doctrinas, leyes y morales empleadas para el negocio de la guerra y apropiación de la tierra por la conquista violenta, destruyendo pueblos y culturas milenarias, guardianas de ese poderoso canto de sabiduría.

Estas llamadas sociedades civilizadas, menospreciando otros hombres y mujeres de la tierra, han sido construidas bajo la unilateralidad de un derecho establecido por leyes y normas patriarcales, donde lo real femenino —tanto de hombres como de mujeres— no ha encontrado albergue hospitalario. Hasta hace muy poco tiempo, se consideró a la mujer sin alma. Lo mismo que sucedió, por ejemplo, con los aborígenes americanos.

También nos olvidamos de que nuestra primera experiencia del ánima se da a través de la madre y que su verdadera función es la creatividad… El canto de la sangre es el canto de Psique en busca de Eros: ahí se alberga, escondida, la verdadera sabiduría…

¿Cómo puede una civilización ser “sabia”, si ha excluido por tantos siglos la participación activa del canto de esa matriz universal que corre por las venas de cada hombre, de cada mujer? Y es que, claro, estas sociedades se fueron formando bajo un principio y unas instancias que reproducen únicamente la participación activa de la ley patriarcal, para conformar la llamada “historia”. Instancias basadas en la “racionalidad” que fundamenta la propiedad como el elemento sobre el cual se erigen relaciones jerárquicas, en cuya cima se encuentra el reino absoluto de “una” ley, “un” rey, “un” dios por encima del ser, anulándolo como matriz creadora… como diosa biodiversa.

“Todo lo que consideramos como cultura, inteligencia, civilización, debe comparecer un día en el tribunal de Dionisio, el infalible justiciero”, dice Nietzsche, ese otro visionario.

Hasta hace poco, la lucha de las mujeres se había dado, en lo fundamental, por ser aceptadas dentro de ese juego de leyes, dentro de ese sistema que sigue siendo unilateral y jerárquico. Y entonces, nos encontrábamos jugando con la misma “pelota” de leyes y normas. Repitiendo, reproduciendo lo que esas tales leyes sustentan: propiedad, consumo, explotación, mercado, conquista, guerra….

Hemos llegado a extremos tan absurdos como el de hablar de “marketing cultural” y de “empresas culturales”. Como si la visión y los sueños, que son sagrados, pudiesen estar en el mercado.

Pero la llamada utopía es posible. Ya estamos entendiendo, hombres y mujeres, que no se trata de ir contra los hombres propiamente dichos, sino el de entender el problema de género en relación con ese poder y sus leyes, que corresponden a un sistema que consume a la Madre Naturaleza, incluida la especie misma.

Si re-creamos, re-inventamos una tierra donde podamos ser reconocid@s, celebrad@s, soñad@s, tod@s l@s  que la habitamos, en todos los planos imaginados: mineral, vegetal, animal; y los no imaginados, la utopía se habrá hecho realidad.

Dentro de nuestra propuesta teatral, el actor-actriz está también por re-constituirse, restaurarse, re-nacerse como unidad donde todas las fuerzas se conjugan en ese Daimon que según Giordano Bruno es el cuerpo, lugar donde todo es posible: “punto de encuentro de las diferencias infinitas que se pueden dar en los seres”. Ese Daimon, actor-actriz, que puede llegar a la unidad, es en el que todo palpita, se mueve y piensa, por ejemplo, como maíz, jaguar, venado, peyote,  piedra, sol… montaña… El-la que logra que toda su presencia sea una visible, o una plena, total, en la recreación, festejo, jolgorio o ceremonia: en el biodrama.

Hay una sabiduría escondida; no la castiguemos más, no la rompamos más. En ella habitan las divinidades, y si no fuera por ella, no podríamos llegar a saber quiénes somos, de dónde venimos o cómo podremos llamarnos…

Seguimos buscando en nuestros sueños, en los mitos, en las visiones, para recordar a Nuestra Madre… Digamos con los Nahuatl de México:

“Amarillas flores abrieron la corola

Es nuestra Madre, la del rostro con máscara.

Tu punto de partida es Tamoanchán.

Amarillas flores son tus flores.

Es nuestra madre, la del rostro con máscara.

Tu punto de partida es Tamoanchán:

Teatro.”        

* Beatriz Camargo: actriz y directora del Teatro Itinerante del Sol, Colombia. Fundadora del Magdalena Project.

 
 
 
 


GALERÍA de IMÁGENEs
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Teatro de Las Estaciones
(Quince años celebrando la invisibilidad)

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Actrices de la "nueva escena" cubana
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.