La Habana. Año IX.
22 al 28 de ENERO
de 2011

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MAGDALENA PROJECT
Un sitio donde conquistar la vitalidad
Geddy Aniksdal* • Santa Clara
Fotos: Carolina Vilches

En su último discurso, uno de mis maestros dijo que nosotros podíamos —y destaco: “podíamos”— pensar estos encuentros como un lujo. Es un lujo para nosotros poder salir de nuestra rutina diaria y estar aquí juntos; es un día sagrado. Podemos dedicarlo a algo que es más grande que nosotros y creo que este Festival, el tercero, es una de esas cosas. Me quito el sombrero para agradecer a Roxana, a su equipo de asistentes y a toda la buena voluntad en Cuba que ha hecho posible este tercer encuentro.

¿En qué estaba pensando? A la edad de 25 años empecé en el teatro; estaba pensando en la humanidad dentro de la profesión; estaba pensando en la resistencia, sin convertirme en un mártir; estaba pensando en calidad y detalles; estaba pensando en humanidad y conocimiento; estaba pensando en desarrollo, deseo de desarrollo; estaba pensando en la fuerza de la cooperación.  

También hay una frase de este mismo maestro que dice que además de ser una parte de lo establecido, algunas personas eligen tener una vida secreta. ¿Quién quiere hacer el pastel y quién quiere comerse el pastel? Voy a contar dos pequeñas historias que son parte de mi contribución a un nuevo libro que hemos editado sobre el Proyecto. Espero que una de ellas tome lo que hemos llamado “el punto de vista humanista” y la otra vaya al punto de vista de la profesión. Creo profundamente que somos una mezcla de ambos.

Había una vez una mujer que trabajaba en un asilo de ancianos en Dinamarca. Se preocupaba mucho por las mujeres que estaban dementes, quería regalarles algo que experimentar en la vida, quería montarlas en un globo. Tenían 90 años de edad, no podían caminar o hablar o recordar, y costó diez mil euros hacer posible esta expedición. Ella habló con todas las personas que tenían dinero para pedirles, si les era posible, que contribuyeran para poner a estas mujeres dementes en un globo. Obtuvo el financiamiento de la última persona con la que habló; pero esta, a su vez, preguntaba: “¿por qué quieres llevar a cinco mujeres al cielo cuando ellas no van a poder recordar que estuvieron allí?” Y la mujer respondió: “porque sonríen y se ríen mientras están allá arriba”.

La expresión favorita de uno de los compositores con el que trabajamos a menudo es “emociones”. Él dice que uno sabe cuándo el trabajo tiene “emociones”: cuando la emoción está allí, sabes que está y la emoción entra, tiene una vida propia y un agradable fluir, va con esta fluidez. ¡Hay tantas expresiones para describir esto! Es lo que trato de encontrar en mi trabajo teatral, un regreso al antiguo ritual de la última noche de verano, de reuniones espontáneas entre familiares y amigos, jóvenes y viejos, en un espectáculo donde solo hay participantes, donde el encuentro se dirige a sí mismo: no hay bien, no hay mal, escribe su propio camino.

Para entender esta misteriosa y sencilla vía de interacción, de ser —que es casi imposible de recrear sobre el escenario— ha sido desde el principio una línea directriz de mi trabajo encontrar o (re)experimentar este fluir, esta emoción, la fiesta que se dirige a sí misma en sus idas y venidas, comiendo, bebiendo, riendo y llorando. Esta puede ser una fiesta del sábado por la noche, donde comer y beber puede suceder sin que alguien sepa cómo y dónde, donde mientras sientes que están todos juntos, estás también involucrado en hablarle al vecino de la puerta de al lado que está sentado junto a ti en la mesa, de modo que no observa realmente la habitación completa. ¿Quién no daría todo por este fluir?

Cuando todo va bien, cuando una cosa solo sigue a la otra, el fluir siempre es mucho, el fluir de estar en un grupo donde las tareas tienen que ser hechas en un tiempo, la belleza del fluir cuando tus manos son buenas para hacer, y tú no estás remplazando la estera o el pasarse unos a otros los ladrillos, cuando esto va por sí mismo, cuando esto va sin decir. Me ha tomado mucho tiempo de mi vida entender que todas las cosas están conectadas, y que mi trabajo —nuestro trabajo— es hallar y hacer las conexiones.

Dejé mi pueblo de la clase obrera para ir hacia el gran mundo en busca de trabajo y conexiones, experiencias de distintos tipo, un tipo que todavía no puedo identificar. No sabía qué era lo que podía hacer o a dónde quería pertenecer, solo sabía lo que no quería hacer. Esta vía negativa ―que creo que también funciona para el Magdalena Project― involucra un largo proceso de incertidumbre, pero el contacto es una búsqueda mientras lo continúas viendo. El fluir, la emoción, el gesto, el movimiento, el pulso, tienen que estar vivos, y el Magdalena Project es un lugar donde es posible tratar de conquistar esa vitalidad.          

* Actriz noruega, integrante del Grenland Friteater y fundadora del Magdalena Project.  

 
 
 
 


GALERÍA de IMÁGENEs
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(Quince años celebrando la invisibilidad)

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.