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En su último discurso, uno de mis
maestros dijo que
nosotros podíamos —y
destaco: “podíamos”—
pensar estos encuentros
como un lujo. Es un lujo
para nosotros poder
salir de nuestra rutina
diaria y estar aquí
juntos; es un día
sagrado. Podemos
dedicarlo a algo que es
más grande que nosotros
y creo que este
Festival, el tercero, es
una de esas cosas. Me
quito el sombrero para
agradecer a Roxana, a su
equipo de asistentes y a
toda la buena voluntad
en Cuba que ha hecho
posible este tercer
encuentro.
¿En qué estaba pensando? A la edad
de 25 años empecé en el
teatro; estaba pensando
en la humanidad dentro
de la profesión; estaba
pensando en la
resistencia, sin
convertirme en un
mártir; estaba pensando
en calidad y detalles;
estaba pensando en
humanidad y
conocimiento; estaba
pensando en desarrollo,
deseo de desarrollo;
estaba pensando en la
fuerza de la
cooperación.
También hay una frase de este mismo
maestro que dice que
además de ser una parte
de lo establecido,
algunas personas eligen
tener una vida secreta.
¿Quién quiere hacer el
pastel y quién quiere
comerse el pastel? Voy a
contar dos pequeñas
historias que son parte
de mi contribución a un
nuevo libro que hemos
editado sobre el
Proyecto. Espero que una
de ellas tome lo que
hemos llamado “el punto
de vista humanista” y la
otra vaya al punto de
vista de la profesión.
Creo profundamente que
somos una mezcla de
ambos.
Había una vez una mujer que
trabajaba en un asilo de
ancianos en Dinamarca.
Se preocupaba mucho por
las mujeres que estaban
dementes, quería
regalarles algo que
experimentar en la vida,
quería montarlas en un
globo. Tenían 90 años de
edad, no podían caminar
o hablar o recordar, y
costó diez mil euros
hacer posible esta
expedición. Ella habló
con todas las personas
que tenían dinero para
pedirles, si les era
posible, que
contribuyeran para poner
a estas mujeres dementes
en un globo. Obtuvo el
financiamiento de la
última persona con la
que habló; pero esta, a
su vez, preguntaba:
“¿por qué quieres llevar
a cinco mujeres al cielo
cuando ellas no van a
poder recordar que
estuvieron allí?” Y la
mujer respondió: “porque
sonríen y se ríen
mientras están allá
arriba”.
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La expresión favorita de uno de los
compositores con el que
trabajamos a menudo es
“emociones”. Él dice que
uno sabe cuándo el
trabajo tiene
“emociones”: cuando la
emoción está allí, sabes
que está y la emoción
entra, tiene una vida
propia y un agradable
fluir, va con esta
fluidez. ¡Hay tantas
expresiones para
describir esto! Es lo
que trato de encontrar
en mi trabajo teatral,
un regreso al antiguo
ritual de la última
noche de verano, de
reuniones espontáneas
entre familiares y
amigos, jóvenes y
viejos, en un
espectáculo donde solo
hay participantes, donde
el encuentro se dirige a
sí mismo: no hay bien,
no hay mal, escribe su
propio camino.
Para entender esta misteriosa y
sencilla vía de
interacción, de ser —que
es casi imposible de
recrear sobre el
escenario— ha sido desde
el principio una línea
directriz de mi trabajo
encontrar o (re)experimentar
este fluir, esta
emoción, la fiesta que
se dirige a sí misma en
sus idas y venidas,
comiendo, bebiendo,
riendo y llorando. Esta
puede ser una fiesta del
sábado por la noche,
donde comer y beber
puede suceder sin que
alguien sepa cómo y
dónde, donde mientras
sientes que están todos
juntos, estás también
involucrado en hablarle
al vecino de la puerta
de al lado que está
sentado junto a ti en la
mesa, de modo que no
observa realmente la
habitación completa.
¿Quién no daría todo por
este fluir?
Cuando todo va bien, cuando una cosa
solo sigue a la otra, el
fluir siempre es mucho,
el fluir de estar en un
grupo donde las tareas
tienen que ser hechas en
un tiempo, la belleza
del fluir cuando tus
manos son buenas para
hacer, y tú no estás
remplazando la estera o
el pasarse unos a otros
los ladrillos, cuando
esto va por sí mismo,
cuando esto va sin
decir. Me ha tomado
mucho tiempo de mi vida
entender que todas las
cosas están conectadas,
y que mi trabajo
—nuestro trabajo— es
hallar y hacer las
conexiones.
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Dejé mi pueblo de la clase obrera
para ir hacia el gran
mundo en busca de
trabajo y conexiones,
experiencias de
distintos tipo, un tipo
que todavía no puedo
identificar. No sabía
qué era lo que podía
hacer o a dónde quería
pertenecer, solo sabía
lo que no quería hacer.
Esta vía negativa ―que
creo que también
funciona para el
Magdalena Project―
involucra un largo
proceso de
incertidumbre, pero el
contacto es una búsqueda
mientras lo continúas
viendo. El fluir, la
emoción, el gesto, el
movimiento, el pulso,
tienen que estar vivos,
y el Magdalena Project
es un lugar donde es
posible tratar de
conquistar esa
vitalidad.
* Actriz
noruega, integrante del
Grenland Friteater y
fundadora del Magdalena
Project.
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