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Deborah Hunt, del
Proyecto Maskhunt
Motions de Puerto Rico,
de nuevo en Santa Clara,
de nuevo en Magdalenas
de Cuba como parte de la
identidad de este evento
y como es habitual
impartiendo un taller
que tiene que ver con el
universo de la figura,
esta vez para la
construcción y animación
de títeres inspirados
por la técnica del Bunrraku japonés
titulado Jugando con los
muertos.
Así es Deborah, de
espíritu trashumante y
laborioso como quien le
toma el pulso al tiempo
cabalgando sobre él,
destino típico de su
diario ocupándose de
hacer funciones y
talleres por disímiles
lugares en el mundo; los
últimos los realizó en
Taiwán y Jordania, y
ahora en Cuba.
El lugar seleccionado es
la sede del grupo de
teatro Dripy, espacio
que fascina a Deborah y
a todos. Pequeña sala
que nos acuna, limpia y
ordenada, bordeada por
un portal y un jardín
donde predomina el verde
de plantas ornamentales
y vegetales. Allí nos
reunimos 16 personas, en
su mayoría jóvenes, de
los grupos Nueva Línea
de Ciudad de La Habana,
Guiñol de Guantánamo,
Ombe Teatro de Chile y
teatristas villaclareños
de Alánimo, Guiñol de
Santa Clara, Teatro
Laboratorio, Magic Show,
Arte y Parte, y el
propio Dripy.
Lo correcto en la
soltura de lo imperfecto
Comenzamos de inmediato
el domingo en la mañana
a las nueve. Deborah
explica en síntesis
sobre el atractivo del
Bunrraku, de lo curioso
y difícil en su
animación y juega con
los tantos años que son
necesarios para que los
animadores dominen ese
arte. No se preocupen
—dice— haremos una
estructura articulada y
crearemos una ilusión.
Se inicia sin mucho
acuerdo, solo con
indicaciones básicas
dejando libre la
iniciativa de los
talleristas. Ella
recuerda que el títere
es hipérbole y a la vez
síntesis, que debe tener
contrastes atractivos,
pero también una fuerte
necesidad de sugerencia.
Se trata de la paradoja
de decir y no decirlo
todo.
Hace hincapié en las
articulaciones, en las
distancias y los
volúmenes de la
estructura anatómica
para el muñeco. Ella
conduce a lo correcto
dado en la soltura de lo
imperfecto. La maestra
insiste en que
comprobemos mientras
construimos. Evitar la
absoluta simetría,
comprobar hasta dónde la
articulación hecha
consigue cada gesto o
movimiento, porque el
muñeco articulado
permite el uso de la
cabeza, el torso,
hombros, caderas, pies,
rodillas, codos y
fondillo.
Se estruja papel para
los volúmenes, se
colocan pequeños trozos
de madera que se enlazan
con una cuerda que es la
columna vertebral y el
centro de manos y pies
del títere; los nudos de
las cuerdas son las
articulaciones. Todo se
enlaza con cinta
adhesiva, después
silicona y los mandos
son finas varillas
juntas o lápices que se
dividen a la mitad. Se
agregan con más papel
los relieves que
deseemos y para el final
goma y papel blanco, que
lo cubre todo. Deborah
recalca en la
sugerencia, no quiere
ojos evidentes o
imitaciones de la
realidad, quiere
sobriedad, nada de
colores. Entendemos que
quiere un artificio y
eso nos inquieta y
seduce, aunque no lo
comentemos.
Han pasado cuatro horas
y nosotros los
talleristas apenas si
hemos tenido tiempo de
mirarnos a la cara, solo
la certeza de que
nuestros ojos y manos se
ocupan de lo que se
construye porque hay que
dejarlos secando a la
una de la tarde para
continuar mañana. Así
fueron colocados al sol
del portal, con sumo
cuidado, como quien
acuna un niño para que
duerma tranquilo. La
fase constructiva lleva
consigo la experiencia
de armar el personaje
como recurso expresivo
de la escena.
La maestra agradece.
Después de atizar la
envestida, manifiesta
alegre que no puede
creer que los títeres se
construyeran en solo una
mañana.
Cadenas de acciones que
paren personajes
Para el segundo día
llegamos todos muy a
tiempo, ya sabemos lo
importante que es.
Encontramos a los
títeres acostados en
posiciones diversas al
azar encima de unos
tablones que reposan en
las butacas de la sala
de Dripy. La luz de la
mañana refracta en el
verde del jardín e
ilumina a los títeres.
Deborah toma fotos
extasiada. Nosotros
recibimos a nuestras
criaturas algo
sorprendidos,
comprobando el secado de
los cuerpos.
La maestra de inmediato
indica que trabajemos
solos descubriendo lo
que hemos engendrado,
qué información nos da y
cuál es su identidad.
Ella propone que
provoquemos posiciones y
actitudes diferentes y
observemos a distancia.
La sala de Dripy tiene a
la izquierda un puente
por donde fluye el río
Bélico y al frente
cruzando la calle Martí
un parque todo naranja.
Ya fueron traídas dos
puertas que se
convirtieron en una
enorme mesa para
trabajar nuestro
Bunrraku. Débora nos
envía a explorar esos
tres espacios mientras
vemos ángulos y
reacciones de los
títeres relacionándose
con el entorno y con
nosotros. Nos agrupamos
por instinto y Deborah
pide trabajar en dúo, no
importa con cuál muñeco,
y esto se convierte en
las primeras bondades
para con el compañero de
trabajo.
Los títeres a cuatro
manos y dos almas
bailan, aprenden a
caminar, a saludar,
pensar, comer,
despertar. Las personas
de la calle curiosean e
interactúan. La maestra
visita a los dúos y da
pequeñas orientaciones:
todas estímulos para
explorar; también ríe.
En ella hay una urgencia
que nosotros captamos y
con más fuerza nos
entregamos porque ya es
una necesidad muy
individual en nosotros
también.
Hay que armar una
pequeña cadena de
acciones, nada
complicado y sin apuro,
es importante que el
títere esté delante de
nosotros porque él es el
que narra, él es el
personaje y no nosotros.
Se trata de descubrir el
títere con la energía de
los dos animadores que
intervienen.
En diez minutos se
preparan y presentan
naciendo los primeros
pequeños ejercicios.
Deborah da anotaciones
mínimas pero precisas,
sobre todo estimulando
lo logrado, y de
inmediato indica
trabajar en trío con los
títeres que no se han
usado, recordando cómo
se reparten en el
Bunrraku las partes para
ser animadas. Todas
estamos conformes porque
es tan complejo que
cualquier zona es
interesante y trabajosa.
Después de otros diez
minutos ya estamos
presentando nuevos
ejercicios que afloran
sin obstáculos porque
las pequeñas historias
nacen de la interacción
y no de la imposición.
Así repletos del goce de
un parto dejamos a
nuestros personajes
reposando en el tablón
donde se refracta la luz
en verde de Dripy hasta
el día siguiente que ya
es el último.
Títeres al desnudo
Aprovechamos la mañana
del tercer día limpiando
los ejercicios del día
anterior, volvemos a
compartir la sala, el
puente y el parque. Se
vuelven a presentar
todos los ejercicios en
dúos y tríos pensando en
un posible orden y
poniendo
títulos. Así surgen
títulos como el gateador,
el que espera y nada, el
orador, el cantante, el
barrigón, la que baila,
el malabarista, la
mosca.
Deborah propone
ejercicios que deben
interactuar. Alguien
debe salir con un muñeco
y mostrarlo como objeto.
Quiero hacerlo y me
preparo, me dice que es
simplemente llegar con
el objeto y mostrar su
anatomía. Otro
tallerista entra y lo
incorpora. Son solo
destellos.
Propone que estemos
todos juntos uno al lado
del otro, nos da órdenes
de mando con estados
anímicos y pequeñas
acciones; le obedecemos,
nos divertimos y
jugamos. Deborah
recuerda la dirección de
la mirada porque el
espectador está
pendiente de la mirada
del títere aunque no
tenga ojos pintados y
nos hace un llamado muy
especial relacionado con
la inmovilidad y el
reposo lleno de
contenido donde parece
que no sucede nada. El
títere piensa, no
ensuciar con las manos.
Hay que marcar el sentir
del títere y los que
llevan los pies trabajar
los detalles de la
flexiones.
Salimos todos con
nuestros tesoros en las
manos y con la tarea de
volver al Guiñol
vestidos de negro para
la demostración.
La presentación
Llegamos bellos y
elegantes a la sesión de
la tarde, vestimos la
mesa de trabajo y
estuvimos algún tiempo
poniéndonos de acuerdo
con entradas y salidas
con eficiencia como
indica la maestra. El
títere es el centro, el
titiritero no expresa,
debe estar neutro y la
muestra tiene que fluir,
se enlaza un ejercicio
con otro sin
interrupción que
distraiga. Entendemos
que se trata solo del
títere en su universo.
Hemos hecho un ciclo de
vida en solo tres
encuentros, sabemos que
puede y es hermoso lo
que tenemos. Diez o 15
minutos antes de la
muestra ante el público,
Deborah pide disculpas
porque ni siquiera nos
presentamos en los días
anteriores presionados
por el trabajo. Nos
divierte y sin más
comenzamos a decir
quiénes somos y lo que
sentimos. Sin duda fue
el mejor preámbulo para
la función: supimos que
Deborah ya estaba feliz.
Ocurre ese instante
peculiar de la escena,
30 minutos donde
inusitados seres cobran
vida y se exhiben al
desnudo. “Objetos
muertos” alimentados con
nuestro aliento para
entregar fragmentos de
sus destinos felizmente
acompañados del público.
Después de terminada la
muestra con besos y
abrazos junto a la
maestra, los títeres
volvieron a las manos de
sus Geppettos a
encontrar nuevos
caminos. Sí, al decir de
Deborah Hunt, “Jugamos
con los muertos” en las
Magdalenas de Cuba 2011. |