La Habana. Año IX.
22 al 28 de ENERO
de 2011

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Cabalgando sobre el tiempo
al encuentro de un artificio
Blanca Felipe Rivero • Santa Clara
Fotos: Cristyan González

Deborah Hunt, del Proyecto Maskhunt Motions de Puerto Rico, de nuevo en Santa Clara, de nuevo en Magdalenas de Cuba como parte de la identidad de este evento y como es habitual impartiendo un taller que tiene que ver con el universo de la figura, esta vez para la construcción y animación de títeres inspirados por la técnica del Bunrraku japonés titulado Jugando con los muertos.
 

Así es Deborah, de espíritu trashumante y laborioso como quien le toma el pulso al tiempo cabalgando sobre él, destino típico de su diario ocupándose de hacer funciones y talleres por disímiles lugares en el mundo; los últimos los realizó en Taiwán y Jordania, y ahora en Cuba.

El lugar seleccionado es la sede del grupo de teatro Dripy, espacio que fascina a Deborah y a todos. Pequeña sala que nos acuna, limpia y ordenada, bordeada por un portal y un jardín donde predomina el verde de plantas ornamentales y vegetales. Allí nos reunimos 16 personas, en su mayoría jóvenes, de los grupos Nueva Línea de Ciudad de La Habana, Guiñol de Guantánamo, Ombe Teatro de Chile y teatristas villaclareños de Alánimo, Guiñol de Santa Clara, Teatro Laboratorio, Magic Show, Arte y Parte, y el propio Dripy.

Lo correcto en la soltura de lo imperfecto

Comenzamos de inmediato el domingo en la mañana a las nueve. Deborah explica en síntesis sobre el atractivo del Bunrraku, de lo curioso y difícil en su animación y juega con los tantos años que son necesarios para que los animadores dominen ese arte. No se preocupen —dice— haremos una estructura articulada y crearemos una ilusión.

Se inicia sin mucho acuerdo, solo con indicaciones básicas dejando libre la iniciativa de los talleristas. Ella recuerda que el títere es hipérbole y a la vez síntesis, que debe tener contrastes atractivos, pero también una fuerte necesidad de sugerencia. Se trata de la paradoja de decir y no decirlo todo.

Hace hincapié en las articulaciones, en las distancias y los volúmenes de la estructura anatómica para el muñeco. Ella conduce a lo correcto dado en la soltura de lo imperfecto. La maestra insiste en que comprobemos mientras construimos. Evitar la absoluta simetría, comprobar hasta dónde la articulación hecha consigue cada gesto o movimiento, porque el muñeco articulado permite el uso de la cabeza, el torso, hombros, caderas, pies, rodillas, codos y fondillo.

Se estruja papel para los volúmenes, se colocan pequeños trozos de madera que se enlazan con una cuerda que es la columna vertebral y el centro de manos y pies del títere; los nudos de las cuerdas son las articulaciones. Todo se enlaza con cinta adhesiva, después silicona y los mandos son finas varillas juntas o lápices que se dividen a la mitad. Se agregan con más papel los relieves que deseemos y para el final goma y papel blanco, que lo cubre todo. Deborah recalca en la sugerencia, no quiere ojos evidentes o imitaciones de la realidad, quiere sobriedad, nada de colores. Entendemos que quiere un artificio y eso nos inquieta y seduce, aunque no lo comentemos.

Han pasado cuatro horas y nosotros los talleristas apenas si hemos tenido tiempo de mirarnos a la cara, solo la certeza de que nuestros ojos y manos se ocupan de lo que se construye porque hay que dejarlos secando a la una de la tarde para continuar mañana. Así fueron colocados al sol del portal, con sumo cuidado, como quien acuna un niño para que duerma tranquilo. La fase constructiva lleva consigo la experiencia de armar el personaje como recurso expresivo de la escena.

La maestra agradece. Después de atizar la envestida, manifiesta alegre que no puede creer que los títeres se construyeran en solo una mañana.

Cadenas de acciones que paren personajes

Para el segundo día llegamos todos muy a tiempo, ya sabemos lo importante que es. Encontramos a los títeres acostados en posiciones diversas al azar encima de unos tablones que reposan en las butacas de la sala de Dripy. La luz de la mañana refracta en el verde del jardín e ilumina a los títeres. Deborah toma fotos extasiada. Nosotros recibimos a nuestras criaturas algo sorprendidos, comprobando el secado de los cuerpos.

La maestra de inmediato indica que trabajemos solos descubriendo lo que hemos engendrado, qué información nos da y cuál es su identidad. Ella propone que provoquemos posiciones y actitudes diferentes y observemos a distancia.

La sala de Dripy tiene a la izquierda un puente por donde fluye el río Bélico y al frente cruzando la calle Martí un parque todo naranja. Ya fueron traídas dos puertas que se convirtieron en una enorme mesa para trabajar nuestro Bunrraku. Débora nos envía a explorar esos tres espacios mientras vemos ángulos y reacciones de los títeres relacionándose con el entorno y con nosotros. Nos agrupamos por instinto y Deborah pide trabajar en dúo, no importa con cuál muñeco, y esto se convierte en las primeras bondades para con el compañero de trabajo.
 

Los títeres a cuatro manos y dos almas bailan, aprenden a caminar, a saludar, pensar, comer, despertar. Las personas de la calle curiosean e interactúan. La maestra visita a los dúos y da pequeñas orientaciones: todas estímulos para explorar; también ríe. En ella hay una urgencia que nosotros captamos y con más fuerza nos entregamos porque ya es una necesidad muy individual en nosotros también.

Hay que armar una pequeña cadena de acciones, nada complicado y sin apuro, es importante que el títere esté delante de nosotros porque él es el que narra, él es el personaje y no nosotros. Se trata de descubrir el títere con la energía de los dos animadores que intervienen.

En diez minutos se preparan y presentan naciendo los primeros pequeños ejercicios. Deborah da anotaciones mínimas pero precisas, sobre todo estimulando lo logrado, y de inmediato indica trabajar en trío con los títeres que no se han usado, recordando cómo se reparten en el Bunrraku las partes para ser animadas. Todas estamos conformes porque es tan complejo que cualquier zona es interesante y trabajosa.

Después de otros diez minutos ya estamos presentando nuevos ejercicios que afloran sin obstáculos porque las pequeñas historias nacen de la interacción y no de la imposición. Así repletos del goce de un parto dejamos a nuestros personajes reposando en el tablón donde se refracta la luz en verde de Dripy hasta el día siguiente que ya es el último.

Títeres al desnudo

Aprovechamos la mañana del tercer día limpiando los ejercicios del día anterior, volvemos a compartir la sala, el puente y el parque. Se vuelven a presentar todos los ejercicios en dúos y tríos pensando en un posible orden y poniendo títulos. Así surgen títulos como el gateador, el que espera y nada, el orador, el cantante, el barrigón, la que baila, el malabarista, la mosca.

Deborah propone ejercicios que deben interactuar. Alguien debe salir con un muñeco y mostrarlo como objeto. Quiero hacerlo y me preparo, me dice que es simplemente llegar con el objeto y mostrar su anatomía. Otro tallerista entra y lo incorpora. Son solo destellos.

Propone que estemos todos juntos uno al lado del otro, nos da órdenes de mando con estados anímicos y pequeñas acciones; le obedecemos, nos divertimos y jugamos. Deborah recuerda la dirección de la mirada porque el espectador está pendiente de la mirada del títere aunque no tenga ojos pintados y nos hace un llamado muy especial relacionado con la inmovilidad y el reposo lleno de contenido donde parece que no sucede nada. El títere piensa, no ensuciar con las manos. Hay que marcar el sentir del títere y los que llevan los pies trabajar los detalles de la flexiones.

Salimos todos con nuestros tesoros en las manos y con la tarea de volver al Guiñol vestidos de negro para la demostración.


La presentación

Llegamos bellos y elegantes a la sesión de la tarde, vestimos la mesa de trabajo y estuvimos algún tiempo poniéndonos de acuerdo con entradas y salidas con eficiencia como indica la maestra. El títere es el centro, el titiritero no expresa, debe estar neutro y la muestra tiene que fluir, se enlaza un ejercicio con otro sin interrupción que distraiga. Entendemos que se trata solo del títere en su universo.

Hemos hecho un ciclo de vida en solo tres encuentros, sabemos que puede y es hermoso lo que tenemos. Diez o 15 minutos antes de la muestra ante el público, Deborah pide disculpas porque ni siquiera nos presentamos en los días anteriores presionados por el trabajo. Nos divierte y sin más comenzamos a decir quiénes somos y lo que sentimos. Sin duda fue el mejor preámbulo para la función: supimos que Deborah ya estaba feliz.

Ocurre ese instante peculiar de la escena, 30 minutos donde inusitados seres cobran vida y se exhiben al desnudo. “Objetos muertos” alimentados con nuestro aliento para entregar fragmentos de sus destinos felizmente acompañados del público.

Después de terminada la muestra con besos y abrazos junto a la maestra, los títeres volvieron a las manos de sus Geppettos a encontrar nuevos caminos. Sí, al decir de Deborah Hunt, “Jugamos con los muertos” en las Magdalenas de Cuba 2011.

 
 
 
 


GALERÍA de IMÁGENEs
Magdalena sin fronteras

LA JIRIBILLA Nro. 433
Teatro de Las Estaciones
(Quince años celebrando la invisibilidad)

LA JIRIBILLA Nro. 444
(Trece Festival Internacional de Teatro de La Habana)

LA JIRIBILLA Nro. 454
Estudio Teatral de Santa Clara (Dos décadas soñando con remolinos)

LA JIRIBILLA Nro. 483
Actrices de la "nueva escena" cubana
(Hornada de talentos)
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.