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Se asegura que Kazimir
Malevich alguna vez no
halló qué plasmar en sus
lienzos. El padre del
suprematismo ruso,
entrampado en su propio
método, vio rota la
fuente de su inspiración
tras dibujar “Cuadrado
blanco sobre fondo
blanco”, segunda parte
de su inmortal “Cuadrado
negro sobre fondo
blanco”, ambos en la
cuerda creativa de la
abstracción. La
anécdota, aunque remota
para el pintor cubano
Maykel Herrera
(Camagüey, 1979), se
implica en su concepción
del arte plástico.
¿Existe verdaderamente
la abstracción? ¿Cuáles
serían los lugares donde
buscarla?
Ella se inscribe en el
pensamiento del hombre,
está en su sensibilidad,
es una bendición con que
contamos los seres
humanos que a mí me ha
marcado muy
profundamente. Yo trato
de aprovechar cuanto
pueda de su aspecto
experimental: el juego
con el salpicado, las
líneas resultantes de la
Pintura de Acción,
incluso el dripping
de Jackson Pollock,
redondean mi trabajo.
Para tener un momento de
un gran razonamiento hay
que tener un gran
silencio, un instante de
abstracción.
Por ejemplo, con mi
reciente exposición
No veo nada me
propuse especialmente
provocar al público a
partir de mi arte no
figurativo. Si se nota,
desde el título estoy
lanzando un desafío a
los asistentes a la
muestra con el propósito
de que buscaran sentido
donde aparentemente no
lo había. Esta es una
prueba de cómo el arte
no figurativo puede
invitar al razonamiento,
a la comunicación, pues
a pesar de que promuevo
entre el público la
contemplación de mis
cuadros, me atrae más la
promoción del mensaje,
del entendimiento.
Sin embargo, ¿usted no
es un pintor abstracto?
No, no creo serlo. Me
siento solo un enamorado
de las cualidades que le
son inherentes, de la
potencialidad expresiva
de sus mecanismos.
Maykel Herrera no podría
ser el creador que es
sin la abstracción, solo
que la abstracción puede
escapar sin él.
¿Por qué?
Porque soy alguien que
tiene mucho que decir:
el concepto, el
fundamento, son la
prioridad en mi obra.
Siempre me quedo con la
necesidad de un
criterio, siento su
ausencia; la abstracción
absoluta, para mí, ha
tenido más bien un
carácter terapéutico.
¿Cuáles son esos
conceptos, fundamentos,
criterios?
Como artista plástico
soy un intelectual, un
creador interesado en
proponer la reflexión,
el diálogo acerca de mi
mundo. Me siento un hijo
de mi época de la cual
extraigo la materia
prima a fin de componer
mis oraciones visuales.
Algo que va formulando
mi visualidad
continuamente es la
angustia de la
Humanidad. Aunque
pudiera parecer
contradictorio, de la
tragedia constante, del
padecimiento permanente,
me alimento.
El ilustre académico de
la Bauhaus, Paul Klee,
acostumbraba a decir:
“la pintura no reproduce
lo visible, sino que lo
hace” ¿Usted qué opina?
Lo interesante es poder
pintar lo que no se ve.
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