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Bien podría haberse
subtitulado
Crítica de la razón puta,
de Omar Pérez que
mereció el Premio de
Poesía Nicolás Guillén
2010—, “Sobre la
naturaleza humana”.
Desde que leí sus
primeros poemas percibí
que el autor nos
conducía a un descarnado
e impiadoso
desentrañamiento de lo
que es y es capaz de ser
y hacer la criatura
humana con su solitario
e ilusorio libre
albedrío, construyéndose
o aniquilándose a sí
misma, o construyendo o
aniquilando lo que le
dictan, en su impulso
irrefrenable, sus deseos
o necesidades más
imperiosas. Así somos
—parece decirnos con una
profunda ironía, con
indulgencia y
misericordia infinitas—,
este es el mundo que
tenemos, el que queremos
y aborrecemos al mismo
tiempo, que nos da vida
y mata continuamente,
siendo nosotros mismos
su instrumento y su fin.
En este nuevo libro,
Omar Pérez retoma o
reanuda el ejercicio de
la escritura como un
campo definitivamente
abierto a la más libre
exploración de las
posibilidades expresivas
de la palabra, sin
límites, sin temor a lo
estridente, inarmónico,
feo, brutal o impúdico,
porque la palabra todo
lo puede y todo se le
puede aceptar cuando es
manejada con
autenticidad y
sabiduría. Una vez que
un autor de verdadera
capacidad creativa le
pierde el miedo a la
palabra, lo puede todo.
Y
Crítica de la razón puta
es un claro ejemplo.
Omar Pérez se permite
entonces, ya dueño
absoluto de su voz,
aquello que en poesía se
teme ejercer y por tanto
se trata de evitar: el
compromiso que supone la
responsabilidad de estar
en el mundo. El
compromiso consigo mismo
y con la realidad
circundante, la que
deseamos o soñamos, o la
que nos inquieta,
rechazamos o aborrecemos
más profundamente:
Saber la verdad que
encierra
la angustia desarrollada
la misma verdad: la
tierra
sabe a tierra y sabe a
nada
Quería la vida muerta
de una vez, para dejarla
quería cerrar la puerta
y lo que hago es
quitarla
Se atreve en este libro,
entonces, a retomar y
reactualizar asuntos de
carácter ético,
filosófico, político y
hasta didáctico, poco
habituales hoy entre
nuestros poetas. Y lo
hace con una fuerza
comunicativa —que se
vale de la sátira, la
crítica abierta y un
humor penetrante— como
hace mucho no
encontrábamos en nuestra
poesía. Aborda así, por
ejemplo, con versos que
salen airosos en su
peligrosa vecindad con
la prosa y con el
lenguaje reflexivo,
temas tanto
trascendentales como
puntuales: la amenaza de
la destrucción
ecológica, la mentalidad
mercantilista y el
hedonismo del consumo,
la crisis moral, el
altruismo ausente, la
insensibilidad, el
oportunismo, la crueldad
y muchos otros; en un
legítimo afán por apelar
al mejoramiento del ser
humano, tan amenazado
ahora de desaparecer por
sus propios mecanismos
de autodestrucción.
Sigue buscando una
explicación al
hundimiento
del imperio iluminado:
un agujero volcánico por
el cual penetra el
océano.
Desde l’antigüedad a
nuestros días
nada describe mejor la
condición moral
Y en este empeño se
vale, como dijimos, de
una escritura de gran
versatilidad, pluralidad
de recursos y técnicas,
que no teme hacer lo que
se denomina desde
Nicanor Parra “antipoesía”,
para contribuir a una
actualización del
lenguaje poético.
Integra lo coloquial,
sin ningún prejuicio
lexical, con la
utilización de mundos
semánticos que provienen
de los más diversos
campos culturales,
sociales y hasta
científicos. Y con la
incorporación incluso de
formas versales
tradicionales, rimadas o
medidas, logradamente
enlazadas. Transforma,
distorsiona o recrea el
lenguaje en su
movimiento y régimen, de
acuerdo con sus propios
impulsos y sus
necesidades expresivas,
como convirtiéndolo en
una prolongación de su
ser. Sin dejarse inhibir
nunca por el efecto
chocante, disonante o
sin sentido que podría
causar a los posibles
lectores con sus
inéditas combinatorias.
Esta audacia y el
desafío de no hacer
concesiones,
probablemente sean lo
que dota a los poemas de
Crítica de la razón puta
de tanta elocuencia y
tanta fuerza. |