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El libro Artesanía y
religiosidad popular
cubana: la diversidad de
sus elementos plásticos,
de Jesús Guanche,
publicado por Ediciones
Adagio en 2010 (279
pp.), es la acertada
continuación y
profundización de una
línea de investigación
iniciada por Dennis
Moreno, cuando trabajaba
en el desaparecido
Instituto de Etnología y
Folklore de la otrora
Academia de Ciencias de
Cuba, hoy Ministerio de
Ciencia, Tecnología y
Medio Ambiente.
En la introducción,
Guanche explica que
“…los resultados que
ahora ponemos a
disposición del lector
constituyen solo el
inicio de lo que deberá
ser un conjunto de
monografías con una
mayor participación
colectiva”. Por tanto,
esperamos que pronto
podamos contar con esos
necesarios estudios.
Pero ahora tenemos la
oportunidad de contar
con este valioso y
enriquecedor libro,
objeto de la presente
reseña.
El capítulo primero está
dedicado a la santería
cubana y la identidad
cultural como paso
previo ante el
abordamiento del tema
central del libro, y en
el que su autor nos
recuerda que “La
santería cubana ha sido
y es no solo un medio de
resistencia cultural
contra los diversos
embates y actividades
hostiles catolizantes y
‘ateas’ desde la etapa
colonial hasta el
presente, sino que al
mismo tiempo representa
un importante canal de
comunicación, tanto para
el desarrollo de la
cultura de tradición
oral de una parte del
pueblo cubano (por la
riqueza de mitos,
cuentos, medicina
popular, artesanía,
alimentación, y muchas
otras) como para la
recreación artística
profesional o vocacional
de sus fundamentales
imágenes (artes
escénicas, visuales y
musicales)…”. La
santería, si bien no es
una práctica religiosa
común a todo el país,
tiene mayor arraigo en
la porción occidental,
aunque en los últimos
decenios se ha ido
expandiendo hacia el
oriente. No obstante
esto, como correctamente
acota Guanche, “…forma
parte indisoluble de la
identidad cultural
cubana contemporánea en
evidente proceso de
internacionalización”.
El segundo capítulo
aborda el culto del sol,
su complejo simbolismo y
diversas imágenes en
culturas de menor
desarrollo
socioeconómico, hasta
pasar de lleno al sol en
el culto de los orichas
o deidades de origen
yoruba, ya sea en
Nigeria o en Cuba. Lugar
especial en este
capítulo ocupa el
estudio de un rezo a
Ñangalé. Este capítulo
concluye con un estudio
de las imágenes del sol,
en el que el autor nos
alerta respecto de que
“A diferencia de la
religión yoruba, el sol
en la santería cubana
posee imágenes, pero en
el presente caso no
están atribuidas al sol
en sí, sino que se
encuentran situados como
atributos de
determinados orichas”,
por lo que sus imágenes
se colocan en soperas y
tinajas, colgando de las
coronas. Otro dato
interesante es que el
número de rayos del sol
debe estar en relación
directa o multiplicadora
respecto del atributo
numérico del oricha al
que está atribuido.
Complemento de este
acápite es la tipología
de los soles según su
forma, diámetro y
material. Las tablas, en
este caso específico,
son de gran utilidad
para visualizar la
diversidad de formas y
materiales, además de
las ilustraciones.
El tercer capítulo, “Las
imágenes del arco y la
flecha”, nos ofrece
información sobre estos
instrumento de trabajo,
devenidos objetos de
culto como símbolo de la
deidad yoruba Ochosi.
Sumamente interesante es
el hecho de que se les
utiliza también como
atributo de las deidades
Eleguá, Ogún y Oyá.
Redondea este capítulo
un interesante y
minucioso estudio
tipológico-estructural
de estos símbolos.
No menos atractivo es el
capítulo cuarto,
dedicado a la alfarería
de uso religioso en la
santería. El autor
aborda este empleo
tradicional de objetos
de barro en el complejo
de la santería, en un
principio,
relacionándolo con los
orichas guerreros:
Eleguá, Ogún y Ochosi.
Después aborda el
canastillero, mueble que
cumple funciones
religiosas para el
practicante y sus
allegados, en el que se
encuentran los objetos
de barro de gran
importancia para el
culto, sin pasar por
alto su entorno. El rito
de iniciación, en el que
se utilizan objetos de
barro, fundamentalmente
la cazuela del omiero
o líquido lustral, y
el rito mortuorio,
también son analizados
por el autor. No menos
interesante es el
estudio tipológico-estructural
de los objetos de barro
(cazuelas, tinajas,
librillos, soperas) y de
sus decoraciones con un
enfoque
morfológico-cromático.
Concluye este capítulo
con una actualizadora
información sobre los
aspectos estables y
mutables de la alfarería
de uso religioso debido
a la cambiante y
enriquecedora tradición,
a lo que se suman unas
anotaciones sobre su
proyección en la
plástica profesional.
En el quinto capítulo
constituye un revelador
estudio del famoso itón
abakuá y su
universalidad simbólica.
En realidad, se trata de
un conjunto de itones o
cetros ubicados en el
altar abakuá que
representan a las
dignidades conocidas
como Iyamba, Mokongo,
Abasongo, Mosongo,
Mbákara y Besoko. Una
excelente descripción de
determinados rituales
abakuá enriquece
considerablemente el
estudio de estos
emblemáticos signos de
poder en el seno de
estas agrupaciones.
Concluye el libro con el
capítulo sexto, dedicado
a los elementos
plásticos en tres de las
religiones populares
cubanas: santería,
palomonte y abakuá, que
comprende también el
sistema de
representación gráfica.
La bibliografía y las
acertadas ilustraciones
y fotos constituyen otro
ejemplo del minucioso,
paciente y cuidadoso
trabajo realizado por el
autor de este libro.
Francamente, esta obra
constituye un gran
aporte al mejor
conocimiento de este
complejo y multifacético
aspecto de nuestra
cultura que nos legó el
África subsahariana,
cuyo estudio
multidisciplinario
siempre ha tenido en el
Dr. Jesús Guanche a uno
de sus mayores
defensores y ejecutores.
Así, pues, agradecemos
profundamente a
Ediciones Adagio por la
acertada publicación de
esta novedosa obra sobre
una de las ramas de
nuestro inmenso y
frondoso árbol cultural:
la artesanía y su
vínculo con el mundo
mágico-religioso del
cubano. |