|
Perdida en la distancia,
pensativa y soñadora, la
mirada del Che,
capturada por Korda, se
ha convertido en un
icono universal de
esperanza y rebeldía.
Entre nosotros su legado
permanece vigente, como
paradigma de
consecuencia entre las
ideas y los actos, como
imagen de la entrega
suprema a favor de los
oprimidos, como
inclaudicable defensor
de la emancipación
humana. A su obra de
intelectual hay que
volver una y otra vez.
Marcada por su tiempo,
como toda tarea de esta
índole, trasciende la
época y resulta ahora
más necesaria que nunca.
Renunció a su vocación
literaria que asoma
todavía en los apuntes
de su diario boliviano
para afrontar, en la
vertebración de teoría y
praxis, el árido terreno
de las ideas. Con visión
precursora, advirtió
fisuras en el socialismo
europeo y predijo el
peligro de tomar el
sendero equivocado en el
bosque.
|
 |
Lector voraz, cultivó
con pasión el ajedrez.
Descubrió en este
apacible juego de mesa
un entretenimiento para
el ejercicio del pensar.
Representación de un
campo de batalla con sus
alfiles, caballos,
torres y peones, el
triunfo corresponderá a
quien mejor articule
táctica y estrategia.
Sin perder de vista el
objetivo final, jaque
mate al rey —clave
estratégica— hay que
diseñar el plan de
acción sin perder de
vista las intenciones
del oponente, su
parigual en fuerza. Como
sucede en toda sociedad
organizada, los
componentes son
diversos, ninguno
despreciable, aunque las
jerarquías hayan sido
definidas con precisión.
Los peoncitos andan a
pasos cortos, las torres
se mueven en línea
recta, los alfiles en
diagonal, los caballos
lo hacen a saltos y la
dama, colocada junto a
un monarca relativamente
pasivo, dispone de la
mayor libertad. Se
trata, por tanto, de un
universo dotado de
múltiples posibilidades,
donde la vacilación de
un peoncillo puede traer
consecuencias fatales. A
pesar de su perfil
medieval, las figuras
que intervienen en el
juego conservan vigencia
contemporánea para
orientar y conducir
procesos sociales de
distinta envergadura.
Entre ellos, se destacan
la mencionada
interacción entre
estrategia y táctica, la
interdependencia de la
acción de los individuos
más allá de la escala
jerárquica, la
determinación de la
esencia de los
conflictos, la
dilucidación de la
estrategia del
antagonista y el
entendimiento de la
diversidad intrínseca
del conglomerado
actuante.
Por esas y otras
razones, para el Che, el
cultivo del ajedrez ―al
que convocó a sus
colaboradores― fue mucho
más que un divertimento.
La labor intelectual del
Comandante guerrillero
se reconoce en el
trasfondo de toda su
actividad pública en la
permanente
retroalimentación entre
teoría y praxis. De su
experiencia de
combatiente en Cuba,
derivó sus concepciones
sobre los métodos de
lucha revolucionaria. De
la cotidianidad
compartida en el acoso y
la precariedad, extrajo
el conocimiento concreto
de los seres humanos,
con sus debilidades y su
potencial capacidad de
crecer. De sus vivencias
en la temprana
institucionalización en
un país subdesarrollado,
requerido de un programa
socialista en la
frontera de un poderoso
enemigo, examinó
críticamente los errores
cometidos en otras
partes e inquirió acerca
de las vías acertadas
para garantizar
supervivencia y porvenir
pasando por la necesaria
formación de un nuevo
sujeto de la historia.
En vertiginosa
transformación, el mundo
vive hoy bajo otras
circunstancias. Parece
bordear el Apocalipsis
en un contexto donde las
diferencias se acentúan
hasta hacerse
insalvables. Tantas son
las amenazas, que el
pensamiento comienza
apenas a despertar
después de un prolongado
letargo. Escépticos,
embotados por la falta
de imaginación y de
creatividad, algunos se
aferran a nuevos dogmas,
en la antítesis de los
que, en otros tiempos,
creyeron artículos de
fe.
Cuando se abre en Cuba
el análisis de los
lineamientos económicos
y sociales del Partido,
conviene regresar al
pensamiento del Che. El
panorama de la Isla es
otro, pero los rasgos
esenciales de su método
y su insaciable
aprendizaje de los datos
concretos de la realidad
y su vigencia crítica
respecto a las
experiencias ajenas, nos
concierne más que nunca,
en medio de la
turbulencia
contemporánea. No tuve
el privilegio de
trabajar a su lado, pero
me ha resultado
apasionante conocer el
testimonio de sus
colaboradores en el
Ministerio de
Industria.
Allí se revelaba con
dramática crudeza, la
herencia del
subdesarrollo. La
escasez de profesionales
y técnicos calificados
se agudizó con la
emigración de quienes
optaron por seguir los
pasos de los grandes
empresarios. La pirámide
social se sostenía sobre
una base de bajísimos
niveles de instrucción.
En una economía
dependiente, el bloqueo
anunciaba la inminente
falta de piezas de
repuesto. El latrocinio
gubernamental había
agotado las reservas de
capital. Los mercados
tradicionales para el
intercambio de bienes
desaparecieron.
Prescindiendo de un
antes y un después,
había que diseñar
perspectivas de
desarrollo mientras se
consolidaban chinchales
para prever lo
indispensable y ofrecer
empleo útil y estable en
un país sometido al
tiempo muerto y la
cesantía.
Las tácticas impuestas
por los reclamos de la
supervivencia inmediata
se integraban para el
Che al diseño de
estrategias de mayor
alcance. Había que
conocer hasta el detalle
los recursos naturales
existentes en el país, a
fin de establecer
apropiadas líneas de
desarrollo. Los nuevos
centros de investigación
científica asumieron esa
responsabilidad. Se
logró así una rápida
configuración del mapa
geológico de la Isla.
Por otra parte, la
construcción del
socialismo desde el
subdesarrollo planteaba
numerosas interrogantes.
En ese contexto, los
debates en torno a la
ley del valor, entre
otros temas, no
constituyeron un mero
ejercicio académico.
Incentivaron inquietudes
―fuente de creación― y
asumieron, en la
práctica, la necesidad
de incorporar el
pensamiento vivo,
inspirado en la
experiencia, a la
dialéctica de la
historia. Y, sobre todo,
consideró al hombre
―entendido como ser
humano― en tanto
protagonista, punto de
partida y objetivo final
de todo proceso de
transformación social.
|
 |
En la perspectiva del
socialismo, debe
establecerse una
relación recíproca, de
influencia mutua, entre
el individuo y la
sociedad. El constructor
consciente se construye
a través de una
permanente superación.
En la búsqueda de
fórmulas prácticas para
el logro de esos
propósitos, se produce
el debate acerca de los
estímulos materiales y
morales. Al polarizarse
en términos absolutos la
valoración de esos
factores, el análisis se
detuvo en algunas ideas
germinales. Interrogado
sobre el tema en Chile
de la unidad popular,
Carlos Rafael Rodríguez
comentó que, entre
nosotros, ninguno había
sido aplicado hasta sus
últimas consecuencias.
Con el andar del tiempo,
los salarios
permanecieron
congelados, sin ofrecer
respuestas efectivas a
los resultados del
trabajo en la producción
concreta de bienes y en
la creación de valores
de otra índole en la
investigación, la
docencia y los
servicios. Por otra
parte, la distribución
de recompensas de orden
moral, en la mayor parte
de los casos, se
formalizó
progresivamente. Faltó,
además, en muchos
sectores una adecuada
política de promoción y
ascenso de acuerdo con
los méritos acumulados.
El estímulo material,
términos de remuneración
o mediante otras vías,
resulta de implantación
más sencilla. Cuenta con
antecedentes en otras
sociedades. Y, sin
embargo, el nexo
mecánico entre trabajo y
ganancia, equitativo en
apariencia, no
constituye de hecho una
fuente de valores. Más
atento a la subjetividad
de la persona, el
diseño, el acicate moral
entraña un análisis
complejo dada la
influencia de múltiples
factores en el
desarrollo de la
conciencia humana. Se
trata de encontrar
fórmulas para hacer
tangible lo intangible,
vale decir, la dimensión
espiritual de una
filosofía de la vida.
Los pragmáticos no
dejarán de observar que
las apuestas a largo
plazo no ofrecen
solución a las demandas
apremiantes de la
realidad. Sin embargo,
lenta y pesada, la
tortuga puede llegar a
la meta antes que la
liebre.
Tal y como lo hemos
practicado, mediante la
entrega de diplomas o a
través del acceso a
vacaciones en ambientes
muy disfrutables, el
estímulo moral
constituye una
compensación grata para
el beneficiario. Pero,
acontecimiento aislado y
circunstancial, no
contribuye de manera
decisiva a conformar
paradigmas. No impulsa
tampoco a integrar una
red que articula el
perfil subjetivo de la
conducta excepcional a
un entramado social más
complejo, transformador
del impulso individual
en fuerza colectiva.
Para lograrlo resulta
indispensable,
traspasando el fragmento
de realidad donde cada
cual está, desencadenar
acciones participativas
que conjuguen los
esfuerzos de manos,
palabra y pensamiento de
todos para construir la
casa de todos, “donde
tan bien se está”. No es
empeño de un día, porque
se trata de producir,
paso a paso, eludiendo
formalismos, un cambio
en las mentalidades.
La ejecutoria del Che en
el Ministerio de
Industrias entroncaba
raigalmente, con la
visión estratégica de
Fidel respecto al pensar
independiente, a
democratizar la
instrucción y la
cultura, así como a
hacer de Cuba un país de
hombres de ciencia,
entendido este término
en su sentido más lato.
En poco tiempo, el salto
hacia delante en este
camino de expansión del
acceso al conocimiento
fue vertiginoso y aun
más sorprendente,
teniendo en cuenta la
precariedad del punto de
partida y las
circunstancias en que se
produjo, amén de los
errores y de los
zigzagueos en cuanto al
modo de implementar el
proyecto. Abrir
perspectivas a la
creación humana era tan
solo una parte
imprescindible en la
ejecución de la tan
aislada justicia social.
Respondía también a la
valoración objetiva, en
términos económicos, de
la realidad insular.
Los colonizadores
españoles advirtieron
muy pronto que Cuba no
disponía de emporio de
reservas minerales. Por
eso, se lanzaron de
inmediato a la conquista
de un continente más
promisorio. La feracidad
paradisíaca de la tierra
descubierta por Colón,
donde el ganado se
multiplicaba silvestre
entre pastizales
vírgenes que no
demandaban fertilizantes
químicos, se degradó con
la tala indiscriminada
de los bosques, el
cultivo extensivo de la
caña y la progresiva
salinizacion de las
tierras. Entonces, como
ahora, la economía del
país dependía, en gran
medida, del comercio
exterior.
A pesar de Girón y de la
Crisis de Octubre, con
su secuela de actos
terroristas, a pesar de
las pérdidas en
capacidades instaladas
por falta de insumos, de
piezas de repuesto y de
técnicos, el panorama
actual es mucho más
complejo debido a los
cambios producidos en el
contexto internacional.
En esta coyuntura, el
gran desafío consiste en
responder a las demandas
inminentes sin perder de
vista el porvenir,
también inminente que se
anuncia en cada
amanecer. Las tácticas
han de formularse
aparejadas al boceto de
las líneas básicas de
una estrategia. Pero la
noche pertenece también
a los poetas y a los
visionarios.
Los tiempos son
difíciles. Tenemos a
nuestro favor una
valiosa experiencia
acumulada, con la
distancia de medio siglo
recorrido que define
perspectivas y permite
una evaluación crítica.
Disponemos, asimismo, de
una infraestructura, a
veces gastada por el uso
y la falta de
mantenimiento. Y, sobre
todo, las estrategias
perfiladas en los 60 del
pasado siglo,
favorecieron el
crecimiento de un pueblo
instruido y de una
investigación científica
de avanzada, fuente de
producciones de alto
valor agregado. En el
planeta agredido por la
utilización
indiscriminada de sus
recursos naturales, el
capital humano, energía
renovable, representan
la reserva fundamental
para afrontar los
dilemas del futuro. La
solución de los
acuciantes problemas de
la economía no puede
afrontarse de manera
unilateral. Como en el
juego de ajedrez, el
movimiento impensado de
un peoncillo afecta el
comportamiento del
conjunto. Hay que poner
orden en la casa de
todos. Para lograrlo, se
imponen a veces urgentes
y dolorosas terapias.
Pero, el gran esfuerzo
transformador depende de
lo más profundo del
cuerpo de la nación.
|
 |
En un esbozo de
estrategia posible,
habrá que tener en
cuenta la producción del
capital humano, el
cuidado en potenciar al
máximo las capacidades
existentes, incentivar
la creatividad y
difundir, por vías
formales e informales,
junto con el
conocimiento acumulador,
aquel en proceso de
gestión y desarrollo.
Como en los años de
fundación, ciencia,
educación y cultura
deben seguir siendo
pilares fundamentales,
en estrecho diálogo de
carácter formativo,
conjunción de saberes
diversos, comprometidos
y responsables,
fermentos activos de
vida espiritual. La
necesaria racionalidad
económica, desde una
perspectiva socialista,
demanda la participación
del sujeto que siembra,
fertiliza, construye y
descubre en el trabajo,
además de la
remuneración merecida en
el plano personal, un
espacio de autoestima y
reconocimiento social,
un modo de realización
personal y, en última
instancia, un sentido de
la existencia. Como el
artista, el carpintero
habrá de sentir orgullo
por la obra bien hecha,
y el maestro se reconoce
en el despertar de sus
alumnos. Consolidar la
base económica equivale
a afianzar los cimientos
de un edificio. Pero la
sociedad es un cuerpo
palpitante, donde lo
intangible se convierte
en fuerza objetiva. Por
eso, el vínculo entre
base y superestructura
no es mecánico y
determinista. Se
establece a través de
relaciones recíprocas de
interdependencia. Volver
al Che significa, entre
otras cosas, interrogar
incesantemente la
realidad, simultanear
acción y pensamiento,
desconfiar de los
caminos trillados,
atender lo urgente sin
abandonar la mirada
soñadora y reflexiva
imantada por los anchos
horizontes. |