La Habana. Año IX.
8 al 14 de ENERO
de 2011

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Solo de Joan Baixas en La Habana
Rubén Darío Salazar • Matanzas
Foto: Cortesía del autor

Cuba, es algo más que La Habana, eso ya lo sabemos, los cientos de lugares, historias y personalidades de atención por toda la Isla así lo demuestran. No es menos cierto que la capital es tentadora y funciona como el rostro de un país que no se descubre verdaderamente hasta recorrerlo de punta a cabo, o sea, desde la Punta de Maisí hasta el Cabo de San Antonio. Los titiriteros famosos, con una obra sólida, coherente e infinita por su calidad ―estas características valen más que la fama en sí― también han pasado por el cocodrilo que permanece echado plácidamente entre México y los EE.UU. Desde que diversos saltimbanquis, juglares y titiriteros de lejanas tierras, pusieran un pie en la antigua Villa de San Cristóbal, varios siglos atrás, las visitas no han cesado. Para recordar fue la estancia en la Isla, por los años 30 del siglo XX, del titiritero italiano Vittorio Podrecca y su Teatro dei Pupi. Más acá, en los 70, tenemos las visitas del maestro sueco, de origen polaco, Michael Meschke y su Marionetteater, nada menos que con el Ubu rey, de Jarry. Del argentino Javier Villafañe, maese de Latinoamérica y el mundo, hasta la inolvidable visita en los 80 del maestro ruso Seguei Obratszov, junto con su Teatro Central de Muñecos de Moscú. Más acá, en los comienzos de los años 90, quien haya estado en las funciones de Derivas y Desir Parade, que ofrecieran, también en La Habana, la Compañía del francés Philippe Genty, sabrá bien de qué estamos hablando. No hubo artista de género alguno que haya podido sustraerse a la magia de los montajes de esa agrupación de vanguardia. Otra compañía de Francia, los del Teatro de sombras Amoros et Augustín, estuvieron presentes en la capital con su versión de la famosa novela El zorro, ahora con el nombre de Señor Z.

El Taller Internacional de Títeres de Matanzas, creado en 1994 por iniciativa del Teatro Papalote y, desde 2004, con el auspicio compartido de instituciones como el Consejo Provincial de Artes Escénicas y grupos como Teatro de Las Estaciones, la Galería El Retablo y el Centro de Documentación e Investigación de las Artes Escénicas, abrió una brecha de creadores visitantes hacia las provincias, pues desde sus inicios convidó a sus actividades a maestros como Los Hermanos Eduardo y Héctor Di Mauro, de Argentina; Paco Paricio, Iñaqui Juárez, y Enrique Lanz, todos de España; el mago de las sombras Fabrizio Montecchi, de Italia; Alain Lecucq y su teatro de papel, de Francia; entre otros como los suecos de Picnickteatern o Konrad Frederics, el punch man de Inglaterra. Estos ilustres convidados han hecho el viaje al revés, desde la Ciudad de los Ríos a la urbe capitalina, con paradas en otras ciudades del país como Cienfuegos y Camagüey.

Tengo la enorme satisfacción de haber visto en 1999, en Granada, al pintor y director de escena catalán Joan Baixas, una de las personalidades más destacadas del panorama teatral español, sin distingo de títeres y actores. La realización de sus espectáculos y performances, de intenso contenido visual, basados en la pintura en directo, la proyección de videos y animación de objetos, lo ubican en un lugar especial, muy difícil de etiquetar ―para aquellos que les encanta clasificar y definir. El espectáculo que vi se llamaba Tierra preñada. Una pantalla iluminada sobre la que Joan pintaba con tierra, y la música en vivo era todo. Un mundo de sugerencias y evocaciones, pequeñas historias contemporáneas con memorias de Australia, Rusia y Sarajevo se expresa desde la escena. Polvo, agua, barro, tierra oscura, tierra preñada, a punto de dar vida, como expone en su programa impreso de presentación.

Grande fue mi sorpresa al leer el periódico Granma el jueves 2 de diciembre y saber que el maestro Baixas estaba en La Habana, invitado por el recién creado grupo de títeres El Arca, con sede en la Casa Pedroso de La Habana Vieja. El periódico anunciaba además un taller y un espectáculo del que no ponía el título. Tuve el placer de conocer en abril de 2010, durante un Encuentro entre teatristas españoles y cubanos que organizó Teatro de las Estaciones con la Asociación Cultural Multilateral, de Huesca, y con el apoyo del Consejo Provincial de Artes Escénicas, de Matanzas, a Roser Vilá, una excelente y entusiasta productora que lleva el Teatro de La Claca, que dirige Joan Baixas en Cataluña, y supe del interés del maestro por visitar Cuba. Me alegro que haya sido tan rápido, no me alegro de que haya sido solo una visita habanera. Este solo de Joan Baixas en La Habana, honor y memoria para nuestra historia titiritera, quedará entre los mejores momentos de este año. Espero que los capitalinos que hayan tenido la posibilidad y el privilegio de verlo en vivo en Ciudad de La Habana, hayan aprovechado esta oportunidad única que nuestros mismos titiriteros posibilitan. Una ocasión de lujo sin lugar a duda, una exclusividad ocurrida justo en el cierre de 2010.

 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.