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Cuba, es algo más que La
Habana, eso ya lo
sabemos, los cientos de
lugares, historias y
personalidades de
atención por toda la
Isla así lo demuestran.
No es menos cierto que
la capital es tentadora
y funciona como el
rostro de un país que no
se descubre
verdaderamente hasta
recorrerlo de punta a
cabo, o sea, desde la
Punta de Maisí hasta el
Cabo de San Antonio. Los
titiriteros famosos, con
una obra sólida,
coherente e infinita por
su calidad ―estas
características valen
más que la fama en sí―
también han pasado por
el cocodrilo que
permanece echado
plácidamente entre
México y los EE.UU.
Desde que diversos
saltimbanquis, juglares
y titiriteros de lejanas
tierras, pusieran un pie
en la antigua Villa de
San Cristóbal, varios
siglos atrás, las
visitas no han cesado.
Para recordar fue la
estancia en la Isla, por
los años 30 del siglo
XX, del titiritero
italiano Vittorio
Podrecca y su Teatro dei
Pupi. Más acá, en los
70, tenemos las visitas
del maestro sueco, de
origen polaco, Michael
Meschke y su
Marionetteater, nada
menos que con el Ubu
rey, de Jarry. Del
argentino Javier
Villafañe, maese de
Latinoamérica y el
mundo, hasta la
inolvidable visita en
los 80 del maestro ruso
Seguei Obratszov, junto
con su Teatro Central de
Muñecos de Moscú. Más
acá, en los comienzos de
los años 90, quien haya
estado en las funciones
de Derivas y
Desir Parade, que
ofrecieran, también en
La Habana, la Compañía
del francés Philippe
Genty, sabrá bien de qué
estamos hablando. No
hubo artista de género
alguno que haya podido
sustraerse a la magia de
los montajes de esa
agrupación de
vanguardia. Otra
compañía de Francia, los
del Teatro de sombras
Amoros et Augustín,
estuvieron presentes en
la capital con su
versión de la famosa
novela El zorro,
ahora con el nombre de
Señor Z.
El Taller Internacional
de Títeres de Matanzas,
creado en 1994 por
iniciativa del Teatro
Papalote y, desde 2004,
con el auspicio
compartido de
instituciones como el
Consejo Provincial de
Artes Escénicas y grupos
como Teatro de Las
Estaciones, la Galería
El Retablo y el Centro
de Documentación e
Investigación de las
Artes Escénicas, abrió
una brecha de creadores
visitantes hacia las
provincias, pues desde
sus inicios convidó a
sus actividades a
maestros como Los
Hermanos Eduardo y
Héctor Di Mauro, de
Argentina; Paco Paricio,
Iñaqui Juárez, y Enrique
Lanz, todos de España;
el mago de las sombras
Fabrizio Montecchi, de
Italia; Alain Lecucq y
su teatro de papel, de
Francia; entre otros
como los suecos de
Picnickteatern o Konrad
Frederics, el punch
man de Inglaterra.
Estos ilustres
convidados han hecho el
viaje al revés, desde la
Ciudad de los Ríos a la
urbe capitalina, con
paradas en otras
ciudades del país como
Cienfuegos y Camagüey.
Tengo la enorme
satisfacción de haber
visto en 1999, en
Granada, al pintor y
director de escena
catalán Joan Baixas, una
de las personalidades
más destacadas del
panorama teatral
español, sin distingo de
títeres y actores. La
realización de sus
espectáculos y
performances, de intenso
contenido visual,
basados en la pintura en
directo, la proyección
de videos y animación de
objetos, lo ubican en un
lugar especial, muy
difícil de etiquetar
―para aquellos que les
encanta clasificar y
definir. El espectáculo
que vi se llamaba
Tierra preñada. Una
pantalla iluminada sobre
la que Joan pintaba con
tierra, y la música en
vivo era todo. Un mundo
de sugerencias y
evocaciones, pequeñas
historias contemporáneas
con memorias de
Australia, Rusia y
Sarajevo se expresa
desde la escena. Polvo,
agua, barro, tierra
oscura, tierra preñada,
a punto de dar vida,
como expone en su
programa impreso de
presentación.
Grande fue mi sorpresa
al leer el periódico
Granma el jueves 2
de diciembre y saber que
el maestro Baixas estaba
en La Habana, invitado
por el recién creado
grupo de títeres El
Arca, con sede en la
Casa Pedroso de La
Habana Vieja. El
periódico anunciaba
además un taller y un
espectáculo del que no
ponía el título. Tuve el
placer de conocer en
abril de 2010, durante
un Encuentro entre
teatristas españoles y
cubanos que organizó
Teatro de las Estaciones
con la Asociación
Cultural Multilateral,
de Huesca, y con el
apoyo del Consejo
Provincial de Artes
Escénicas, de Matanzas,
a Roser Vilá, una
excelente y entusiasta
productora que lleva el
Teatro de La Claca, que
dirige Joan Baixas en
Cataluña, y supe del
interés del maestro por
visitar Cuba. Me alegro
que haya sido tan
rápido, no me alegro de
que haya sido solo una
visita habanera. Este
solo de Joan Baixas en
La Habana, honor y
memoria para nuestra
historia titiritera,
quedará entre los
mejores momentos de este
año. Espero que los
capitalinos que hayan
tenido la posibilidad y
el privilegio de verlo
en vivo en Ciudad de La
Habana, hayan
aprovechado esta
oportunidad única que
nuestros mismos
titiriteros posibilitan.
Una ocasión de lujo sin
lugar a duda, una
exclusividad ocurrida
justo en el cierre de
2010. |