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Chano Pozo con Dizzy
Gillespie en 1947
Varios de los creadores
del bop tales como Dizzy
Gillespie, Bud Powell,
Charlie Parker, y los
bateristas Max Roach,
Kenny Clark y Art Blakey,
se interesaron desde un
principio en la música
afrocubana, como antes
lo habían hecho —entre
otros— Cab Calloway y
Duke Ellington, y poco
después seguían el mismo
camino el trompetista
Fats Navarro (de padres
cubanos), el saxo tenor
Sonny Rollins, el
pianista Horace Silver y
arreglistas como Gil
Fuller, Tadd Dameron,
Johnny Mandel y muchos
más. El centro focal de
esta música en Nueva
York se localizaba
aproximadamente donde
estuvieran tocando
Machito y sus
Afrocubanos. Dizzy
Gillespie fue uno de los
primeros en participar
en “descargas” cubanas
junto con Mario Bauzá,
Noro Morales y otros, y
también trabajó una o
dos semanas con la
orquesta de Alberto
Iznaga. Al formarse la
banda de Machito, Dizzy
acudía con frecuencia al
Park Plaza no solo a
visitar a su viejo amigo
Mario Bauzá, sino
también a sentarse a
tocar (sit-in) con los
músicos de la orquesta.
A su vez el baterista
Kenny Clarke, el hombre
que revolucionó la
manera de tocar su
instrumento en los
inicios del bop, se
refirió a sus frecuentes
visitas al Palladium
para tocar con bandas
latinas, entre ellas la
de Machito. En otra
parte hemos expresado la
opinión de que gran
parte del enfoque
innovador de Kenny
Clarke se debió a su
asimilación de los
ritmos y la sonoridad de
la percusión afrocubana1.
Otros músicos de jazz
frecuentaban el
Palladium, y es famosa
la foto en que la
extraña coincidencia de
Charlie Parker y Stan
Getz compartiendo la
mesa de un night club se
explica por la
presencia, junto a
ellos, de Machito y
Mario Bauzá.
La escena y las
condiciones estaban
preparadas para el
arribo a Nueva York de
Luciano Chano Pozo,
durante el apogeo del
mambo y la música
afrolatina en 1947.
Machito había conocido a
Chano en La Habana
cuando este apenas tenía
ocho años. Miguelito
Valdés en EE.UU. y Rita
Montaner en Cuba le
dieron el impulso para
continuar en Nueva York
la exitosa carrera de
compositor, tamborero,
cantante y bailarín de
rumba que había llegado
a su culminación en La
Habana. Finalmente,
Mario Bauzá lo puso en
contacto con Dizzy
Gillespie, quien no solo
estaba organizando la
mejor jazzband de
bop de
todos los tiempos, sino
andaba además en busca
de un percusionista
idóneo para hacer del
CU-BOP una realidad. La
historia de Chano Pozo
se ha convertido ya en
una leyenda y en objeto
de innumerables
polémicas que no vamos a
abordar aquí.
Probablemente quien
mejor ha sintetizado la
vida y el legado musical
de Chano ha sido Max
Salazar en varios
artículos para la
revista Latin Beat2.
Gillespie y Chano
actuaron en 1947 en el
Carnegie Hall
interpretando la Afro-Cuban
Drum Suite, y su
colaboración quedó
plasmada en las
grabaciones de otros
clásicos: “Manteca”,
“Tin Tin Deo” y “Algo
bueno” (o “Woodyin’ You”),
ambos de Chano y Dizzy,
y otros números como
“Cool Breeze”, aunque el
máximo ejemplo de la
maestría artística de
Chano se encuentra
probablemente en la
suite de jazz afrocubano
“Cubana-be, Cubana Bop”,
escrita por George
Russell. Desde entonces
se ha escrito mucho
sobre Chano Pozo,
particularmente debido a
su trágica muerte, y
tanto en Cuba como en
EE.UU. versiones
erróneas y hasta
absurdas sobre su vida y
muerte se han repetido
hasta el cansancio; su
propia figura ha sido
presentada
alternativamente como
“héroe” o “antihéroe”.
Un ejemplo es la versión
de que Chano habría
divulgado “toques
secretos” de la sociedad
afrocubana abakuá, lo
cual es imposible por
las propias reglas de
dicha sociedad, que
además no existía en
Nueva York en esa fecha,
y porque los tamboreros
cubanos que pertenecen a
la misma lo han negado y
siguen compartiendo su
admiración hacia Chano.
Hay otra versión,
proveniente esta vez de
la santería, según la
cual Chano incumplió una
promesa al orisha
Changó, pero esto queda
en un plano
estrictamente religioso.
En cuanto a la versión
real, sobre drogas y
resentimientos
personales, creo que ha
sido narrada con
exactitud en el trabajo
de Max Salazar, quien
contó con los
testimonios de Machito,
Mario Bauzá, Miguelito
Valdés y otras fuentes
confiables.3
La otra cuestión
debatida en torno a
Chano es estrictamente
musical: hay quienes
niegan que Chano fuera
el mejor tamborero de su
época, opinión
enteramente subjetiva
que no vale la pena
discutir. Otros, por el
contrario, no conformes
con el gran talento e
indiscutibles aportes de
Chano, exageran su
importancia dentro del
jazz y el bop, afirmando
que este estilo fue
aceptado gracias a la
presencia de Chano en la
banda de Dizzy, y
sostienen que las
variaciones rítmicas
introducidas por los
músicos de bop se deben
a su aporte,
desconociendo los
cambios introducidos en
la batería desde 1941
por Max Roach y Kenny
Clarke, por solo citar a
dos músicos entre los
creadores del bop.
Tampoco es cierta la
afirmación de que Chano
“no adaptó” su forma de
tocar a los
requerimientos del jazz
y a los arreglos de la
banda de Dizzy, sino que
“impuso” su estilo
propio y hubo que
seguirlo. Por el
contrario, el gran
mérito de Chano fue
adaptar los patrones
rítmicos de la tumbadora
(en los géneros
tradicionales cubanos) a
los que habían
establecido los
creadores del bop,
cambiando ciertos
acentos para evitar que
la parte de la tumbadora
en la polirritmia cubana
chocara con las
acentuaciones típicas
del bop, sobre todo en
el platillo (corchea con
puntillo, semicorchea,
negra, etcétera). No hay
que olvidar al respecto
que antes de llegar a
Nueva York, Chano Pozo
había tocado con grupos
de jazz en La Habana,
como señalamos en el
capítulo anterior.4
Machito
Existe también en Cuba
la tendencia —debido al
desconocimiento sobre
Machito y Mario Bauzá— a
considerar que el Afro-Cuban
Jazz nació del encuentro
y colaboración entre
Dizzy Gillespie y Chano
Pozo. Una vez aclarado
el papel fundamental que
correspondió a Mario
Bauzá en todo este
proceso, nos queda aún
recordar a otros músicos
de jazz que se
vincularon directamente
a Mario y a la banda de
Machito y sus
Afrocubanos; de
extraordinaria
importancia al respecto
son Charlie Bird Parker
y Stan Kenton, director
de la jazzband blanca
más experimental y
controvertida de aquel
momento.
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En 1947, año del
histórico concierto de
Dizzy y Chano en el
Carnegie Hall, se
produce en Town Hall
otro explosivo
encuentro: el “mano a
mano” entre las bandas
de Machito y Stan Kenton.
El resultado no se hizo
esperar: Kenton se
entusiasmó tanto con los
Afrocubanos que solicitó
a Machito que le
enseñara nuestros ritmos
y le encargó a su
arreglista de cabecera,
Pete Rugolo, la
composición de la pieza
“Machito”, en homenaje
al cubano. Poco después
Kenton grabó su
estupenda versión de
“The Peanut Vendor”,
para la cual contó con
la sección completa de
percusión de Machito y
con el cubano René
Touzet en el piano; y
esto fue antes de los
memorables conciertos y
grabaciones de Chano con
la banda de Dizzy en
1948. Ya Stan Kenton
había incursionado
ocasionalmente en lo
afrolatino, en 1941 con
“Tabú”, de Margarita
Lecuona, y luego con
obras de carácter más
experimental como
“Ecuador”, “Journey to
Brasil”, “Bongo Riff”,
“Introduction to a Latin
Theme” y “Fugue for
Rhythm Section”, con una
banda que incluyó al
guitarrista brasileño
Laurindo Almeida y al
bongosero italoamericano
Jack Constanzo. En los
años 50, Kenton
incrementaría esta
tendencia, contratando a
percusionistas como
Cándido Camero, Willie
Rodríguez y Carlos Vidal
y encargando a Chico
O'Farrill su composición
“Cuban Episode”, a
Johnny Richards la suite
“Cuban Fire” y otros
números básicamente
afrolatinos a distintos
arreglistas.
Otras grandes bandas
norteamericanas, negras
y blancas, habían
incursionado en el
material afrolatino,
como Duke Ellington, Cab
Calloway, Woody Herman y
Charlie Barnet, a los
que se sumaron en los 50
Jeny Wald, Hany James y
Gene Kupra, en parte
gracias al influjo de
Machito y sus
Afrocubanos. También el
cantante Nat King Cole y
diversos grupos de bop
incursionarían en la
música afrolatina, como
veremos. Pero, sin duda,
uno de los encuentros
más trascendentales
musicalmente fue el de
Charlie Parker con la
banda de Machito. Entre
diciembre de 1948 y
enero de 1949 se
hicieron las históricas
grabaciones de Parker y
machito “Okidoke”, “No
Noise” y “Mango Mangüé”
(la pieza de Gilberto
Valdés, no el número de
Francisco Fellove del
mismo nombre). Durante
esas sesiones se grabó
también “Tanga”, el
clásico de Mario Bauzá,
sin la participación de
Bird. En posteriores
sesiones, Machito y sus
Afrocubanos grabaron con
tres prominentes
solistas de jazz: Bird
Parker, Flips Philips
(saxo tenor) y el gran
baterista Buddy Rich,
así como la Afro-Cuban
Suite de Chico O'Farrill.
En sus sesiones con
Machito, la sección
rítmica que acompaña los
solos de alto de Bird
estuvo integrada por
René Hernández (piano),
Roberto Rodríguez
(contrabajo), José
Mangual (bongó), Luis
Miranda (tumbadora),
Ubaldo Nieto (pailas) y
Machito (maracas).
Charlie Parker
En el propio 1948, la
grabación de “Cubop City”
por Machito despertó
gran interés en los
círculos jazzísticos.
Junto con los
Afrocubanos actuaban de
solistas el saxo tenor
Brew Moore (el más fiel
seguidor blanco de
Lester Young) y el
trompetista Howard
McGhee (pionero del bop
en la trompeta junto con
Dizzy, Miles, Fats
Navarro, Kenny Dorham y
Red Rodney). En 1949
grabó Machito otro de
sus grandes hits
instrumentales, “Asia
Minar”, con el oboísta
Mitch Miller, el mismo
que compartió con Bird
en los álbumes de
Charlie Parker with
Strings. Otros éxitos de
Machito en lo que ya era
conocido por Cubop
fueron “Gane Cuy” y
“Hall of the Mambo
King”. El álbum doble
titulado Afro-Cuban
Jazz, con piezas
grabadas entre 1948 y
1954 (reeditado en 1981
con gran éxito) es
considerado una joya en
su género, e incluye a
tres grandes orquestas y
directores: Dizzy
Gillespie, Chico
O'Farrill y Machito. Los
arreglos son de Chico
O'Farrill, Mario Bauzá y
René Hernández, y la
sección de ritmo de
Machito actúa con las
tres bandas. La Afro-Cuban
Suite de Arturo
O'Farrill, con Dizzy
Gillespie como solista,
es hoy otro clásico del
jazz afrocubano, así
como “Mambo Inn”, de
Mario Bauzá se ha
convertido en un
estándar no solo en la
corriente latina, sino
del jazz en general.
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Durante los años 50,
Machito y sus
Afrocubanos obtuvieron
nuevos éxitos con
números como
“Christopher Columbus”,
“Consternation”,
“Dragnet Mambo”, “Mambo
Infiemo”, “Don't Tease
Me” y el álbum Kenya,
reeditado luego con el
título Latin Soul plus
Jazz. En este álbum los
solistas fueron
Cannonball Adderley
(saxo alto), Joe Newman
y Doc Cheatham
(trompetas), Johnny
Griffin y Ray Santos
(tenores), Eddie Bert y
Santo Russo (trombones),
Cándido Camero y Patato
Valdés (congas) y José
Mangual (bongó). Los
arreglos estuvieron a
cargo de René Hernández
y AK. Salim. Otro
interesante álbum fue
Machito with FLute to
Boot, una colaboración
con el flautista Herbie
Mann, quien se inclinaba
cada vez más hacia el
jazz latino. Los
arreglos eran del propio
Herbie Mann, quien
comparte los solos con
Johnny Griffin (tenor) y
Curtis Fuller (trombón).
Otros solistas de jazz
que tocaron con Machito
y sus Afrocubanos
(aunque algunos no
llegaron a grabar con
ellos), aparte de los ya
mencionados, fueron
Dexter Gordon, Jon
Faddis, Don Lamond, Lew
Soloff, Chico Freeman,
Eddie Bert, Richie Cole,
Stan Getz, Zoot Sims,
Lee Konitz... toda una
constelación que parece
un “Quién es quién en
jazz”, al menos desde la
década de los 40 hasta
los 805.
Desde luego que no cesa
ahí la lista de grandes
del jazz que se
interesaron por la
música y los ritmos
afrocubanos y asimilaron
muchos elementos de
ellos. El propio Charlie
Parker, en su famoso
quinteto con Miles Davis
en la trompeta y Wynton
Kelly en el piano,
incluyó en 1946 a dos
percusionistas cubanos:
Diego Iborra (conga) y
Guillermo Álvarez
(bongó); el baterista
era Max Roach. Y en 1951
incluyó a José Mangual
(bongó) y Luis Miranda
(conga) en un grupo que
completaban Walter
Bishop Jr. (piano),
Teddy Kotick (bajo) y
Roy Haynes (batería).
George Shearing,
artífice de un estilo
propio y que influyó
mucho sobre pianistas de
EE.UU. y Cuba, se volcó
hacia el estilo
pianístico cubano hacia
1950 e incorporó en su
grupo a percusionistas
cubanos como Armando
Peraza. A su vez el
pianista Billy Taylor
grabó con Cándido
Camero. El vibrafonista
Cal Tjader, que se dio a
conocer en el quinteto
de Shearing, se
convirtió en otro de los
paladines del jazz
afrocubano, empleando a
músicos como los
percusionistas Mongo
Santamaría y Armando
Peraza y al saxo tenor
José Chombo Silva. El
largo historial de
Chombo Silva, a quien
mencionamos en varios
capítulos, incluye su
participación en
diversos grupos y
orquestas tanto en La
Habana, como en Nueva
York y Europa; entre los
más importantes, podemos
mencionar la banda de
Isidro Pérez, Beny Moré,
Machito, James Moody,
César Concepción, René
Touzet. Cal Tjader y
Paquito D'Rivera.
Hay un hecho sumamente
interesante en este
proceso de fusión y “crossover”:
en 1949 el baterista
Cozy Cole, generalmente
asociado a la Era del
Swing, formó un grupo
llamado Los Cuboppers,
que incluía a los
percusionistas cubanos
Bill (Guillermo) Álvarez
y Diego Iborra, los
mismos que tocaron con
Charlie Parker y también
con la banda de Dizzy.
Con ellos, Cozy grabó
cuatro números para la
Decca, incluyendo dos
originales de Chico
O'Farrill: “Botao” y
“Mosquito Brain”. Lo
curioso es que en los
propios años 40, como
hemos visto, O'Farrill
había organizado en La
Habana un grupo llamado
los Beboppers. Ahora se
invertía la ecuación y
un músico norteamericano
formaba un grupo de
Cuboppers, contando
además con el propio
Chico. Esto recuerda
otra coincidencia ya
señalada: la creación en
La Habana del ritmo
Cubibop por el Niño
Rivera, en los momentos
en que en Nueva York
comenzaba a hablarse de
Cubop, con entera
independencia el uno del
otro. Y es que la fusión
entre la música
afrocubana y el jazz,
particularmente en esos
años, “estaba en el
ambiente”. No hay otra
explicación posible.
NOTAS:
1- Leonardo Acosta:
Música y
descolonización.
2- Max Salazar; “Chano
Pozo” (Part III/Conclusión),
en latin Beat, june
1993.
3- Véase el trabajo de
Max Salazar sobre
Machito. Mario lzá y
Graciela (en Cubop!...)
y el citado en la nota
25. También de mi
trabajo “Chano Pozo: el
tambor de Cuba”, en El
nuevo día (Revista
dominical). San Juan.
Puerto Rico, 20 de
octubre de 1996.
4- Véase al respecto lo
que señala Robert L.
Doerschuk: “Secrets of
Salsa Rhythms: Piano
with Hot Sauce”, en
Salsiology.
5- Larry Birnbaum: ob.
cit.; John Storm
Roberts: ob.
Cit.
Tomado de Descarga
cubana: el jazz en Cuba
1900-1950. Ediciones
Unión. |