La Habana. Año IX.
18 al 24 de DICIEMBRE
de 2010

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Oratorio San Felipe Neri
Una casa de “congregaciones” sucesivas
Josefina Ortega • La Habana
Fotos: Jorge Sariol

Asistir a un  concierto en la hermosa sala del Oratorio San Felipe Neri puede ser una experiencia edificante. Pareciera que su razón de ser hubiera sido siempre la de “congregar” a los amantes de la música. Pero la propia historia  del edificio demuestra que la vida sigue su transcurso y toma los giros que los humanos menos esperan.

Un tanto apartado del trasiego habitual de viandantes, el edificio que alberga a la sala de concierto del Oratorio de San Felipe Neri parece esconderse del mundanal ruido, si eso fuera posible.

Ubicada en la misma esquina de Obrapía y Aguiar era, según el arquitecto cubano Joaquín Weiss, una fachada sencilla con un “remate decorativo muy barroco (…) bien calculado para elevar las proporciones de conjunto hacia arriba y proveer un adecuado contrapunto a la torre”. Lamentablemente la torre ya no está.

El destino primigenio del oratorio fue, como su nombre lo indica, el de servir de sede a la Congregación de los Oratorianos, orden religiosa fundada en La Habana en 1666, por el obispo Juan de Santo Matía Sáenz de Mañozca y Murillo.

Al momento de la fundación de la orden, sus miembros tuvieron como diócesis la  vieja y en mal estado Parroquial Mayor de la ciudad, hasta que el 13 de noviembre de 1693, después de varios años de peregrinar por “intramuros” por fin tuvieron casa  propia cuando se les fabricó un nuevo templo.

La  situación de la Parroquial Mayor era tan precaria ―razón por la que los oratorianos en su momento se movieron de allí con sus “cheles”—, que los enterramientos de ilustres, que comúnmente se hacían dentro de la parroquial, se diseminaron en otros templos de La Habana.
 

La nueva iglesia de San Felipe Neri ahora sede de la  Congregación de los Oratorianos,  se convirtió también en cementerio, con el mayor número de inhumaciones (406) registradas entre el 27 de octubre de 1775 hasta 1783.

Segundo destino
 

Lo verdaderamente curioso comienza un poco antes porque los Oratorianos fueron desalojados de allí en 1762, durante la ocupación inglesa, pues los “casacas rojas la  solicitaron” al obispo católico español para realizar sus cultos protestantes.
 

De modo que los oratorianos solo vivieron 69 años en la edificación, pues se afirma que tras la partida británica nunca más volvieron a poner un pie en ella dejando a un síndico la administración del inmueble.
 

 

Tercer destino
 

La iglesia fue luego baluarte de 29 miembros de la Orden de los Capuchinos, quienes la ocuparon el 12 de junio de 1784, luego de desembarcar y, directamente desde el muelle, ir en procesión, con sus estandartes, crucifijos y demás ornamentos. Cuentan que los frailes encontraron demasiado lujoso el edificio para el estilo de vida espartana que preconizaban.

Con todo y a pesar de eso y de que el Rey, el Gobernador y las propias autoridades eclesiásticas prometieron construirles una sede apropiada, los Capuchinos vivieron en el Oratorio de San Felipe Neri nada más y nada menos que ¡103! años.

En 1841 se comienzan a aplicar las leyes para suspender las órdenes religiosas y la confiscación de sus bienes, de lo cual resultó que de 19 conventos que había en toda la isla, quedaron ocho, uno por cada orden religiosa existente.
La iglesia de San Felipe Neri fue a partir de entonces solo iglesia, y quedaba abierta al culto, atendida por grupos de sacerdotes secularizados o congregados de la Orden de los Capuchinos.

Cuarto destino

El 26 de abril de 1887, la Congregación de los Padres Carmelitas Descalzos se hace cargo de la iglesia y el edificio recibe su primera reparación capital ya que con cada cambio de dueño, inquilino y condición, cada quien agregaba o suprimía un detalle.  Treinta y siete  años después, el 20 de julio de 1924, los Carmelitas oficiaron una misa rezada para anunciar el fin de su permanencia en el oratorio, y su traslado a la nueva parroquia de Nuestra Señora del Carmen, ubicada en la calle Infanta esquina a Neptuno.

Poco después anunciaban que vendían la edificación al Banco del Comercio S.A. por la suma de $ 268 000.

Destinos quinto, sexto, séptimo

Desde agosto de 1926 hasta abril de 1928 y bajo la dirección del señor Manuel Couto, comenzó la remodelación del inmueble con el objetivo de adaptar un edificio religioso a las necesidades del Banco de Comercio S.A. que presupuso eliminar la torre campanario, colocar una caja fuerte en el lugar que ocupaba el presbiterio, ajustar espacios para oficinas mostradores, ventanillas y baños que obligaron a cambiar el espacio interno.

A partir de 1952, el oratorio, convertido francamente en  “recaudatorio” pasó a ser sucursal bancaria del The Trust Company of Cuba.

Luego, en 1959, la revolución nacionalizó la banca, y el edificio fue sucursal del Banco Nacional y finalmente fue la Casa de Acuñación de la Moneda de Cuba, hasta finales de la década de los 80.

¿Último destino?

A partir del año 2003, el Oratorio de San Felipe Neri se destinó por la Oficina del Historiador de la Ciudad a sala de concierto del arte lírico, luego de una reparación capital que le ha dado esplendor y una función social que nunca sospecharon Oratorianos, Capuchinos, Carmelitas Descalzos, soldados ingleses, bancarios y hacedores de monedas.

 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2010.