Para Mayra
Navarro, siempre a nuestro lado
El teatro de títeres es un mundo
fascinante. Ese instante en que
un ser humano impregna de vida a
un objeto y lo convierte en
medio expresivo para comunicarse
con otro ser humano, es
inenarrable.
Para que se propicie el milagro,
el actor elige una fábula, y
luego sueña cómo será la imagen
del muñeco que la contará.
Entonces comienza el trabajo del
diseñador.
Diseñar para el teatro de
títeres es tarea que implica una
enorme responsabilidad, pues es
en el taller donde se
“construye” el personaje. Ese
acto de creación exige
inteligencia y sensibilidad,
pone a prueba la cultura del
diseñador, sus conocimientos
técnicos de la especialidad y su
capacidad de asombro, porque en
el teatro de títeres es posible
dar rienda suelta a la
imaginación al concebir al
muñeco y al entorno donde
transcurrirán los sucesos. Todos
los sueños del ser humano
pueden materializarse en él.
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Teatro
de Las Estaciones en
La calle de los
fantasmas |
Recuerdo la frase del maestro
Freddy Artiles al respecto, y lo
afirma un hombre que dedicó su
vida a estudiar y a dignificar
el arte de los títeres:
“Esa capacidad de sugerencia, de
generalización, propia de toda
imagen artística, es la esencia
del títere, y solo cuando su
diseño y proyección escénica se
conciban como una metáfora,
pueden la mano y la voz del
titiritero convertirlo en una
forma de arte.”1
Y el diseño es responsable, en
buena medida de que así sea.
Animar lo inanimado es asunto
que va contra la lógica, es
decir, que crea otra lógica que
se distancia de la cotidianeidad
para entrar en la lógica de la
creación artística. El
titiritero rompe todas las
barreras porque al títere le ha
sido otorgada la capacidad de
reinventarse, de emprender
aventuras vedadas a los hombres
y mujeres. La esencia que define
al teatro de títeres es el
movimiento, esa es su expresión
de vida. Y para esa forma de
existir hay infinitas
variaciones, tantas como sea
capaz de imaginar el titiritero.
En el teatro de títeres es
preciso encontrar el mecanismo
necesario para que el objeto
pueda animarse en escena. El
diseñador y el titiritero deben
conjugar sus esfuerzos para que
el espectador disfrute con la
narración titiritera, para que
el muñeco cobre vida.
Al diseñar para los títeres es
posible utilizar los materiales
más increíbles: la madera, el
papel, la tela, el metal y un
largo etcétera. También pueden
seleccionar las técnicas más
diversas: guantes, hilos,
sombras, esperpentos, marotes;
el ingenio del diseñador puede
combinarlas, si la ocasión lo
amerita. Eso solo depende del
requerimiento del montaje.
El diseño titiritero en Cuba
En Cuba, el teatro de títeres ha
alcanzado momentos de altos
vuelos. Habría que comenzar el
recuento por los ya míticos
logros del Guiñol Nacional, la
agrupación que fundaron los
hermanos Camejo, a la que se
sumó Pepe Carril, para llevar a
escena montajes que permanecen
en la retina y en el corazón de
quienes tuvieron la dicha de
aplaudirlos. A Pepe Camejo le
debemos la imagen de Pelusín del
Monte, el guajirito nacido del
talento y el corazón de Dora
Alonso. Un niño vestido con
guayabera y ataviado con sus
sombrero de yarey para cubrirse
de los rayos del deslumbrante
sol de la Isla; un títere de
guante que, como vendedor de
frutas o salvador de los pájaros
del monte, ilumina la sonrisa de
los más pequeños.
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Pepe
Camejo (Teatro Nacional
de Guiñol) |
Heredero de los Camejo y amigo
de esa gran pintora que fue
Antonia Eiriz, Armando Morales
ha diseñado títeres que han
recorrido todos los rincones de
la Isla y se han presentado en
buena parte del planeta.
Inolvidable será su puesta en
escena de Abdala, poema
que el joven Martí dedicara a la
patria, donde compartió
escenario con Sahimell Cordero.
Armando también ha dedicado
parte de su tiempo a teorizar
sobre el arte de los títeres,
una labor que se agradece pues
va fijando en letra impresa
conceptos y criterios útiles
para el crecimiento espiritual y
técnico de los titiriteros.
Quiero aquí citar sus palabras
sobre este tema:
“El diseño, en cualquiera de sus
especialidades, es el resultado
de un proceso de selección. En
un principio, el diseñador del
teatro de títeres boceta
variantes de las posibles
soluciones a los problemas de la
escena. Labor difícil y
compleja, pues el lenguaje
artístico del títere precisa de
una expresión que sostenga las
calidades y cualidades que
distinguen, entre otros
presupuestos, al autor del texto
y su estilo; lugar y época donde
acontece la acción del drama;
aproximación histórico-plástica
que influya en el acabado de los
elementos constitutivos de la
figura y, fundamentalmente, la
tecnología del títere que haga
posible la descripción de una
imagen en movimiento. Tal diseño
debe —debiera—, estar regido por
una poética propia, sensible,
creadora y capaz de permitir las
necesarias mutaciones, como
meta superior condicionada a la
función exigida al diseño en
esta especialidad escénica.”2
El príncipe Blu es otro momento
de lucimiento. Santiago Bernal,
arquitecto de profesión
conquistado por los títeres,
creó un entorno fascinante para
contar la historia junto al
actor William Fuentes.
Cuenteros, papaloteros y piratas,
del Guiñol santiaguero, presentó
a la actriz Lilian Cala, y los
diseños de José Guasch. Jesús
Ruiz, quien ha tendido la
extraordinaria iniciativa de
dedicar una galería habanera al
diseño escénico, colaboró con
Roberto Fernández en la puesta
en escena de dos clásicos de
Javier Villafañe, El
caballero de la mano de fuego
y La infanta que quería
tener los ojos verdes.
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Jesús
Ruiz (Teatro Nacional de
Guiñol) |
Emilio Vizcaíno ha sabido
interpretar los presupuestos
éticos y estéticos del Guiñol de
Guantánamo, colectivo que
recorre la serranía guantanamera
bajo la inspiración martiana
para presentar a los títeres en
los más remotos parajes de la
geografía oriental.
No son muchos los diseñadores
que se dedican profesionalmente
al teatro de títeres, pero puedo
mencionar algunos nombres de
creadores que dedican su vida a
tan noble arte: Karen Maldonado,
Félix Viamonte, Gilberto Perdomo
y Nilsa Reyos. En el Guiñol de
Holguín, con los granmenses de
Andante, entre Los Cuenteros
habaneros o en Nueva Línea,
ellos han dejado su impronta
artística.
René Fernández —hasta ahora el
único titiritero que ha recibido
el Premio Nacional de Teatro— ha
fundado una escuela: Teatro
Papalote, donde se han formado
actores, dramaturgos,
diseñadores. René es el alma del
Taller Internacional de Teatro
de Títeres, que se desarrolla en
Matanzas, hasta donde han
llegado colegas de todo el
mundo, los hermanos Di Mauro,
Roberto Espina, Teatro Arbolé…
René, hombre de teatro, ha
concebido el diseño de muchos de
sus espectáculos, y lo ha hecho
con maestría.
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René
Fernández (Teatro
Papalote) |
Es habitual entre nosotros que
los titiriteros diseñen sus
espectáculos, y no siempre
aciertan. Desgraciadamente, los
ejemplos son numerosos: elección
de técnicas equivocadas, colores
desacertados, acabados
descuidados. Lo peor es cuando
la imagen del títere se desluce
frente al actor, cuando el
escenario se abarrota con
elementos que no cumplen función
dramática alguna, cuando el
diseño es mera ilustración del
texto.
Para no abrumar al lector,
también diré que hay ejemplos
loables en que el titiritero
diseña los muñecos que animará
en escena. Mi memoria me
devuelve la trilogía que Teatro
Pálpito dedicara al teatro bufo:
Sácame del apuro, Historia de
una muñeca abandonada y
La cucarachita Martina.
Ariel Bouza, actor y director,
supo beber en las fuentes de la
tradición teatral cubana y
proponer una mirada
contemporánea sobre esta época
del teatro nacional. Christian
Medina, del Guiñol cienfueguero,
se desempeña en diversos roles:
actor, autor, director y
diseñador. Y ha alcanzado altos
cotos. Recuerdo Si yo te
contara, junto con Panait
Villalvilla, y recientemente,
Pico sucio.
El maestro Zenén Calero
Al disertar sobre el teatro de
títeres en Cuba hay que
detenerse en la obra,
extraordinaria y voluminosa, de
Zenén Calero. Recientemente, la
Galería Raúl Oliva, acogió
Zenén Calero, un retablo entre
el sol y la luna, una
muestra antológica de su obra,
con la curaduría de Silvia
Yánez. Allí pudo deleitarse el
espectador ante las maravillas
que el artista concibió para
Teatro Papalote, Teatro Estudio
y Teatro de Las Estaciones,
agrupaciones marcadas por sus
manos prodigiosas. En ella los
títeres se revelaron como
auténticas obras de artes
plásticas porque los colores,
las formas, las telas, las
texturas, las técnicas
titiriteras han encontrado en Zenén Calero a un hombre capaz
de convertirlas en arte, con
mayúscula.
Para alcanzar tan elevados
objetivos, mucho ha trabajado
Zenén. Ahí se resumen horas
dedicadas al estudio y a la
investigación, horas dedicadas
al trabajo en el taller, horas
dedicadas a confrontar con sus
colegas, horas a convencer a la
burocracia de la necesidad de
hacer un trabajo de esta
naturaleza.
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Zenén
Calero (Teatro de Las
Estaciones) |
Al inquirirle sobre la
importancia del diseño en el
teatro de títeres respondió:
“Creo que es de un 70 o un 80
por ciento en la puesta en
escena. El trabajo visual, que
incluye al títere, la
escenografía, las luces,
maquillaje, vestuario, es
fundamental. Desde que se abre
el telón de boca, comienza el
trabajo del diseñador. En
realidad comienza cuando el
público llega a la sala y ve el
cartel que anuncia la puesta en
escena, y percibe el ambiente
del vestíbulo, que prepara para
ver la obra. El diseñador debe
ocuparse de las flores que están
en el vestíbulo, de la última
luz que hay en el escenario y
hasta de los elementos de
utilería.”3
Al expresarle mi admiración por
la cuidada factura de los
títeres que salen de sus manos
declaró:
“A mí me gusta cuidar del
acabado de la pieza, no quiere
decir que solo trabaje con
materiales sofisticados, de lo
que se me ha acusado alguna vez,
con tantos materiales que hay ni
la lycra ni la gasa son ya
materiales sofisticados, y
también he trabajado con fibras
naturales como el yute o el
henequén, porque el material
depende de lo que pidan el texto
y la puesta en escena.”
Al reseñar los montajes del
Teatro de Las Estaciones, la
crítica resalta siempre la
labor del diseñador. Zenén
afirma:
“He tratado de que el diseño no
sea el protagonista de la puesta
en escena, he intentado que sea
un elemento en función de esta,
nunca he querido desviar la
atención del público hacia
lugares que sean bellos
plásticamente, pero que no
apoyen lo que quiera expresar el
montaje.”
Me atreveré a mencionar tan solo
tres espectáculos que Zenén ha
diseñado: Okin eyé ayé,
para el Teatro Papalote, La
niña que riega la albahaca y el
príncipe preguntón, y Los
zapaticos de rosa, estos
últimos junto con Rubén Darío
Salazar y Teatro de Las
Estaciones. Conste que me
refiero a tres entre los que más
he aplaudido; podría añadir
muchísimos.
El futuro que se avizora
El diseño en el teatro de
títeres va dando pasos que me
hacen soñar con un futuro
luminoso. A la herencia de los
maestros, se suma el ímpetu de
los más jóvenes. Se investiga
con seriedad. Se producen
intercambios con colegas del
mundo, como sucedió durante las
recientes presentaciones de la
Compañía de Fernan Cardama con
Historias de media suela;
con la Compañía La Rous y su
obra La casa del abuelo;
y con la Compañía Titiritran y
su espectáculo Nena. Se
realizan cursos y talleres, se
creó el Museo del Títere en la
Habana Vieja, se fundó la
Cátedra Freddy Artiles en el
Instituto Superior de Arte, se
publican libros sobre el tema.
Y el teatro de títeres se ha
dignificado entre nosotros. El
viento sopla a nuestro favor.
Aprovechémoslos porque, como
dice el maestro René Fernández,
el títere es una gran verdad.
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Armando Morales (Teatro
Nacional de Guiñol) |
*Agradezco la
generosa colaboración de Rubén
Darío Salazar, director de
Teatro de Las Estaciones.
Bibliografía:
Freddy Artiles:
Títeres; historia, teoría y
tradición, Librititeros,
Editado por Arbolé, Teatro de
marionetas, 1998.
Armando Morales:
¿En la luz o en la sombra? El
títere, Ediciones Unión,
2002
Notas:
1 Freddy Artiles:
Títeres; historia, teoría y
tradición, Librititeros,
Editado por Arbolé, Teatro de
marionetas, 1998.
2 Armando
Morales: ¿En la luz o en la
sombra? El títere, Ediciones
Unión, 2002.
3 Todas las citas
fueron tomadas de una entrevista
que Zenén Calero concedió a
Habana Radio.