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Diseño de títeres: arte, artesanía, inteligencia*

Marilyn Garbey • La Habana

Fotos: Cortesía de Rubén Darío Salazar
 

Para Mayra Navarro, siempre a nuestro lado 

El teatro de títeres es un mundo fascinante. Ese instante en que un ser humano impregna de vida a un objeto y lo convierte en medio expresivo para comunicarse con otro ser humano, es inenarrable. 

Para que se propicie el milagro, el actor elige una fábula, y luego sueña cómo será la imagen del muñeco que la contará. Entonces comienza el trabajo del diseñador. 

Diseñar para el teatro de títeres es tarea que implica una enorme responsabilidad, pues es en el taller donde se “construye” el personaje. Ese acto de creación exige inteligencia y sensibilidad, pone a prueba la cultura del diseñador, sus conocimientos técnicos de la especialidad y su capacidad de asombro, porque en el teatro de títeres es posible dar rienda suelta a la imaginación al concebir al muñeco y al entorno donde transcurrirán los sucesos. Todos los  sueños del ser humano pueden materializarse en él.  
 


Teatro de Las Estaciones en La calle de los fantasmas

Recuerdo la frase del maestro Freddy Artiles al respecto, y lo afirma un hombre que dedicó su vida a estudiar y a dignificar el arte de los títeres: 

“Esa capacidad de sugerencia, de generalización, propia de toda imagen artística, es la esencia del títere, y solo cuando su diseño y proyección escénica se conciban como una metáfora, pueden la mano y la voz del titiritero convertirlo en una forma de arte.”1 

Y el diseño es responsable, en buena medida de que así sea.  

Animar lo inanimado es asunto que va contra la lógica, es decir, que crea otra lógica que se distancia de la cotidianeidad para entrar en la lógica de la creación artística. El titiritero rompe todas las barreras porque al títere le ha sido otorgada la capacidad de reinventarse, de emprender aventuras vedadas a los hombres y mujeres. La esencia que define al teatro de títeres es el movimiento, esa es su expresión de vida. Y para esa forma de existir hay infinitas variaciones, tantas como sea capaz de imaginar el titiritero.  

En el teatro de títeres es preciso encontrar el mecanismo necesario para que el objeto pueda animarse en escena. El diseñador y el titiritero deben conjugar sus esfuerzos para que el espectador disfrute con la narración titiritera, para que el muñeco cobre vida. 

Al diseñar para los títeres es posible utilizar los materiales más increíbles: la madera, el papel, la tela, el metal y un largo etcétera. También pueden seleccionar las técnicas más diversas: guantes, hilos, sombras, esperpentos, marotes; el ingenio del diseñador puede combinarlas, si la ocasión lo amerita. Eso solo depende del requerimiento del montaje. 

El diseño titiritero en Cuba 

En Cuba, el teatro de títeres ha alcanzado momentos de altos vuelos. Habría que comenzar el recuento por los ya míticos logros del Guiñol Nacional, la agrupación que fundaron los hermanos Camejo, a la que se sumó Pepe Carril, para llevar a escena montajes  que permanecen en la retina y en el corazón de quienes tuvieron la dicha de aplaudirlos. A Pepe Camejo le debemos la imagen de Pelusín del Monte, el guajirito nacido del talento y el corazón de Dora Alonso. Un niño vestido con guayabera y ataviado con sus sombrero de yarey para cubrirse de los rayos del deslumbrante sol de la Isla; un títere de guante que, como vendedor de frutas o salvador de los pájaros del monte, ilumina la sonrisa de los más pequeños. 
 


Pepe Camejo (Teatro Nacional de Guiñol)

Heredero de los Camejo y amigo de esa gran pintora que fue Antonia Eiriz, Armando Morales ha diseñado títeres que han recorrido todos los rincones de la Isla y se han presentado en buena parte del planeta. Inolvidable será su puesta en escena de Abdala, poema que el joven Martí dedicara a la patria, donde compartió escenario con Sahimell Cordero.  Armando también ha dedicado parte de su tiempo a teorizar sobre el arte de los títeres,  una labor que se agradece pues va fijando en letra impresa conceptos y criterios útiles para el crecimiento espiritual y técnico de los titiriteros. Quiero aquí citar sus palabras sobre este tema: 

“El diseño, en cualquiera de sus especialidades, es el resultado de un proceso de selección. En un principio, el diseñador del teatro de títeres boceta variantes de las posibles soluciones a los problemas de la escena. Labor difícil y compleja, pues el lenguaje artístico del títere precisa de una expresión que sostenga las calidades y cualidades que distinguen, entre otros presupuestos, al autor del texto y su estilo; lugar y época donde acontece la acción del drama; aproximación histórico-plástica que influya en el acabado de los elementos constitutivos de la figura y, fundamentalmente, la tecnología del títere que haga posible la descripción de una imagen en movimiento. Tal diseño debe —debiera—, estar regido por una poética propia, sensible, creadora y capaz de permitir las necesarias mutaciones, como meta  superior condicionada a la función exigida al diseño en esta especialidad escénica.”2

El príncipe Blu es otro momento de lucimiento. Santiago Bernal, arquitecto de profesión conquistado por los títeres, creó un entorno fascinante para contar la historia junto al actor William Fuentes. 

Cuenteros, papaloteros y piratas, del Guiñol santiaguero, presentó a la actriz Lilian Cala, y los diseños de José Guasch. Jesús Ruiz, quien ha tendido la extraordinaria iniciativa de dedicar una galería habanera al diseño escénico, colaboró con Roberto Fernández en la puesta en escena de dos clásicos de Javier Villafañe, El caballero de la mano de fuego y La infanta que quería tener los ojos verdes
 


Jesús Ruiz (Teatro Nacional de Guiñol)

Emilio Vizcaíno ha sabido interpretar los presupuestos éticos y estéticos del Guiñol de Guantánamo, colectivo que recorre la serranía guantanamera bajo la inspiración martiana para presentar a los títeres en los más remotos parajes de la geografía oriental. 

No son muchos los diseñadores que se dedican profesionalmente al teatro de títeres, pero puedo mencionar algunos nombres de creadores que dedican su vida a tan noble arte: Karen Maldonado, Félix Viamonte, Gilberto Perdomo y Nilsa Reyos. En el Guiñol de Holguín, con los granmenses de Andante, entre Los Cuenteros habaneros o en Nueva Línea, ellos han dejado su impronta artística. 

René Fernández —hasta ahora el único titiritero que ha recibido el Premio Nacional de Teatro— ha fundado una escuela: Teatro Papalote, donde se han formado actores, dramaturgos, diseñadores. René es el alma del Taller Internacional de Teatro de Títeres, que se desarrolla en Matanzas, hasta donde han llegado colegas de todo el mundo, los hermanos Di Mauro, Roberto Espina, Teatro Arbolé… René, hombre de teatro, ha concebido el diseño de muchos de sus espectáculos, y lo ha hecho con maestría. 
 


René Fernández (Teatro Papalote)

Es habitual entre nosotros que los titiriteros diseñen sus espectáculos, y no siempre aciertan. Desgraciadamente, los ejemplos son numerosos: elección de técnicas equivocadas, colores desacertados, acabados descuidados.  Lo peor es cuando la imagen del títere se desluce frente al actor, cuando el escenario se abarrota con elementos que no cumplen función dramática alguna, cuando el diseño es mera ilustración del texto. 

Para no abrumar al lector, también diré que hay ejemplos loables en que el titiritero diseña los muñecos que animará en escena. Mi memoria me devuelve la trilogía que Teatro Pálpito dedicara al teatro bufo: Sácame del apuro, Historia de una muñeca abandonada y La cucarachita Martina. Ariel Bouza, actor y director, supo beber en las fuentes de la tradición teatral cubana y proponer una mirada contemporánea sobre esta época del teatro nacional. Christian Medina, del Guiñol cienfueguero, se desempeña en diversos roles: actor, autor, director y diseñador. Y ha alcanzado altos cotos. Recuerdo Si yo te contara, junto con Panait Villalvilla, y recientemente, Pico sucio

El maestro Zenén Calero 

Al disertar sobre el teatro de títeres en Cuba hay que detenerse en la obra, extraordinaria y voluminosa, de Zenén Calero. Recientemente, la Galería Raúl Oliva, acogió Zenén Calero, un retablo entre el sol y la luna, una muestra antológica de su obra, con la curaduría de Silvia Yánez. Allí pudo deleitarse el espectador ante las maravillas que el artista concibió para Teatro Papalote, Teatro Estudio y Teatro de Las Estaciones, agrupaciones marcadas por sus manos prodigiosas. En ella los títeres se revelaron como auténticas obras de artes plásticas porque los colores, las formas, las telas, las texturas, las técnicas titiriteras han encontrado en Zenén Calero a un hombre capaz de convertirlas en arte, con mayúscula.  

Para alcanzar tan elevados objetivos, mucho ha trabajado Zenén. Ahí se resumen horas dedicadas al estudio y a la investigación, horas dedicadas al trabajo en el taller, horas dedicadas a confrontar con sus colegas, horas a convencer a la burocracia de la necesidad de hacer un trabajo de esta naturaleza.
 


Zenén Calero (Teatro de Las Estaciones)

Al inquirirle sobre la importancia del diseño en el teatro de títeres respondió: 

“Creo que es de un 70 o un 80 por ciento en la puesta en escena. El trabajo visual, que incluye al títere, la escenografía, las luces, maquillaje, vestuario, es fundamental. Desde que se abre el telón de boca, comienza el trabajo del diseñador. En realidad comienza cuando el público llega a la sala y ve el cartel que anuncia la puesta en escena, y percibe el ambiente del vestíbulo, que prepara para ver la obra. El diseñador debe ocuparse de las flores que están en el vestíbulo, de la última luz que hay en el escenario y hasta de los elementos de utilería.”3

Al expresarle mi admiración por la cuidada factura de los títeres que salen de sus manos declaró: 

“A mí me gusta cuidar del acabado de la pieza, no quiere decir que solo trabaje con materiales sofisticados, de lo que se me ha acusado alguna vez, con tantos materiales que hay ni la lycra ni la gasa son ya materiales sofisticados, y  también he trabajado con fibras naturales como el yute o el henequén, porque el material depende de lo que pidan el texto y la puesta en escena.”  

Al reseñar los montajes del Teatro de Las Estaciones, la crítica resalta  siempre la labor del diseñador. Zenén afirma: 

“He tratado de que el diseño no sea el protagonista de la puesta en escena, he intentado que sea un elemento en función de esta, nunca he querido desviar la atención del público hacia lugares que sean bellos plásticamente, pero que no apoyen lo que quiera expresar el montaje.” 

Me atreveré a mencionar tan solo tres espectáculos que Zenén ha diseñado: Okin eyé ayé, para el Teatro Papalote, La niña que riega la albahaca y el príncipe preguntón, y Los zapaticos de rosa, estos últimos junto con Rubén  Darío Salazar y Teatro de Las Estaciones. Conste  que me refiero a tres entre los que más he aplaudido; podría añadir muchísimos. 

El futuro que se avizora 

El diseño en el teatro de títeres va dando pasos que me hacen soñar con un futuro luminoso. A la herencia de los maestros, se suma el ímpetu de los más jóvenes. Se investiga con seriedad. Se producen intercambios con colegas del mundo, como sucedió durante las recientes presentaciones de la Compañía de Fernan Cardama con Historias de media suela; con la Compañía La Rous y su obra La casa del abuelo; y con la Compañía Titiritran y su espectáculo Nena. Se realizan cursos y talleres, se creó el Museo del Títere en la Habana Vieja, se  fundó la Cátedra Freddy Artiles en el Instituto Superior de Arte, se publican libros sobre el tema.  Y el teatro de títeres se ha dignificado entre nosotros. El viento sopla a nuestro favor. Aprovechémoslos porque, como dice el maestro René Fernández, el títere es una gran verdad.
 


Armando Morales (Teatro Nacional de Guiñol)

*Agradezco la generosa colaboración de Rubén  Darío Salazar, director de Teatro de Las Estaciones.
 

Bibliografía:

Freddy Artiles: Títeres; historia, teoría y tradición, Librititeros, Editado por Arbolé, Teatro de marionetas, 1998. 

Armando Morales: ¿En la luz o en la sombra? El títere, Ediciones Unión, 2002 


Notas:

1 Freddy Artiles: Títeres; historia, teoría y tradición, Librititeros, Editado por Arbolé, Teatro de marionetas, 1998. 

2 Armando Morales: ¿En la luz o en la sombra? El títere, Ediciones Unión, 2002. 

3 Todas las citas fueron tomadas de una entrevista que Zenén Calero  concedió a  Habana Radio.

 

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