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Para Armando Morales, que estuvo y no
estuvo esta vez, en sus 70
Volver a la Cruzada Teatral
Guantánamo-Baracoa es siempre un acto
energizante. Es difícil encontrar un
acomodo en la ciudad, en la dura rutina
del día a día, luego de una estancia
entre lomas, campamentos itinerantes,
comidas con olor a leña, de viajar en la
cama del camión, de la convivencia,
etcétera, etcétera, etcétera. Todavía
algunos nos preguntan por qué volvemos,
cómo es posible que aún tengamos fuerzas
para tal aventura.
Lo que en un principio se concibió para
solucionar las difíciles condiciones de
trabajo en la ciudad y la ausencia de
sedes en medio del recién comenzado
período especial, hoy se ha establecido
como uno de los proyectos más sólidos en
el panorama del teatro comunitario de la
Isla. Durante este lapso, sus
organizadores, esencialmente los mismos
desde las primeras ediciones, nunca
interrumpieron su celebración, y fue la
respuesta más eficaz e inteligente que
ofrecieron ante la disyuntiva de
sucumbir por la debacle económica y
social.
La Cruzada Teatral Guantánamo-Baracoa
elige como cifra el día del natalicio de
José Martí. Por vigésima vez es punto de
partida y apostolado de principios. Ha
querido ser útil, servir sin pedir a
cambio, desandar el rostro más humilde
de la patria, echar su suerte con los
pobres de la Tierra, encontrar a los
niños con los ojos más bellos de Cuba.
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Una vez estabilizada y mejorada
considerablemente la economía de la
provincia y, en especial, la
infraestructura teatral
1, la Cruzada
sale, sin embargo, cada 28 de enero y
regresa cada 2 de marzo todos los años,
luego de recorrer cinco municipios
montañosos. Ni el cambio radical del
panorama que posibilitó el parto de una
idea tan feliz, ni las nuevas
condiciones de trabajo y de
reconocimiento de estos grupos ha
conducido a la Cruzada a su término.
Esta no es hoy una salida a la crisis ni
una vía de escape ante la incertidumbre,
tampoco el atractivo de la aventura y el
contacto con la naturaleza llevan hoy el
peso. En su crecimiento interno, se han
generado otras necesidades y desafíos.
La experiencia ha emergido como cuerpo
autónomo y se ha revindicado en nuevas
lecturas y finalidades.
A la altura de estas 20 ediciones,
iniciadas en 1991, todo es memoria viva
en la Cruzada. Demostración de cuánto se
puede fomentar una tradición en unos
pocos años. No queremos trazar aquí la
trayectoria —sería brevísima además de
imprecisa— de la Cruzada Teatral durante
estas dos décadas. Nos parece mucho más
útil, sin embargo, poner en valor
algunos aspectos que denotan su profundo
sentido y eficacia con los ojos puestos
en el futuro. La enorme experiencia
acumulada se renueva con el oxígeno de
otros rostros integrados a los grupos
guantanameros, en su inmensa mayoría
graduados de actuación del nivel medio
de las escuelas de arte. Ello ofrece un
“marco” inmejorable, entre 35 largos
días de convivencia, para un diálogo
intergeneracional concreto, una suerte
de pedagogía de/en el camino: humana,
ética, profesional, social y política.
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Como en cada parada anual en Yumurí, río
divisorio entre Maisí y Baracoa y uno de
los asentamientos históricos en el
recorrido de la Cruzada desde su
fundación, conversamos sobre la
experiencia interna, bajo una lluvia
bendita esta vez. Convocado esta vez
bajo la mirada de las dos décadas, el
coloquio se celebró con la presencia de
artistas, periodistas, directivos de la
Unión de Escritores y Artistas de Cuba
(UNEAC), del Director Provincial de
Cultura y otras autoridades locales. El
actor y director Uri Rodríguez, uno de
los principales gestores del segmento
teórico de la Cruzada, fue conduciendo
el apretadísimo itinerario de 20 años de
intenso laboreo.
Se proyectó el testimonio fílmico del
historiador y pedagogo teatral Paolo
Beneventi, que él mismo grabara durante
la edición de 2007. De largo, es el
mejor documento sobre la Cruzada en sus
múltiples planos. La vida cotidiana
durante el evento, la focalización sobre
el tipo de trabajo que lo distingue, el
estudio y la autorreflexión como punto
insoslayable, la fiesta, el jolgorio del
público, el intercambio cultural y
social con el pueblo, encuentran su
justa mención ante un ojo sabedor y
comprometido. A esta altura, se ha
acumulado un cuantioso volumen de
materiales sobre su quehacer.
Fotografías, documentales, artículos,
críticas, entrevistas; no obstante,
falta todavía sistematizar y valorar la
experiencia en un libro que hilvane y
ponga en perspectiva la experiencia como
proceso teatral en una interrelación
artística y social. Sobre este punto,
además del coloquio, también han tenido
lugar seminarios internos en los cuales
se discuten los espectáculos y otros
temas de funcionamiento del propio
evento.
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Luego de presentar la primera multimedia
contentiva de estos materiales, así como
de artículos aparecidos en varias
publicaciones especializadas y
periódicas, se entró al debate sobre el
papel jugado por la Cruzada en el
contexto cubano y latinoamericano, y
sobre su situación y proyección.
El coloquio en Yumurí reforzó también la
evidente inyección vital hacia el
interior de los colectivos líderes de la
Cruzada —el Guiñol Guantánamo y el
actual Teatro Ríos, antiguamente
Polimita— de jóvenes egresados de las
escuelas de arte. Esta numerosa
presencia no solo ha venido a refrescar,
en términos de energía, plasticidad,
lenguajes e interrelaciones, a los
propios grupos, sino, con igual fuerza,
ha reforzado la dinámica de la Cruzada y
por extensión, la del movimiento teatral
guantanamero.
Ya no solo se escucha la tradicional “A
Baracoa me voy aunque no haya
carretera…”. Ahora esos jóvenes
prefieren entonar una nueva melodía, con
resonancias de la balada y el pop,
compuesta por Mayelín Sánchez,
exintegrante del Guiñol y puntal
importantísimo en la trayectoria más
reciente de ese colectivo. Otra
sonoridad, otras voces comienzan también
a colarse en la cotidianidad de la
Cruzada.
Nunca antes habíamos notado, a pesar de
los permanentes diálogos de los grupos
en/con otros espacios de interacción, un
cambio que marque una nueva etapa
“cualitativa” en el conjunto de
proposiciones de la Cruzada. Obviamente,
esto no se debe solo a esa “inyección”
juvenil. Es, de igual modo, el resultado
de una acumulación consciente y crítica
en un complejo proceso de apropiaciones
y deslindes.
A lo anterior ha contribuido, de manera
esencial, la permanencia y el magisterio
de Armando Morales desde finales de los
90 en la Cruzada, el talento, la
capacidad y la inclusión de algunos
jóvenes en esos colectivos en diplomados
y cursos de superación en el Instituto
Superior de Arte (ISA), y la apertura de
la Cruzada a otras experiencias y otras
visiones. Esta suma derivó en la
experimentación de nuevos lenguajes y
puestas en escena más elaboradas en el
contexto de la Cruzada.
Favoreció, igualmente, un vínculo más
estrecho y provechoso con la crítica y
con otras miradas ajenas al proyecto.
Ese intercambio fue también un punto de
partida para cuestionar y revalorar la
Cruzada. Los seminarios internos, los
foros de la crítica y la temporada de
estreno de los espectáculos antes de
iniciar el recorrido por los
territorios, han incidido en la
consolidación de la experiencia.
En esa renovación se advierte, asimismo,
la consecuencia de los nexos con otros
colectivos comunitarios de otros países.
Desde hace algunos años, se ha
estrechado el vínculo profesional con
los colombianos Luz de Luna y Nuestra
Gente y ello ha derivado también en un
toma y daca reflexivo y productivo. Otra
buenaventura, que mucho aporta a lo
antedicho. Prodigar intercambios sobre
oficios y artesanías del teatro, en
medio del aprendizaje mutuo sobre las
características de cada medio teatral
respectivo, no es otra cosa que
beneficio. En el intento por remodelar
su mecanismo interno, “los cruzados” se
han abierto, con total organicidad, a
otras prácticas extranjeras. En ese
trueque de vital importancia, han
participado agrupaciones, actores,
fotógrafos, profesores e investigadores
de Bélgica, Italia, Dinamarca, Colombia,
México, España, Chile. Y siempre, de
algún modo, el intercambio ha viajado en
ambas direcciones.
En ese amplísimo paneo se destacó el
papel de la Cruzada como núcleo para
dialogar con las expresiones culturales
y tradiciones de cada asentamiento y
región. Sin duda, esta ha impulsado y
estimulado la creación artística en esas
localidades, y ejemplo de esto son los
proyectos socioculturales surgidos a
raíz del contacto permanente con la
Cruzada. Con desniveles en su
elaboración y validez, estas iniciativas
existen en varias comunidades operando
hacia el interior de la vida y la
cultura populares de esos asentamientos.
La confirmación de lo anterior la
recibimos a nuestro regreso a Guantánamo
luego de una semana en la Cruzada. En la
UNEAC compartiríamos con un grupo de
jóvenes integrantes de un proyecto
sociocultural que había recibido un
premio de esta institución y ese día
disfrutarían de un almuerzo con sus
directivos y otros artistas de la
provincia. Se trataba de un proyecto de
Monte Verde 2, hermoso paraje que
visitamos durante la Cruzada de 1999.
Lo curioso de este encuentro es que esos
jóvenes, hoy en su mayoría instructores
de arte, habían sido testigos de la
Cruzada Teatral durante toda su niñez.
Con seguridad muchos de ellos
compartieron con nosotros la jornada que
pasamos entonces. Aquellos niños son hoy
responsables de llevar adelante esta
acción que, entre muchos objetivos
sociales de gran urgencia en la zona,
intenta rescatar las tradiciones
populares del lugar. Entre ellas, la más
reconocida y apreciada por todos, el
Festival del Berro, debido a la cantidad
de campesinos que se dedican al cultivo
de este vegetal.
El encuentro fue emotivo, hermoso y, al
menos para nosotros, tomó un sentido
profundo en medio de la conversación más
o menos formal. Sin duda, la Cruzada se
levantaba como telón de fondo en aquella
escena y el empuje de la Escuela de
Instructores de Arte encontró allí una
verdadera utilidad. Era un ejemplar
modelo del profundo diálogo entre arte y
sociedad, entre cultura y ciudadanos.
Notas:
Monte Verde es una comunidad ubicada en
el municipio de Yateras. Es uno de los
puntos de difícil acceso en el recorrido
de la Cruzada por ese territorio.
Recibió la electricidad en el año 2000. |