Año IX
La Habana
2010

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Las cucarachas de mi armario, de Tai Ma Campos
Más allá de las apariencias o, incluso, dentro de ellas

Píter Ortega • La Habana

Imágenes: Cortesía del autor
 

La obra de Tai Ma Campos asume el género del retrato como un mero pretexto para la degustación del acto mismo de pintar. Es la fruición estética cuanto importa, más que el referente escogido. No hay nada de mímesis o calco en esos rostros presentados desde primeros planos; en ellos el artista opera con total libertad y desprejuicio, valiéndose de una figuración de ascendencia neopop y neoexpresionista ―sobre todo la primera, que bebe también de los códigos de la gráfica y la publicidad― de ahí la pronunciada síntesis del campo visual. Destaca en este sentido el predominio de grandes áreas de colores planos ―con agudos contrastes de complementarios―, así como la preferencia por los grandes formatos. Pudieran verse también ciertos puntos de contacto con el universo del arte popular o naif no solo por la condición de autodidacta del creador ―un joven de apenas 18 años de edad―, sino también por el regusto “artesanal” del proceder con que incorpora la tridimensionalidad a la superficie plana del cuadro: los rellenos con trapo y papel que confieren volumen real a ciertas zonas del lienzo y las correspondientes costuras de estas desde la más íntima y reposada manualidad. Es así que quedan engrandecidos o hipertrofiados determinados segmentos faciales como labios, pómulos, párpados, orejas, narices, lenguas, ojos… ―nótese que muchos de ellos remiten a órdenes sensoriales― en un gesto muy cercano a la caricatura y al humor. De este modo se deshumaniza en alguna medida a las figuras expuestas, se les insufla cierto aire de violencia y desgarramiento; esto contrasta a su vez con los guiños al mundo de la infancia que se advierten en algunas obras ―contraste que, lejos de atentar contra la eficacia de las piezas, enriquece notablemente su potencial discursivo.  


“Heterofobia”

El origen de toda esa iconografía fresca y desenfadada lo constituyen fotos comunes de amigos, familiares cercanos al autor, etc.; imágenes que luego son intervenidas digitalmente con suma creatividad ―vía Photoshop, Paint, PhotoImpression―  y convertidas en atrevidos bocetos que servirán de punto de partida para el trabajo final. Proceso este en el que son determinantes la espontaneidad y la intuición más genuinas. Por último, los títulos vienen a ofrecer interesantes contrapunteos que desafían al espectador: “Heterofobia” y “Narcolegislativo” son ejemplos bien claros al respecto. El propio nombre de la exposición que nos ocupa es en sí mismo un enigma. ¿Por qué Las cucarachas de mi armario? ¿Se trata de lo escatológico como algo también íntimo, bello, deseado? ¿El armario como reservorio y metáfora del espíritu? ¿La cucaracha como símbolo de corrosión o de vida, de historia? Son muchas las interrogantes que nos vienen a la mente de la mano de ese lúcido y perspicaz enunciado.  



“Narcolegislativo”

Pero, sin duda, lo más atractivo de la poética del artista es ese modo tan audaz e ingenioso con que conjuga la bidimensionalidad de la superficie pictórica con el componente “escultórico” o volumétrico de esos salientes sui generis, los que disparan enormemente los valores táctiles de las propuestas y hacen de estas un fenómeno plástico singular dentro del contexto cubano de hoy, con marcada personalidad y estilo propios. Justo fuera del lugar común: por ahí anda el destino de las obras del creador; y eso, hemos de admitirlo, es ya un estimable logro. 


Mummy loves me

A propósito de la exposición Las cucarachas de mi armario, de Tai Ma Campos. Galería del Hotel Ambos Mundos, La Habana, diciembre 2010 / enero 2011.
 

 

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