Año IX
La Habana
2010

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Un buen Cristo para mejor viaje
Josefina Ortega • La Habana
Foto: Jorge Sariol

 

De las muchas iglesias habaneras siempre me ha llamado la atención una en particular, por dos razones fundamentales: su fachada no me resulta —lo confieso— la de un recinto estrictamente religioso y naturalmente por su nombre, que me sonaba simpático en mis años de estudiante del Colegio La Inmaculada.  

Se trata de la Iglesia del Santo Cristo del Buen Viaje. 

Luego mi perplejidad fue mayor cuando supe, años después, que estaba situada al final de la calle de  Amargura por donde transitaba la ceremonia del vía crucis que salía del templo de San Francisco de Asís, hasta que pasaron el recorrido del cortejo a la ermita antecesora de la Iglesia de San Francisco de Paula.  

Se dice también que la calle Amargura —o de la Amargura—, era la travesía que hacían los reos que iban a ser ajusticiados. 

Vía crucis, amargura, Cristo y buen viaje eran demasiado para mis pocos años.  

Luego supe que el nombre o la advocación de la iglesia le venían por la popularidad que adquirió durante la época colonial entre los viajeros y navegantes por “los especiales socorros con que se experimentan los favores en los riesgos del mar…”. 

De cuando trabajaba como reportera del diario Juventud Rebelde, que tuvo su primera sede frente al Capitolio, pasaba frecuentemente por allí. Desde entonces me resulta agradable mirar dicho santuario y en general todo el lugar que compone la plazoleta del mismo nombre, y las calles Teniente Rey, Villegas, Bernaza y Lamparilla. 

La historia cuenta que en 1604 los congregantes de la orden tercera franciscana fundaron una ermita que llamaron del Humilladero, donde terminaba la procesión del vía crucis.  

En 1693, fue reconstruida y convertida en auxiliar de la parroquial mayor, por el obispo Diego Evelino de Compostela, quien la elevó a parroquia en 1703.  

Fue objeto después de nuevas reparaciones, y en 1899 entregada a los padres Agustinos norteamericanos, quienes además de ejecutar en el templo una amplia restauración, edificaron al fondo y al costado un amplio edificio que abarcaba conventos, residencia de los frailes, una escuela parroquial gratuita y el colegio privado de San Agustín, ya nacionalizado en 1961. Estos mismos frailes fueron los creadores de la muy exclusiva Universidad de Villanueva. 

Muchos estudiosos debaten sobre cuánto queda de original del  exterior de la primitiva ermita, ya que la graciosa fachada principal no parece ser la primitiva y las laterales son recientes, aunque en parte reproducen las originales las dimensiones de lo que fue la ermita primitiva, casi idénticas a las de la iglesia del convento San Isidro. 

Sin embargo el destacado arquitecto cubano Joaquín E. Weiss ha dejado escrito que “El templo conserva su fisonomía antigua; tiene dos torres y la fachada dada sobre la calle de Villegas; en el atrio se hallaba siglos atrás el cementerio de la iglesia”.  

Para Weiss sus torres octogonales  son enteramente excepcionales en la arquitectura habanera, y “entre las torres hay una entrada formada por un gran arco abocinado sobre el que corre un balcón; el cuerpo alto, en un plano más retirado, tiene una ventana rectangular, inscrita en un arco ciego coronado por un frontón abierto la base y quebrado en el ápice”. 

Dice Weiss que: “La fachada principal es intrigante: por la sencillez de las torres, cuyas caras están tratadas con recuadros simples, y también por la sencillez de sus fachadas laterales, todo ello tanto en armonía con el carácter de las obras del siglo XVII, diríase que pertenecen a la ermita primitiva; sin embargo, hay fundamentos para pensar que son obra del siglo XVIII, según hemos indicado, tales como el motivo barroco de su coronamiento y el gran arco (…) muy semejante al empleado de la Iglesia de San Francisco, de dicha centuria”. 

La iglesia mantuvo y aún acrecentó su predicamento durante la época republicana al sumarse la devoción a Santa Rita. 

De la etapa es la vista que da el dibujante Julio Díaz Horta, realizada  en 1929. 

Los padres Agustinos decidieron su ampliación, llevada a cabo en 1932 por los arquitectos Morales y Compañía que consistió en agregar una nave a cada lado de la existente, imagen aproximada que ha mantenido hasta hoy.

 
 
 

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La Habana, Cuba. 2010.
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