Año IX
La Habana
2010

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Breves escenas
Amado del Pino • España

Por estos días ando contento. No es nada especial o sí lo es. Varias noticias teatrales hermosean los días fríos de Madrid.

He seguido de cerca la labor de La Guindalera: la sala que parece a ratos una casa de familia. Pastor y Teresa son un matrimonio, y su bella hija también participa de los montajes de la escueta pero vigorosa compañía. Les dieron un premio por la vinculación con el barrio y van más allá. El ambiente de la sala, el vestíbulo, las escasas lunetas inspiran a ir acompañado por una persona o con un grupo de amigos.

Hace poco también asistí a dos sesiones de Escenas de noviembre, una jornada que ha tenido mucho que ver con la lucha por mantener la salud de una dramaturgia actual española que los empresarios no suelen escoger. Lo que está, digamos de moda, es el Musical y las obras que dan acceso a los intérpretes que salen por la televisión. En ese evento me encontré con Pepe Henríquez, jefe de redacción de Primer Acto. La revista, con más de 50 años de fundada, me trae recuerdos personales a granel. Los días de mi primera juventud, cuando trabajaba en la habanera

revista Tablas y seguíamos de cerca a nuestra colega española. La empresa —encabezada todo el tiempo por José Monleón—  implanta con cada entrega récords de permanencia, heroica longevidad y constancia actualizada. Pepe es un hombre dinámico, agradable, un ser del teatro y la palabra, de esas personas que enseguida puedes tratar como a un conocido antiguo.

Al centro de noviembre cumplió años nuestro esencial dramaturgo Eugenio Hernández Espinosa y le mandamos una felicitación por correo electrónico que dice algo así como “el papi”, pues con ese nombre, tan cubano y popular, conocen en el barrio al autor de María Antonia, una de las obras fundamentales de la escena nacional. Eugenio nos devuelve el recordatorio con la noticia de que ensaya ese texto grandioso, estrenado en 1967. Más allá de los elogios a su talento literario y teatral, me vienen a la memoria días de risa, comentarios, sueños salpicados de buenos rones. Eugenio levantaba menos el vaso y más la alegría,  las anécdotas.

Un domingo reciente vimos una película que traducen como Siendo Julia, que también insiste con eficacia en el mundo de lo teatral. Ojalá en los próximos meses siga la escena dando noticias. Como los correos de mi entrañable Laudel de Jesús, que ensaya una obra espléndida —El concierto, de Ulises Rodríguez Febles—, que tendrá para Laudel mucho de autobiografía. Él y su familia son apasionadamente teatrales. Me han dado su cama, allá en la hermosa ciudad en que viven, al centro de Cuba, y entre comentario y declaración escénica, he dado cuenta de dulce de coco en cantidades nada recomendables. 

Se nos acaba el año, pero sigue el teatro cerca. Pediría como tímido regalo de reyes que no se aleje.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2010.
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