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Entre la inmensa variedad de momentos
notables que ofrece esta edición 32 del
mayor evento audiovisual celebrado en
Cuba, quise destacar tres: la
presentación especial del filme
brasileño Esta Noite Encarnarei no
Teu Cadáver; el estreno, como parte
de la Muestra de cine español de la
animación “ambientada” en La Habana
Chico y Rita, así como destacar la
presencia de varios actores
latinoamericanos consagrados que se
decidieron a probar sus armas en la
realización y concursan en la sección de
Ópera Prima.
La reencarnación de De Caixao en La
Habana
Opuesto a elitismos que solo encasillan
el pensamiento y lo estancan, lo
manipulan y lo restringen, el Festival
ha programado, entre sus presentaciones
especiales, la de Esta Noite
Encarnarei no Teu Cadaver, filme
brasileño de 1967 escrito, producido,
dirigido y protagonizado por Jose Mojica
Marins, una figura perfectamente
reconocible en el cine de su país por el
nombre de su alter ego fílmico el
enterrador ateísta, blasfemo e
inescrupuloso llamado Ze do Caixao.
Antes de cumplir 15 años, Mojica Marins
había filmado 20 cortos y fundado su
propio estudio en un gallinero. En los
años 60 dirigió cinco de las diez
películas más taquilleras en Brasil,
dentro de géneros tan dispares como el
horror, el oeste, las comedias musicales
y las pornochanchadas. Estuvo en la
cárcel, se postuló al Congreso como
diputado, fundó su propia iglesia y su
escuela de cine, y tuvo 23 hijos con
siete mujeres distintas. Según aseguran
fuentes bien informadas, fue el cineasta
más censurado y perseguido en la
historia del Brasil y el único realmente
independiente, indoblegable, empeñado en
realizar un cine en apariencia
intrascendente, funcional, barato,
seriado, grandilocuente y narcisista,
que apareció en la misma época cuando el
cinema novo intentaba redefinir
Brasil, y su historia, y su cultura en
términos fílmicos.
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La película de Mojica Marins constituyó
la segunda entrega de la trilogía
macabra, y cuenta cómo su personaje, Ze
do Caixao es indultado por falta de
pruebas en el juicio por los asesinatos
que le vimos cometer en el filme
anterior (A meia noite levarei sua
alma) y toda la gente del pueblo se
esconde en sus casas aterrorizado por la
noticia de que se ha liberado a este
peligroso enfermo mental, a un asesino
sin control que se siente superior al
resto de la humanidad y que a lo largo
de toda la película busca una mujer
digna de darle descendencia. Así, el
filme combina, en una combinación
francamente inusitada, surrealismo y
expresionismo, nihilismo nietzcheano y
horror gótico, primitivismo
subdesarrollado y fuerza anticlerical.
Mucho antes que The Rocky Horror
Picture Show, la película
norteamericana elegida por muchos
estudiosos como la primera en vehicular
la posmodernidad irónica y hedonista a
través de ciertos códigos del cine de
terror, Mojica Marins, o Ze do Caixao,
como lo conoce el público que le ha
rendido culto, creó una serie de
películas medio rudimentarias pero
definitivamente bizarras, heréticas e
inusualmente violentas para la época,
protagonizadas por un personaje
cinematográfico malvado y libidinoso,
que se creía perfecto, incrédulo en la
existencia de Dios y del Diablo, sin
miedo a nada, ni siquiera a la propia
muerte. Homólogo de Ed Wood, Mario Bava,
Russ Meyer y Juan Orol, Mojica Marins se
atreve en Esta Noite Encarnarei no
Teu Cadáver a presentar una escena,
la única rodada en colores, y summun
del delirio terrorífico-camp, en la
cual se sueña en el infierno, donde le
esperan todas sus víctimas para torturar
su alma, y se escucha la atronadora risa
del demonio mayor, aunque debo reconocer
que nunca, ningún cronista podrá
describir con solo palabras la
miscelánea de impresiones que provoca
esta escena y el cine todo de un autor
muchas veces despreciado y hoy rescatado
del injusto olvido.
Mojica Marins fue el antecesor e
inspirador del movimiento
cinematográfico underground que,
tomando su nombre de un distrito de
clase obrera de Sao Paulo llamado Boca
de Lixo (Boca de Basura), se conocería
como cinema do lixo. El grupo
estaba conformado por creadores de
izquierda opuestos al creciente
refinamiento e intelectualismo del
cinema novo y que, por tanto,
intentaban realizar un cine más cercano
al público, barato, provocativo y
genérico, como el que hacía Mojica
Marins, un creador fundamental en la
historia del cine de terror
latinoamericano, icono de la cultura
popular brasileña.
Chico y Rita:
requiebro fílmico a la Cuba legendaria
Cada vez que se escribe sobre Chico y
Rita suele decirse que se trata de
un afectuoso homenaje, pintoresco y
colorido piropo, a la música, la cultura
y al pueblo de Cuba, visto desde una
perspectiva idealizada, amorosa y
cómplice. Es preciso repetirlo ahora,
cuando la película va a debutar, dentro
de la Muestra de cine español, en la
misma ciudad que la película ilustra con
tanta belleza. Aparte del garbo visual y
sonoro que nadie le discute, el filme
llega aquí precedido por el prestigio y
el aplauso. En todas partes se elogia la
singularidad de un experimento
interesado en vincular la mejor
tradición del musical vernáculo —aquel
encargado de exaltar los valores de las
sonoridades autóctonas— con las más
evolucionadas técnicas de la rotoscopía,
el procedimiento que dibuja cuadro a
cuadro de una animación a partir de los
fotogramas ya filmados con actores
reales.
En la Escuela Internacional de San
Antonio de los Baños y con las voces y
presencias de los actores cubanos Limara
Meneses, Emar Xor Oña y Mario Guerra, se
rodó Chico y Rita, que nos
devuelve en plena forma a Fernando
Trueba probando suerte en novedades para
él desconocidas como la animación. Sin
embargo, al director le sobraba
currículo y sensibilidad para enfrentar
un proyecto como este luego de realizar
películas del prestigio de Belle
Epoque y el excelente documental
Calle 54, que subrayaba la
influencia de la música cubana en la
norteamericana. Similar operación de
salvamento y recordatorio verifica
Chico y Rita, seductora recreación
de una historia de amor marcada por la
imposibilidad y el lamento, como los
buenos boleros. Chico es un pianista
soñador; y Rita, excelente cantante.
Ambos habitan un ambiente parecido al
que describe la canción “Copacabana”, de
Barry Manilow. La pareja de jóvenes
decide formar un dúo, pero se atraviesa
en sus vidas afectivas y profesionales
un productor norteamericano. Mientras se
desenvuelve la historia de amor, desde
La Habana hasta Nueva York, el
espectador asiste también al momento de
fervorosa comunión musical entre Cuba y
EE.UU., vía jazz latino.
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La película destila gracia y
singularidad en cada secuencia,
incluidos los créditos. Está dedicada a
Bebo Valdés, compositor de la banda
sonora, y aparecen tres notables
profesionales en el rubro de
codirectores, acreditados por la
realización de este empeño laborioso y
complejo. Fernando Trueba se hizo
acompañar por el afamado pintor,
ilustrador y dibujante Javier Mariscal,
admirador de la cultura cubana y
responsable, en general, de la
apariencia y el diseño visual. Al dúo se
unió Tonio Errando, hermano de Javier
Mariscal y uno de los que generó la idea
de rodar primero la película con actores
cubanos y en Cuba, y luego dibujar sobre
ese “original” esta historia de amor
sincopada por la música cubana, y por el
aporte criollo al llamado latin jazz.
Obra de arte, impecable, intensa, única
y sensual son algunos de los adjetivos
más comunes que recientemente le
dedicaron los medios británicos a la
película luego del clamoroso éxito entre
la prensa y el público que conquistó la
película a su estreno Gran Bretaña e
Irlanda. Gary Giddins, uno de los
más prestigiosos críticos de jazz y cine
musical de EE.UU., publicó en Film
Comment, una reseña en que califica a
Chico y Rita “como una de las
mejores películas de ficción sobre jazz,
por no decir que no puedo pensar en
ninguna otra más verdadera y
sobrecogedora”. Hay que verla sin
excusas ni pretextos. Chico y Rita
contiene demasiadas cosas que nos
interesan.
Arriesgada duplicidad de algunos famosos
La historia del cine registra centenares
de casos y en esta edición del Festival
repunta, quizá de manera casual, el
fenómeno de los actores devenidos
cineastas. Muchas veces estar solo
delante de la cámara resultaba poco para
sus desbordados talentos, o es que
cumplieron cabalmente su papel
interpretativo y decidieron probar
nuevos métodos y canales de expresión.
Pueden encontrarse ejemplos ilustrativos
en todas las cinematografías. Vienen a
la mente Charles Chaplin, Orson Welles,
Laurence Olivier, John Cassavetes, Ida
Lupino, Robert Redford, Woody Allen, Liv
Ullmann, Nikita Mijalkov... Porque
además de la versatilidad y el talento,
a veces el redoblar las funciones tiene
que ver con el imposible de pagar dos
salarios, y de diferenciar las funciones
de actor y director en el cine
independiente, o al interior de las
cinematografías tercermundistas y menos
desarrolladas en cuanto a posibilidades
presupuestarias y cantidad de
producción.
El cine argentino ofrece amplia nómina
de actores-directores, desde Hugo del
Carril hasta Fernando Birri y Leonardo
Favio. Nacido en Montevideo, Daniel
Hendler es de ascendencia judío-polaca y
tuvo formación en teatro. Precisamente
su debut en la dirección, Norberto
apenas tarde (2010) es la historia
de un vendedor tímido y sin trabajo que
comienza a estudiar actuación para ganar
confianza en sí mismo. Hendler debuta
como director luego de adquirir fama
internacional trabajando en ambos
márgenes del Río de la Plata. En 2001
obtuvo la distinción como mejor actor
por el filme uruguayo 25 Watts en
el Festival Internacional de Cine
Independiente de Buenos Aires, más el
Oso de Plata en Berlín por El abrazo
partido (2004) y la distinción a la
mejor interpretación en Lleida por El
fondo del mar (2003). Anteriormente
había colaborado en el guión de El
nido vacío (2008), del director
Daniel Burman, cuyas películas
Esperando al Mesías (2000) o
Derecho de familia (2006) llevan a
Hendler, en papel destacado. En 2008
también fue premiado en Lima y Biarritz
por su actuación en Los paranoicos.
A diferencia de Hendler, el peruano
Fabricio Aguilar siempre tuvo clarísima
su vocación de cineasta, pero estudió
Ciencias de la comunicación, y antes de
dirigir su primera película Paloma de
papel, con cierto prestigio en el
circuito de festivales especializados, y
de producir la ópera prima de Frank
Pérez Garland, Un día sin sexo,
se consagró a los papeles de galán joven
en telenovelas y teatro. Ya famoso, y
con 30 años, debuta en el largo de
ficción, lo fascina la experiencia, y
sin renunciar a practicar su oficio en
televisión, reality shows,
culebrones o programas de participación,
continúa haciendo cine. Tarata es
su segundo largo, y narra la historia de
una familia cuya cotidianidad se ve
afectada por el atentado terrorista en
la calle Tarata. Gisela Valcárcel, una
de las conductoras más populares del
país, debuta en el cine con una
actuación elogiada por los críticos
peruanos.
En tanto cinematografía poderosa dentro
de su área geográfica, la mexicana
también ostenta un grupo destacado de
actores-directores: Emilio “El Indio”
Fernández, Alejandro Jodorowsky, Julián
Pastor y Alfonso Arau, entre otros.
Diego Luna es actor de televisión desde
que tiene siete años. Participó en
numerosas telenovelas antes del éxito
mundial conquistado, al lado de Gael
García Bernal, en la comedia Y tu
mamá también, de Alfonso Cuarón.
Luego, llegaron De película,
La tarea, Nicotina, Frida,
Open Range, al lado de Kevin
Costner; The Terminal, con Steven
Spielberg, Milk, Rudo y cursi...
Hizo en teatro Las obras de William
Shakespeare y debutó con un
documental sobre el boxeador Julio César
Chávez, mientras inauguraba Producciones
Canana, también junto con Gael. Diego
Luna cuenta en Abel la historia
de un niño precisado a asumir
responsabilidades de adulto luego de
pasar por una institución
mental.
Hendler, Aguilar y Luna están
compitiendo por los Corales en ópera
prima con Afinidades, el primer
largometraje de ficción que dirigen los
cubanos Jorge Perugorría y Vladimir
Cruz, mundialmente conocidos gracias a
sus espléndidas interpretaciones del
dueto protagónico en Fresa y
chocolate. Juan Carlos Tabío,
codirector del filme junto con Tomás
Gutiérrez Alea, volvió a llamarlos para
rendir sendos e intertextuales homenajes
al filme clásico sobre la intolerancia
en Lista de espera (2000) y El
cuerno de la abundancia (2008).
Ahora decidieron volver a unir
esfuerzos, delante y detrás de las
cámaras, en esta historia sobre la
crisis de dos parejas y la socorrida
“solución” del intercambio sensual.
Entre los cubanos también destaca Jorge
Molina, conocido sobre todo por sus
personajes secundarios para Fernando
Pérez y Daniel Díaz Torres, egresado de
la Escuela Internacional de Cine y
Televisión y realizador de varios cortos
al margen de las instituciones
cinematográficas oficiales. Molina
presenta, en la competencia para
debutantes, Molina’s Ferozz, un
reciclaje de la Caperucita roja que
juega con lo grotesco y lo
sicalíptico.
En otras secciones del Festival, puede
localizarse algunos otros creadores
ilustres en los terrenos de la
interpretación (Hanna Schygulla, la musa
de Rainier W. Fassbinder concursa en
cortometrajes con Lucero)
decididos a incursionar en los
arriesgados menesteres de la
realización; pero en Ópera Prima se
concentra la mayor parte. |