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Hace tiempo que quería
venir a Cuba, he soñado
venir aquí porque Cuba
es una leyenda en todos
los sentidos; pero si
hubiera venido muchas
veces yo no podría
filmar lo que usted dijo
ahora, porque el vuelo
son 13 horas y de
regreso a Moscú otras
13, y aquí no me van a
dejar dormir, prefiero
buscar una oportunidad
de venir en un lapsus de
filmación.
Si vamos a hablar de
cine y de la cultura en
general, creo que la
cultura existe solo en
el lugar donde existen
los problemas. Un pueblo
que no tiene problemas,
no tiene cine ni cultura
y si se inventan los
problemas, tendrá un
arte muerto y un cine
muerto.
En Rusia hay y habrá
problemas, igual que en
América Latina, y por
eso tanto allá como aquí
siempre habrá arte. El
futuro está en la sangre
joven de América Latina
y África, de China y la
India, porque en la
bella Europa si se unen
20 viejos no va a
resultar un joven, sino
un viejo respetable pero
nunca un joven. En lo
que se refiere a EE.UU.
eso no es un país, es un
proyecto comercial
grandioso, y no quisiera
que el famoso mundial
McDonald fuera
humanitario porque un
McDonald humanitario
puede convertir las
culturas individuales en
lo que hizo con la
comida individual, es
decir, es barata y
llena, pero no es nada
sabrosa.
¿Usted vino a Cuba a
presentar la segunda
parte de Quemado por
el sol?
Vine a Cuba porque nunca
estuve aquí.
¿Por qué una segunda
parte de Quemado por
el sol?
Hay segunda parte y
también está lista la
tercera porque voy a
seguir hablando de
Rusia, e intentando
comprender
espiritualmente qué pasó
entre el principio del
año 41 hasta el inicio
de la guerra, porque hoy
esos problemas
aparentemente ya están
olvidados.
En la metafísica de la
destrucción y en la
tercera parte, llamada
Ciudadela, la
metafísica de la
creación, la frase más
importante era “ojalá
que no haya guerra”
porque aquel pueblo que
nunca luchó en su propio
territorio no va a
entender qué es una
verdadera guerra. Puede
saber que están luchando
en Asia o en África,
pueden haber mutilados o
muertos, ser una
tragedia para la
familia, pero es otra
cosa. Cuando la guerra
sucede en tu propio
territorio, luchan los
soldados, los bosques,
la tierra, un banco en
el parque, la puerta de
tu casa, todo. Quisiera
recordarles que en Rusia
suscitó una reacción
enorme, porque uno no
quiere ver eso, porque
molesta, te irrita,
porque tienes otros
problemas distintos; sin
embargo, cuando alguien
se sumerge en esta
historia, sufre una
metamorfosis. A mí me
escribió una muchacha de
19 años diciéndome: “vi
su película, salí a la
calle y llamé a mi mamá
con la que no había
hablado desde hace cinco
años”. Para mí eso es
muy importante y para
eso es la película.
¿Se arrepiente de no
haber filmado más?
Mi mamá tenía una
explicación perfecta y
muy buena para todo:
“así es como debe ser”.
Yo no soy como los
católicos pero en lo
ortodoxo se dice que no
se da la cruz que no se
puede cargar.
Referentes literarios…
En primer lugar Chejov,
pues en sus obras
encuentras lo que te
hace falta hoy, es una
vereda en un campo, que
no se ve pero sí existe
el camino. Buscar ese
camino es lo más
interesante.
¿Qué diferencias existen
entre el cine soviético
y el cine ruso actual?
No tuve problemas para
hacer cine en la Unión
Soviética, no me
avergüenzan mis
películas de entonces.
Siempre filmé lo que
consideré correcto, y lo
decía también. La
diferencia del cine de
ahora y del soviético es
que antes existía la
censura, pero no había
peligro de que no
pudieras terminar la
película porque se
acababa el dinero. Hoy,
desgraciadamente, no
existe censura pero hay
posibilidades de que no
puedas terminar la
película porque se acabó
el dinero. Eso no
significa que antes eran
tiempos buenos y ahora
son malos. En la lucha
entre el censor y el
creador vence el que es
más verdadero, más
auténtico. Es el
resultado del alma, es
la diferencia entre ser
y tener. La diferencia
entre creador y no
creadores es que el
creador siente y el otro
no siente aunque se
ocupen del mismo asunto.
¿Qué les aconseja a los
nuevos realizadores?
La falta de dinero no
puede pararlos ahora que
son jóvenes, porque lo
que su alma crea no va a
desaparecer, su
atmósfera, su aura;
espera el momento para
realizarse, hacerlo todo
y a tiempo llega aquel
que sabe esperar. Por
eso les aconsejo que no
busquen primero el
financiamiento, sino la
idea, y todo lo que
ustedes crean y piensen
es lo verdadero y será
patrimonio no solo de
ustedes, sino también de
los demás.
¿Qué piensa de la era de
la tecnología en la cual
se le da más importancia
a la tecnología que a la
historia?
La tecnología es una
fuerza enorme, pero
solamente en aquellos
momentos cuando ella
aporta al espíritu y no
trata de decir que ella
es el espíritu.
¿Cuál ha sido la
repercusión en la vida
espiritual del pueblo
ruso del llamado Proceso
de transparencia
informativa de finales
de los 80?
No puede existir un
pueblo si no tiene nada
de qué reír. Solamente
aquel pueblo que tiene
cosas de qué reírse y
someterse a la ironía,
es el pueblo que puede
existir en el futuro.
Cuando la prensa no
tiene ninguna
responsabilidad por lo
que está escribiendo, se
convierte en el caos. Se
transforma en la
venganza impune, y como
Rusia es un país de
extremo, si queremos
queremos, si nos
emborrachamos nos
emborrachamos, y con
aquella libertad sucedió
que no tenía
responsabilidad.
¿Cree que las nuevas
generaciones de
cineastas rusos están
conscientes de que los
grandes valores de
aquella Rusia mítica,
eterna deberán ser la
base de su cine como lo
fue en el caso de su
mismo cine, que intentó
mostrar esa mística en
Pieza inconclusa
para piano mecánico,
Oblomov,
Quemado por el sol?
No puedo contestar por
ellos. No es tan
importante que ellos
filmen sobre eso. Es más
importante que ellos
filmen lo que quieren
filmar, pero que sepan
quién fue Oblomov. Eso
es lo principal. Existe
una frase que dice: “La
verdad cruel sin amor es
una mentira”. Estoy
dispuesto a ver el cine
más cruel del mundo más
feo. Quiero ver a quién
tú estás queriendo —como
director— con esta
película. No me gusta la
constatación, quiero ver
cómo tú te
responsabilizas por lo
que quieres.
Su película ganó el
Oscar el mismo año que
competía Fresa y
chocolate, pero
quería que supiera que
los cubanos lo
perdonamos: amamos su
película como amamos la
nuestra. Personalmente
le agradezco por venir a
Cuba porque me confirma
una suposición que tenía
desde que vi la película
por primera vez: solo un
gran ser humano pudo
haber hecho esa gran
película.
Le agradezco muchísimo
por sus palabras. Cuando
se trabaja por la fama,
el dinero, por los
premios nunca alcanza.
Nunca se va a estar
satisfecho. Tengo esto
pero quiero lo otro. Si
se dice lo que se tiene
dentro y además recibió
el premio ¡qué
felicidad!
¿Cómo Mijalkov, a través
de su cine, afronta el
reto de ser un hombre de
su tiempo?
Desde los tiempos de
Adán y Eva nada cambia:
el amor, el miedo, la
enfermedad, el respeto a
la vida y a la muerte.
Hoy existen Internet, la
tecnología, las bombas
atómicas; pero cuando
estamos ante Dios,
desnudos, nos preocupan
las cosas que
preocuparon a las
personas durante el
período bizantino. Los
tiempos modernos no
significan de moda,
existe un solo criterio:
nos preocupan o no nos
preocupan. Todo lo que
podemos hacer es
expresarlo en una forma
nueva, en una tecnología
nueva, aplicando una
tecnología gráfica. Todo
eso es necesario para
una sola cosa: tratar de
expresar el espíritu
humano, la vida del
espíritu humano; si no
existe, se observa la
pantalla y uno puede
maravillarse y decir
“qué bien está hecho”.
La película Avatar
fue vista por cientos de
millones de personas, y
estremeció al mundo.
¿Reconocería alguien al
actor que hizo el
personaje protagónico
ahora que no tiene cola?
Todo lo que está por
fuera nos nubló lo que
se encuentra dentro; nos
nublaron la vista, nos
engañaron; pero estamos
felices. Esa es la meta
de este tipo de cine. Y
me quito el sombrero
ante esta película; pero
después de ella, ¿me va
influir en el sentido de
que yo haga algo movido
por esta película? Por
ejemplo, pasa una
anciana y le ayudo a
atravesar la calle, ¿la
película va a influir
sobre mí de esta forma?
Por lo tanto, cuando
usted habla de la
modernidad, de los
tiempos de hoy, en el
sentido tecnológico,
digo que necesitamos
saber de tecnología,
utilizarla; pero siempre
lo más importante es el
amor y todo lo que se
relacione con el amor,
como fue para el homo
de antes. Hablamos sobre
el arte moderno y si
usted con su arte
moderno me puede dar
algo que yo entienda y
me conmueva, para mí es
suficiente.
Soy de una generación
que creció con la
presencia de los rusos
en Cuba. Algunos los
admiraban y otros los
rechazaban; pero entre
las cosas que
admirábamos están,
obviamente, las
películas de Nikita
Mijalkolv. Creo que ha
sido también el cineasta
ruso que mejor ha sido
recibido y eso tiene que
ver con que ha sabido
expresar el alma rusa
como antes lo hicieron
Tolstoi, Pushkin, Chejov,
Tarkovski. Cuando vemos
al hombre que es Nikita
Mijalkolv, se entiende
cómo puede hacer ese
cine tan vital. ¿Cuáles
son los temas que le
siguen inquietando? ¿Son
los mismos de hace 40
años, cuando se inició
en el cine de la mano de
su familia o ese tiempo
vivido le ha llevado a
otros temas?
Muchas gracias por sus
palabras. Les voy a
comentar una cosa
rarísima, que, incluso,
también me asombra. En
Rusia, me hicieron
llegar una compilación
de entrevistas que he
dado en el transcurso de
40 años en todo el país.
Durante mucho tiempo no
quise abrirla porque
tenía miedo de todas las
tonterías que pudiera
haber dicho durante
estos años; pero así y
todo lo abrí, lo hojeé y
llegué a una conclusión
asombrosa, por la que me
sentí feliz: no reniego
ni de una sola palabra.
Eso no significa que
siempre tuve la razón,
sino que tuve mi camino
propio, orgánico; es
decir, no tuve esa
sensación de que antes
me preocupaba una cosa y
hoy otra. Quizá es un
“caso clínico”, pero me
interesa hoy lo mismo
que antes.
Chejov vivió solo 44
años y escribió lo que a
él le pareció en los
años 80 del siglo XIX.
¿Esto quiere decir que
ya está envejecido este
autor? No, porque la
vida del espíritu humano
no conoce el tiempo.
Ustedes tienen nuevas
ideas y temas. Temo
parecerles un creador
acabado, pero no tengo
otro modo.
Dentro de sus películas,
una pieza clave ha sido
usted mismo como
protagonista de esas
historias que cuenta,
porque esa exquisita
sensibilidad que puede
transmitir dentro de sus
obras es lo que hace que
el espectador se conecte
con la historia, por la
transparencia en sus
expresiones y su rostro
que puede dar tanta
calma y al mismo tiempo
tanta dureza. Por eso le
pregunto: ¿la pasión por
ambas profesiones,
director y actor,
siempre han ido de la
mano o en algún momento
alguna se ha ido por
encima de la otra?
Ya les dije el refrán
ruso: Se está bien en
aquel lugar donde yo
todavía no estoy. Cuando
me desempeño como
director, me parece que
pudiera hacer mejor el
papel que cualquier
actor que lo esté
representando. Y cuando
estoy trabajando como
actor pienso que el
director lo hace todo
mal, que yo lo hubiera
hecho mejor. Siempre
resulta una lucha con
uno mismo, pero no trato
de unir estas dos
profesiones. Como actor
me desempeño donde sé
que pueda hacer el papel
y nunca me entrometo en
el trabajo de dirección;
pero cuando estoy
trabajando como
director, si considero
que puedo ayudar al
actor, lo hago.
Siempre he pensado que
la escuela de actores
rusa se encuentra entre
las mejores del mundo,
por lo que hemos visto a
través del cine. Elena
Solovei es tan
extraordinaria como
Meryl Streep, ni más ni
menos. Desde ese punto
de vista, usted que ha
podido dirigir actores
de otras nacionalidades,
¿hay algo que distinga
por encima de los demás
a los actores rusos y
soviéticos?
Es una escuela
asombrosa. Es, por
supuesto, Stanislavski,
Vastangov y Chejov. No
conozco una escuela
mejor que la rusa. A
propósito, Robert de
Niro, Robert Redford,
Paul Newman... todos
pasaron la escuela que
fundó Chejov.
Soy de una generación
que estudió en escuelas
de nombres como
Presencia de Lenin,
Revolución de Octubre… y
cuando vi Ana —el
documental—, me sentí
muy identificada con
ella. De hecho, me sentí
Ana. ¿Qué ha pasado con
Ana después de tanto
tiempo?
¿Qué Ana?... [Risas] Ana
es muy buena actriz
porque yo sí entiendo de
eso. Ella dio a luz a
dos bandoleros y siempre
discute conmigo, por eso
debo estar siempre en
forma, me obliga a estar
en forma. Es una persona
armónica y de muchas
facetas, muy
independiente, sensual;
no sé cómo llegó a
lograrlo, pero tiene una
técnica afilada de
trabajo actoral. Hoy
verán a Nadia, que era
muy pequeña cuando
hicimos la primera
película y ahora también
es buena actriz. Pero
usted habla de la
película: es un
documento de una época
muy importante y va a
quedar como un
testimonio. Cuando uno
está cerca del otro, no
se distingue nada. Lo
más grande se ve a la
distancia, en la
perspectiva. Mientras
más tiempo pase, más va
a significar esta
película.
Generalmente, los padres
amamos por igual a todos
los hijos. Pero le
pregunto: ¿cuál es la
película que más le ha
satisfecho como
realizador —no la que
más gloria le trajo—, y
cuál es la actriz con
cuya actuación se ha
sentido más complacido?
Como norma, nosotros no
valoramos el trabajo
per se, sino lo que
costó, o sea, aquella
energía interior que
gastamos en la obra.
Ningún filme mío fue
fácil para mí. Y siempre
me pareció que cada
película fue la más
difícil de todas. No
puedo decir ahora que
quiero más a una
película que a otra,
aunque sí hay unas
mejores que otras. Te
puedo decir que cuando
veo mis películas, tengo
sensaciones encontradas:
la tristeza de que no
puedo rectificar todo lo
que no salió bien y la
alegría de que tampoco
puedo hacerlo.
Versión del
encuentro de Nikita
Mijalkov con
periodistas,
realizadores y
estudiantes de cine
durante el 32 Festival
Internacional del Nuevo
Cine Latinoamericano. |