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La bailarina y
coreógrafa Alicia Alonso
ha recibido múltiples
condecoraciones, “muchos
reconocimientos para una
misma persona”, según
confiesa. La Orden José
Martí de la República de
Cuba o el título de
Embajadora de Buena
Voluntad de la ONU para
la Educación la Ciencia
y la Cultura, son
algunos de los lauros
que reconocen sus
méritos como intérprete,
coreógrafa, educadora y
paradigma de
intelectual. Pero en
2010, cuando también se
le colma de homenajes
por su cumpleaños 90, la
prima ballerina assoluta de Cuba ha
recibido la Medalla
Haydée Santamaría, un
galardón entrañablemente
particular para ella,
por su cercanía con la
heroína de la Revolución
Cubana.
Con la distinción
impuesta a la Alonso
este 2 de diciembre, el
Consejo de Estado de la
República le rinde
tributo por formar parte
del conjunto a
personalidades que han
contribuido a
materializar los
objetivos de
enriquecimiento y
defensa de la cultura
que promueve Casa de las
Américas, institución
fundada por Haydée.
Varias veces ha
recordado con admiración
Alonso a la asaltante
del Moncada, pues ha
percibido en ella un
enorme espíritu de
justicia. Al agradecer
el premio con palabras
improvisadas “desde el
corazón”, la Directora
del Ballet Nacional de
Cuba comentó el vínculo
de Haydée Santamaría con
su vida privada y la de
la compañía: “fue amiga,
revolucionaria. Siempre
nos ayudó mucho con
detalles, sobre todo
para los decorados del
Ballet. Se ocupaba desde
lo más complicado hasta
lo más sencillo. Es de
esas personas que se
quedan para siempre y no
se olvidan nunca”.
En Alicia, en especial,
esta entidad
cincuentenaria ha
descubierto el ejemplo
de una mujer “que ha
hecho de la danza una
manera de festejar la
vida”, según expresara
la responsable de Teatro
de la Casa,
Vivian
Martínez Tabares. La más
grande Giselle de todos
los tiempos, se
distingue además por
haber sido “capaz de
recrear para su época el
mejor legado clásico”,
su labor como maestra y
fundadora del Ballet
Nacional y su trabajo
como “líder rigurosa de
una compañía que ha
legado al mundo valiosos
exponentes”.
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“Alicia es una gloria de
Cuba, una gloria de la
humanidad”, señaló el
presidente de Casa,
Roberto Fernández
Retamar al ser abordado
por esta revista. “Al
entregarle esta medalla
—continúa el poeta— ella
nos honra tanto como
nosotros hemos querido
honrarla. Es un ejemplo
de voluntad, de firmeza,
de amor a la belleza, a
la justicia. Es, sin
duda, uno de los seres
más extraordinarios que
ha producido este país.
Nos llena de felicidad y
de orgullo, y confiamos
en que su ejemplo sea
seguido por muchas y
muchos para bien de
todos”.
En la Casa de las
Américas el homenaje
esta vez ha sido doble.
Como lo indican las
palabras de elogio de
Tabares, en él han
coincidido dos leyendas:
Haydée, de “energía
latente”, y Alicia, “la
mariposa azul que nunca
ha dejado de bailar”.
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