Año IX
La Habana
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Ángel Augier

Sus letras para el periodismo cubano

Miriam Rodríguez Betancourt • La Habana

Foto: UNEAC y La Jiribilla

 

Decía Nancy Morejón, en la presentación de  “Cuba, una poesía de la acción”1, al referirse a la vastedad y variedad de la obra escrita por  Ángel  Augier, que este  había concebido siempre a la literatura en una  multiplicidad de géneros y vertientes.  Reflexión similar hacía Félix Pita Rodríguez en relación con su propia creación: se trata de “una misma visión del mundo expresada de maneras diferentes, en mayor  o menor profundidad”2. Augier lo explica con  proverbial sencillez cuando un periodista le pregunta si es un poeta que escribe ensayos o un ensayista que escribe versos: “los escritores nunca somos solo una cosa, se es poeta y al mismo tiempo, otra cosa”3. “Hombre de letras, vocación a la que añadió otra, hija de las mejores tradiciones de nuestra lengua: la del periodismo. Un periodismo que lo convirtió en uno de los editores más interesantes de la vida republicana y luego de las plumas más comprometidas con la lucha popular cubana en varios períodos”4, significaba Nancy, con tanta síntesis como acierto.

Este hombre de letras cultivó estos territorios que se entrecruzan pero conservan sus linderos propios. No siempre el escritor está consciente  de los caminos que recorrerán sus palabras, tal vez las rutas de salida lo escojan a él y no él a ellas como comúnmente se  cree.

El  escritor de tan  diversos  registros que el 1ro. de diciembre cumpliría cien años, recorrió el periodismo de punta a cabo. Desde redactor hasta editorialista, pasando por reportero, corrector de pruebas, corresponsal, jefe de información, asesor, director y hasta repartidor de periódicos, pues por solidaridad con las actividades antimachadistas los distribuyó, según dijo en entrevista  con Ciro Bianchi5. En cuanto a las publicaciones en las que colaboró o trabajó, ya en plan como periodista, mejor, aunque quizá no más fácil, sería  mencionar en cuáles no apareció algún escrito suyo.

De adolescente le venía el gusto por la palabra escrita: “desde que aprendí a leer, tuve una voracidad de lectura muy grande, cualquier papel impreso me interesaba”6.

Al periodismo llegó por vocación y destino, luego con él se ganaría también el sustento, y, en definitiva, no lo abandonaría mientras le quedaron fuerzas. Lo simultaneó con la múltiple obra creativa que realizó: y de la que aquí se ha hablado con prolijidad. Poeta, crítico, ensayista, investigador, biógrafo, animador cultural, director de entidades, periodista… y estoy segura que se nos queda alguna sin mencionar.

Quiero detenerme en dos trabajos suyos en el periodismo de los que se sentía particularmente orgulloso: su participación como fundador de Prensa Latina y también como redactor de la Agencia, y su  colaboración sistemática durante largos años en la sección “En Cuba”, de la revista Bohemia.

Recordaba a menudo en entrevistas y  conferencias, su participación en el proceso de información del Despacho redactado por Jorge Ricardo Masetti  con que Prensa Latina anunció al mundo la victoria de Playa Girón. También mencionaba su labor en Bohemia, revista para la que escribió desde 1946 hasta 1957 y, especialmente, en cuanto a la  sección “En Cuba”, la reconocía como una labor que jamás se desarrolló a contrapelo de sus convicciones ideológicas7

En la etapa de su colaboración con Bohemia, Augier trabajaba en la redacción del periódico Hoy: cubría allí dos sectores que resultaban muy importantes para la sección “En  Cuba”: el ayuntamiento de La Habana y el Ministerio de Educación. Según él afirmaba, el traspaso de noticias desde el periódico comunista a la Bohemia liberal se producía con la anuencia de la dirección de Hoy. Que inteligentemente comprendía la repercusión mayor que en la revista tendrían las denuncias sobre la corrupción en las entidades atendidas  por Augier. No hay que olvidar que Bohemia era la publicación  periodística más leída del país, que llegaría a editar semanalmente 30 mil ejemplares y varias veces medio millón y hasta un millón, en un país que contaba con  alrededor de  seis millones de  habitantes, y que la sección dirigida por Enrique de la Osa era responsable, en considerable medida, de semejante impacto.

Luego de dos años de intenso trabajo en Prensa Latina, medio que, como se sabe, demanda cabal dominio de la técnica periodística,  pasará al periódico El Mundo, en 1962, como Jefe de redacción. Lo avala la experiencia adquirida desde los años 30 cuando comienza a  colaborar en La Palabra, el primer diario de los comunistas cubanos, que entonces dirigía Juan Marinello, y que como todas las publicaciones del Partido en esa época, requerían periodistas todoterreno. No eran solo redactores, reporteros; sino también formatistas, titulistas, correctores.  

Otras de sus “aventuras editoriales” de entonces, como él gustaba llamarlas, fue  la codirección de la  importante revista Mediodía, primero dedicada a temáticas literarias y pronto convertida en una revista genérica que abordó política nacional e internacional en el contexto de un período de intensas luchas políticas y sociales como las que llevaban a cabo los obreros y estudiantes cubanos, las fuerzas progresistas del continente en defensa del gobierno antimperialista de Lázaro Cárdenas, y el pueblo español contra el fascismo.

Así que, en realidad, donde Augier entró en el “apasionante y sugestivo mundo del periodismo”8, como él lo calificó, fue  en  las publicaciones del Partido, organización que durante la lucha contra Machado y aun después, aprovechaba todas las vías posibles para que no dejara de circular el mensaje de la Revolución tanto en las publicaciones clandestinas, como en las legales: el diario La Palabra, el semanario Resumen, la revista Mediodía, la revista Páginas y, por supuesto, Noticias de Hoy. Si intensas fueron las décadas anteriores al triunfo de la Revolución en lo que respecta a su labor periodística, las  siguientes no ceden un ápice a la pasión con que Augier acomete sus nuevas tareas en la divulgación de la obra revolucionaria desde el mismísimo año inaugural. 

En Bohemia, El Mundo, Noticias de Hoy y otras  publicaciones, aparecen sus artículos en los que recuerda figuras patrióticas, compara el ayer de frustraciones con el hoy promisorio, interpreta las noticias de actualidad, advierte de los peligros que se ciernen sobre la naciente Revolución.

El elogio de la obra va siempre sustentado del argumento sólido, que explica la razón, causa y consecuencia de los éxitos. Cuando concluyó la Campaña de alfabetización, escribe: “la obra cumplida es grande y hermosa como ninguna, no solo por el sentido de  justicia que ha tenido, no solo por el fervor de humanidad con que se ha realizado ni por el aliento popular de que ha estado asistida. Sobre todo, porque enriquece en proporción incalculable, la energía y la potencialidad, ya de por sí impresionantes, de la revolución socialista. Cientos de miles de cubanos han quedado en  disposición de incorporarse a la construcción de una sociedad más justa y de disfrutar de ella a plenitud, de contribuir al creciente fomento industrial o del país, de  elevar, junto a sus conocimientos,  el nivel técnico necesario  en el proceso de producción”9.

De su prosa periodística pudiera decirse lo mismo que se consigna de su  trabajo como biógrafo de Guillén: “es la suya obra de especialista que no escribe para círculos de erudición, sino para el acercamiento popular a un gran poeta”.

Es justamente eso lo que pretende: acercar a los lectores. Dialogar con ellos más que imponerle criterios, siempre acudiendo a las causas históricas o políticas o económicas que originan o resultan de algún modo antecedentes de los acontecimientos que aborda. Sus conocimientos de la  historia, de la política, su cultura, le facilitan establecer la comunicación persuasiva. En ese sentido, cito: “todo ese andamiaje levantado por el imperialismo y sus cómplices nacionales, fue lo que comenzó a resquebrajarse en Cuba el 1ro. de Enero de 1959, es decir, exactamente 60 años después de perpetrarse oficialmente la ocupación militar norteamericana de nuestro país que abrió las puertas del nuevo fenómeno económico del capitalismo. Por eso, la Revolución Cubana es un suceso histórico esencialmente de dimensión latinoamericana porque es el primer acto de clausura de un ciclo de opresión imperialista que se inició precisamente aquí 60 años antes. Por eso, la  huida de Batista, último instrumento del imperialismo en Cuba, el 1ro. de Enero de 1959, ante el avance incontenible del Ejército Rebelde, no obedeció a un hecho fulminante, sino que se produjo como resultado de un largo proceso histórico no solo cubano, sino latinoamericano”11.

Lo sabía todo del oficio periodístico, como él afirmaba del periodista Guillén: escribió artículos, comentarios, crónicas, semblanzas, notas, entrevistas, reportajes, apuntes de viajes, ensayos, ¿cuántos?, miles, sin duda.

De  la probable frescura e interés de sus trabajos, dijo que no los atribuía a los méritos intrínsecos o formales de ellos, sino “al impulso combativo y la orientación ideológica y el limpio espíritu revolucionario que los dictaron”12.

Como periodista acostumbrado a encontrar aristas curiosas para sus trabajos, Augier halla uno, por ejemplo, en la coincidencia de la fecha de nacimiento de dos seres raigalmente opuestos como Tagore y Bruno Musolini, el aviador fascista, hijo del duque.  A partir de ello, redacta un comentario en el que marca las diferencias entre ambos:

“Tagore es el símbolo del creador: es el tipo humano que en la sociedad socialista hubiera encontrado un ancho cauce para su fecunda vocación magistral y para su infinita sed de belleza. Bruno Mussolini es el destructor: simboliza al hombre mecánico que nos quiere imponer la barbarie fascista (…)” 13.

En la polémica, Augier revela el respeto debido a la opinión diferente, sin que ello suponga renuncia a la confrontación de criterios. Así responde a la réplica de Leopoldo Horrego a un artículo suyo sobre Plácido, “Silueta de Plácido”, publicado en Bohemia el 4 de julio de 1948 con el que obtuvo Premio en el Concurso Nacional periodístico Juan Gualberto Gómez: “lo cierto es que el señor Horrego intenta resucitar —quizá sin proponérselo premeditadamente— la vieja polémica entre denostadores y defensores de Plácido, que llena buena parte de la historia literaria cubana del pasado siglo, y no estaría yo opuesto a esa resurrección por inoportuna que me parezca, si no existiera el evidente error por parte del señor Horrego de tomar mi trabajo como punto de apoyo, situándome entre las enemistades póstumas del poeta, al extremo de creerse obligado a defenderlo de mis afirmaciones, cuando la realidad es otra: siempre he figurado entre los partidarios de la causa de que se erige campeón mi impugnador, aunque sin dejar en ningún momento que mi simpatía pueda conducirme a deformar la verdad histórica, por muy penosos que pudieran aparecer algunos de los aspectos de esta”14.

La sensibilidad del cronista capaz de advertir la significación esencial de un acontecimiento se revela en su crónica “Presencia y ejemplo”, publicada en El Mundo, el 2 de noviembre de 1967, sobre la velada solemne en homenaje al Che. Los que estuvimos aquel día en la Plaza  sentimos la hondura de esta evocación: “(…) fue el clímax de diez días de alternativas de sorpresa, consternación, duda, esperanza, desesperación, protesta, dolor, dolor profundo y sin márgenes. Fue la culminación de una larga pena que desfiló, grave y silenciosa por las calles, ríos humanos que formaron el dilatado océano de recogimiento y devoción de la histórica plaza.(…) Aquella evocación distinta, original, atenta más al sentido profundo del ser excepcional a que estaba consagrada que a lo convencional y transitorio, tuvo la virtud de ayudar a transformar el dolor concentrado, la intensa pena, en fuerza combativa, como si de repente se hubiera descubierto, en el ejemplo único de una vida generosa y fecunda, la certeza de su inmortalidad”15.

En mi opinión, hay varias etapas, hitos si se quiere, en la trayectoria de Augier periodista: la primera, su labor en las publicaciones del Partido; la segunda, Prensa Latina y Bohemia; la tercera, su función como editor y fundador de publicaciones, (con Mención especial a la Dirección de la Revista de literatura cubana); y la cuarta, su dedicación ininterrumpida al periodismo cultural mediante colaboraciones con prácticamente todas las publicaciones de ese perfil en Cuba.

A pesar de su brevedad e incompletitud, esta aproximación al periodismo de Ángel Augier conduce también a varias conclusiones:  la primera, que ninguna historia o reseña de la prensa en Cuba puede prescindir de incluirlo; otra, que sus textos debían ser objeto de cursos extracurriculares en la Facultad de Comunicación y en los restantes centros de formación profesional del país, y también en el Instituto Internacional de Periodismo José Martí, y, por último, que el Instituto del libro haría bien en preparar una reedición, ampliada y actualizada, de “Prosa varia”, ese compendio de sus textos periodísticos, precedida de un estudio riguroso, crítico, que precisara el lugar y alcance de su obra en el periodismo cubano.

 

Notas:

1    
Morejón, Nancy: Presentación en Feria del Libro, La Habana, 2006.

2
    
Martí, Agenor: Hablar con ellos, Editorial Oriente, 1984, p.47.

3
    
García, Pedro: “Ángel Augier: vivencias y confesiones”, en http//lajiribilla.Cubaweb.cu/index. html, 4-10 febrero, 2006.

4
    
Morejón, Nancy: Presentación en Feria del Libro, La Habana, 2006.

5
    
Bianchi, Ciro: Las palabras de otro, Ediciones Unión 1982, p. 57.

6
    
García, Pedro: “Ángel Augier: vivencias y confesiones”.

7
    
De la Osa, Enrique: En Cuba. Primer tiempo. 1943-1946, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1990, p. 13.

8
    
Augier, Ángel:  Prosa varia, Letras Cubanas, 1980, p. 129

9
    
Ibíd., p. 383.

10
 
Arcos, José Luis,  Aida Bahr, Aymé Borroto et. al.: Historia de la literatura cubana,  Tomo III (La Revolución (1959-1988),  Letras Cubanas, 2008, p. 418.

11 Augier, Ángel: Prosa varia, Letras Cubanas, 1980, p. 381.


12 Ibíd. p. 6.

13 Ibíd. p. 336.

14 Ibíd. p. 50.


15
Ibíd. p. 386.

 

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