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La boca
cerrada y la paz
A Michael Stephen Borden alguien debió decirle que lo mejor para cuidar
su salud era cerrar bien la boca. Como no lo supo nunca, le dio por
decir que deseaba matar a Obama.
Fue arrestado de inmediato. Nada importó que fuera veterano de guerra,
expolicía y, para más, un jubilado del cuerpo de bomberos. Cuando soltó
su bravuconada, estaba en un hospital de Carolina del Sur, haciéndose un
chequeo médico, y a quien se lo dijo fue a su enfermera. Los viejitos a
veces hablan de más.
Debería hacer como el propio Obama, el Premio Nobel de la Paz, que no
habla de matar a nadie, mientras sus tropas asesinan gente a mansalva en
Afganistán, y así mismo, sin mediar palabra, está calentando el ambiente
en la península de Corea. |