Año IX
La Habana
2010

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Canción breve para Zenaida Elizalde

Rubén Darío Salazar • Matanzas

Fotos: Pepe Murrieta y cortesía del autor
 

Mi abuela decía que siempre que alguien te piense, el espíritu material o intangible del ser humano subsiste, desanda, está vivo en el plano tierra. El pasado 14 de julio del año en curso, murió de un accidente cardiovascular la actriz, titiritera e instructora de teatro Zenaida Elizalde. Retablo Abierto, además de publicar trabajos teóricos, entrevistas, testimonios y críticas sobre el hecho escénico titiritero, quiere ser también obituario, evocación o memoria indeleble de quienes levantaron el retablo de figuras en nuestra Isla o allende los mares.


Zenayda Elizalde con José Milián y Alberto Oliva recientemente

Nunca conocí personalmente a Zenaida, es una de las ausencias que pesa sobre el libro acerca del Teatro Nacional de Guiñol, que preparamos Norge Espinosa, Yanisbel Martínez y yo. Pero por suerte, Zenaida tenía amigos, colegas de toda la vida que no olvidaron a la negra bonita de ojos de estrellas… como dice la canción escrita por Portillo de la Luz, quien fuera además de compañero, padre de sus hijos Ulises y Cristóbal. Regina Rossié, colega de la Elizalde en los tiempos del Guiñol Nacional, en los años 60, desgranó para mí algunos recuerdos atesorados en casi 40 años de amistad y camaradería laboral. Cuenta que Zenaida venía del mundo de la música, cantaba en la orquesta del maestro Enrique Jorrín, con ellos le dio la vuelta al mundo. Luego pasó a trabajar en el mundo del cabaret, ahí la conoció Pepe Camejo, con ese ojo aguzado para los asuntos de escena. ¡Como me hubiera gustado estar entre los privilegiados que disfrutaron su concepción del personaje Obbatalá, en el Misterio Yoruba Shangó de Ima, de Pepe Carril!; mas era 1965, y yo apenas tenía dos años. Me perdí su canto, su danza y su fuerza poderosa al decir:

“Este pelo blanco me refleja todos los misterios, tengo el poder de todas las cabezas, y a la cabeza de los malos, siempre les arrebato el juicio” 1.


Zenaida Elizalde como Obatalá en Shangó de Ima, con Carucha Camejo

El elenco, completado por Ulises García, como Shangó, Armando Morales, como Agayú Solá, Luis Brunet en Ikú, Isabel Cancio representando a Oyá, Xiomara Palacio a Oshún, Gilberto García a Olofi, Regina Rossié en la piel de Yemayá, Mabel Rivero como Obba, y Ernesto Briel en Oggún, escribió una de las páginas teatrales más hermosas de la escena cubana toda. Y allí estuvo Zenaida Elizalde, voz de fuego, mirada de acero, corazón de campana. Me ha comentado el titiritero Pedro Valdés Piña que era la deidad en persona, con unos ojos llameantes, que puede evocar con solo agitar un poco la memoria.

¿Cuántos niños y niñas, ahora hombres y mujeres recordarán su vendedora en La cucarachita Martina, de Estorino, su Señora Perversa en Blancanieves y los siete enanitos en versión de Carucha Camejo, su trabajo en la madre de La Caperucita Roja? ¿Cuántos adultos pueden comentar ahora de su Raquel en La corte de Faraón, Areusa la ramera en La Celestina o Gabriela, la loca de San Sulpicio, en La loca de Chaillot, de Giradoux?

De las tropas del Teatro Nacional de Guiñol pasó al colectivo Teatro Estudio, donde dio vida a uno de los personajes de La toma de La Habana por los ingleses, del matancero José Milián. Dicen que estuvo muy bien. La Habana iba cambiando, los trayectos a vencer de El Cotorro al Vedado empezaban a pesar, los niños pequeños llevaban atención y Zenaida pasa a trabajar como instructora de teatro en varias casas de cultura. Allí fue dejando su hacer, su impronta teatrera y vital, cuentan que tenía mucho éxito entre los alumnos, también que adversidades en la familia laceraron su sonrisa para siempre.


Zenaida, Armando Morales y Regina Rossié en los años 60

No es posible entonces quedar en silencio ante el legado para las tablas de Zenaida Elizalde. Por lo menos permítaseme musitar estas líneas, como una breve canción de respeto, admiración y cariño… “Siempre fui santa y mayor, nunca pude ser niña ni tener mundo como cualquier mujer” 2… Si yo, que no la conocí, ni la vi trabajar nunca, siento levitar sobre mí sus parlamentos y su imagen de diosa negra afrocubana, es que el alma de Zenaida sigue desandando nuestros lares y quiere que la despidamos con un aplauso enorme e infinito. Sea ¡Bravo, Zenaida Elizalde! (ovación).

Notas:

1- Parlamentos del personaje Obbatalá, pertenecientes a la escena 1, del texto Shangó de Ima de Pepe Carril, publicado en el libro Teatro Mítico, de la Colección Aire Frío, de Ediciones Alarcos, en 2007.
2- Idem

 

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La Habana, Cuba. 2010.
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