Mi abuela decía que siempre que
alguien te piense, el espíritu
material o intangible del ser
humano subsiste, desanda, está
vivo en el plano tierra. El
pasado 14 de julio del año en
curso, murió de un accidente
cardiovascular la actriz,
titiritera e instructora de
teatro Zenaida Elizalde. Retablo
Abierto, además de publicar
trabajos teóricos, entrevistas,
testimonios y críticas sobre el
hecho escénico titiritero,
quiere ser también obituario,
evocación o memoria indeleble de
quienes levantaron el retablo de
figuras en nuestra Isla o
allende los mares.
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Zenayda Elizalde con
José Milián y Alberto
Oliva recientemente |
Nunca conocí personalmente a
Zenaida, es una de las ausencias
que pesa sobre el libro acerca
del Teatro Nacional de Guiñol,
que preparamos Norge Espinosa,
Yanisbel Martínez y yo. Pero por
suerte, Zenaida tenía amigos,
colegas de toda la vida que no
olvidaron a la negra bonita
de ojos de estrellas…
como dice la canción escrita por
Portillo de la Luz, quien fuera
además de compañero, padre de
sus hijos Ulises y Cristóbal.
Regina Rossié, colega de la
Elizalde en los tiempos del
Guiñol Nacional, en los años 60,
desgranó para mí algunos
recuerdos atesorados en casi 40
años de amistad y camaradería
laboral. Cuenta que Zenaida
venía del mundo de la música,
cantaba en la orquesta del
maestro Enrique Jorrín, con
ellos le dio la vuelta al mundo.
Luego pasó a trabajar en el
mundo del cabaret, ahí la
conoció Pepe Camejo, con ese ojo
aguzado para los asuntos de
escena. ¡Como me hubiera gustado
estar entre los privilegiados
que disfrutaron su concepción
del personaje Obbatalá, en el
Misterio Yoruba Shangó de Ima,
de Pepe Carril!; mas era 1965, y
yo apenas tenía dos años. Me
perdí su canto, su danza y su
fuerza poderosa al decir:
“Este pelo blanco me refleja
todos los misterios, tengo el
poder de todas las cabezas, y a
la cabeza de los malos, siempre
les arrebato el juicio”
1.
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Zenaida Elizalde como
Obatalá en Shangó de Ima,
con Carucha Camejo |
El elenco, completado por Ulises
García, como Shangó, Armando
Morales, como Agayú Solá, Luis
Brunet en Ikú, Isabel Cancio
representando a Oyá, Xiomara
Palacio a Oshún, Gilberto García
a Olofi, Regina Rossié en la
piel de Yemayá, Mabel Rivero
como Obba, y Ernesto Briel en
Oggún, escribió una de las
páginas teatrales más hermosas
de la escena cubana toda. Y allí
estuvo Zenaida Elizalde, voz de
fuego, mirada de acero, corazón
de campana. Me ha comentado el
titiritero Pedro Valdés Piña que
era la deidad en persona, con
unos ojos llameantes, que puede
evocar con solo agitar un poco
la memoria.
¿Cuántos niños y niñas, ahora
hombres y mujeres recordarán su
vendedora en La cucarachita
Martina, de Estorino, su
Señora Perversa en
Blancanieves y los siete
enanitos en versión de
Carucha Camejo, su trabajo en la
madre de La Caperucita Roja?
¿Cuántos adultos pueden
comentar ahora de su Raquel en
La corte de Faraón,
Areusa la ramera en La
Celestina o Gabriela, la
loca de San Sulpicio, en La
loca de Chaillot, de
Giradoux?
De las tropas del Teatro
Nacional de Guiñol pasó al
colectivo Teatro Estudio, donde
dio vida a uno de los personajes
de La toma de La Habana por
los ingleses, del matancero
José Milián. Dicen que estuvo
muy bien. La Habana iba
cambiando, los trayectos a
vencer de El Cotorro al Vedado
empezaban a pesar, los niños
pequeños llevaban atención y
Zenaida pasa a trabajar como
instructora de teatro en varias
casas de cultura. Allí fue
dejando su hacer, su impronta
teatrera y vital, cuentan que
tenía mucho éxito entre los
alumnos, también que
adversidades en la familia
laceraron su sonrisa para
siempre.
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Zenaida, Armando Morales
y Regina Rossié en los
años 60 |
No es posible entonces quedar en
silencio ante el legado para las
tablas de Zenaida Elizalde. Por
lo menos permítaseme musitar
estas líneas, como una breve
canción de respeto, admiración y
cariño… “Siempre fui santa y
mayor, nunca pude ser niña ni
tener mundo como cualquier
mujer”
2…
Si yo, que no la conocí, ni la
vi trabajar nunca, siento
levitar sobre mí sus parlamentos
y su imagen de diosa negra
afrocubana, es que el alma de
Zenaida sigue desandando
nuestros lares y quiere que la
despidamos con un aplauso enorme
e infinito. Sea ¡Bravo, Zenaida
Elizalde! (ovación).
Notas:
1-
Parlamentos del
personaje Obbatalá,
pertenecientes a la escena 1,
del texto Shangó de Ima
de Pepe Carril, publicado
en el libro Teatro Mítico, de la
Colección Aire Frío, de
Ediciones Alarcos, en 2007.
2- Idem