Año IX
La Habana
2010

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¿DÓNDE QUIERES QUE
TE PONGA EL PLATO?

Omar Pérez

(La Habana, 1964)

 

Las llamas

Llegando a la rotonda de San Diego, en un parquecito, veo de reojo dos llamas que pastan. Me llevo una sorpresa: habituado estoy al tradicional crimen de las aves enjauladas, pero una pareja de llamas casi en el centro de Medellín! A la amable señora que me sirve el jugo de borojó, en jarra plástica y verde, llena hasta el borde, pregunto de dónde son estos animales. Quiero decir, a quién, por así decirlo, pertenecen. “Son de la tiendecita de animales frente al parque.”
El policía que entró al baño me pregunta cómo me va. “Bien.”  

Los tomates mejoran cada día, las calabazas son
del color del mango, un pan similar al barro y a la
brasa, no lo hay;
ahora rompen a cacarear las gallinas que callaron
cuando los gallos cantaban:
las ferias son mercados disfrazados de fiesta
los libros son candiles apagados en tinta
la nada es nada, el infinito al cero.
La isla se va, el áncora se queda.
Moneda
refractaria es aquella
que no cae al agua de las disquisiciones
moneda fraccionaria es aquella
que se hunde en las tardes mercenarias.
Ejemplo, el caracol: viviremos con menos
moriremos con más
viviremos desnudos para morir elegantes,
los tomates mejoran cada día
y la yedra se levanta del océano.
Estoy saciado como una hiena,
como una liebre, como una piedra.
La isla se va. El áncora se queda.  

Las semanas se fugan como oro
peso específico de las ciudades
que tratan de ganar, o al menos no perder
la compostura de ilustres realidades
para todas las edades.

Es un misterio: dónde puse los libros
los silenciosos artículos de polvo.
Ese dios que veneras como leche cortada
esa fe que repartes como papel periódico
esas estaciones tan bien amortajadas
en una creencia de parasol metódico.
Caos, orden, aguaceros
de una ley desmigajada
una sonrisa entrenada
entre cotas y luceros
la isla se va, el áncora se queda.


Pobreza

Un hombre, una mujer; nacen, crecen con el fin de
   apropiarse
de todo lo que los rodea. No hablo del robo común,
    del cauce fraudulento
de las acciones por el cual los semejantes
     nos encaminamos en la vía pública,
ora por la mentira, ora por la extorsión.

No se habla sino de esa creencia simple, franca,
     ingenua,
en que lo que hacemos sirve para apoderarnos
     de lo que queremos,
de lo que necesitamos o creemos necesitar.

Todo en fin; dígase “pajarito volando” y un ave
    cualquiera
se verá obligada a abandonar su selva para servir en
    una jaula,
dentro de otra e infinitas jaulas.

Y cualquier mujer u hombre tendrán el derecho
   de trabajar sin descanso
para sin descanso capturar y aprisionar el pájaro
   de sus ilusiones.
Y dígase libro y morirá un árbol, dígase hotel y un
   arrecife morirá,
dígase embalse y morirá una cascada.
Y al final, después de haber capturado todo lo que
  queríamos
moriremos pobres.


Riqueza

Lo mismo.


La burocracia no existe

Tras la fachada de papel, las jergas
   de los especialistas,
la imperturbabilidad de los ministerios, la burocracia
   no existe.
Lo que existe, un extendido autismo,
una ausencia de flexibilidad mental, por consiguiente
  física.
Cada vez más rígidos, encajonados en la lógica
  verbal del intelecto,
sin que importe otra cosa que “tener razón”
   y enarbolarla
a expensas del niño que duerme aquí, o muere allá,
mostramos una fatal y soberana esclerosis múltiple
     del espíritu.


Los especialistas

La poesía es una casa abierta; casa sin puertas, tal
   vez puerta sin casa.
A veces hay luz, eléctrica, de electricidad fascinante.
A veces hay oscuridad que no obedece a ninguna
   falla en el sistema.
Alguien, porque cree que siempre debe haber luz,
   se asusta porque no la hay,
cree que algún desastre debe haber sucedido.
Entonces se llama a los especialistas. Hoy sería
    mejor asombrarse
de que el sol se esconda y al día siguiente vuelva
    a salir.
Pero los especialistas intentan cancelar, junto
  a la oscuridad, la casa,
como un mal compromiso o un sello de correos.
Tratan de enseñarnos de dónde a dónde debe
   ir la poesía
como en un desfile, o una pasarela.
Diseñan a su alrededor un muro de conceptos.
La poesía no es sólo anterior a la palabra escrita
antecede también a la palabra.
 

Como encender un cigarro
con otro:
las noches y los días.


Eras
Capitalismo, fase superior del egoísmo.
Socialismo, fase primitiva del altruismo.
 

Pues es posible enfrentar a la luna
ponérsele de frente, es decir, no combatirla
quién escupiría el rostro de la madre-amante
sin ser, propiamente, un asesino?
Ponérsele de frente, en una vertical
como suelen hacerlo las estrellas
sin querer pronunciar “esto es la vida
aquella la línea que conduce a la muerte”
pues no significar es la canción favorita de los astros.
Como en la radio escuchas las noticias
luego un canto
que es lo que te emociona, así la luna
no quiere decir nada.
Luego morir
dicen que ella trajo al mundo esta costumbre.  


El desarrollo de los bárbaros

A los bárbaros el desarrollo les fue impuesto; una
   nación invasora,
un imperio enemigo, una nación amiga o un imperio
    aliado,
les enseñaron un mejor modo de vivir, creencias,
   herramientas
y armas más modernas, o menos anticuadas
pues todas las armas son anticuadas.
Todo ello podría adquirirse en ese furtivo futuro,
   al cual se llega
de manera escalonada, o en el presente, pagándolo
   a plazos.
He ahí cómo empeñaron su propia naturaleza
como esos niños que llevan reloj y pantalón largo
los bárbaros balbucearon la evolución.
Es así que en sus sarcófagos de vidrio y cemento
tecnología es sinónimo de escándalo
barbarie finalmente es igual a desarrollo.   


Dios

Lo que constituye nuestra superioridad en tanto
    que especie
no es el goce de la conciencia pues todo lo que es,
    procede
y es transmisor de una conciencia; es nuestra
    sospecha
e invención de Dios lo que nos ha hecho superiores.
Usufructuarios del mayor accionista que tiene la
   eternidad
nos hemos vuelto al mismo tiempo miserables
  deudores
pues a este intermediario han sucedido otros
no menos celosos pero sí más ávidos.
Somos en esto inferiores a las otras criaturas
que no pagan peaje ni intermediarios
para acceder a la conciencia cósmica.
La eternidad no es una empresa teológica.
 

De las muertes regidas al animal, ninguna como el
   yugo
y entre golpe y golpe: un ultimátum.
Quién no sufrió encierro, granja, cuartón, escuela
    u hospital,
Tú? eres nuestro futuro.
Con paso suave, más allá del báculo, las reses
    se aposentan,
Übermensch frankestein, agnus dei einstein
hombre nuevo y clon, macromundo payaso
de Microsoft
Gran Parto de los Montes:
mouse.

Accidentes, broncas, contusiones,
fracturas, hybris, insolaciones, jodas,
karma letal, mamíferas opciones
que resiembran el ser: tarugo, y todas
las venéreas y viriles
banalidades por x, y ó z:
el cuerpo es experimento del vivir.  


La razón puta

Pascal no fue el primero en advertir que el corazón
   tiene razones
ni Adolfo Guzmán el último en olvidarlo
   al anunciar que
“no se puede tener conciencia y corazón”. La razón
al servicio de la razón misma, el razonamiento
   despojado
de todo claro servicio a la realidad o irrealidad
    de las cosas
el raciocinio entregado a la servidumbre
   del sentido común
que se adormece y adormece a la especie.
Cerebro, músculo adocenado
cabizbajo ante la circunstancia como burro
   ante la zanahoria
qué derecho tienes a portar razón y ser llamado
   lúcido?
Sólo que la razón a sí misma se compensa
con las más groseras distracciones en su largo bregar
contra la locura de estar vivos aún entre las estrellas.

Selección de poemas de Crítica de la razón puta, de Omar Pérez. Premio de Poesía Nicolás Guillén 2010.


Omar Pérez (La Habana, 1964). Poeta y traductor. Ha publicado, entre otros, los poemarios: Algo de lo sagrado (1996), ¿Oíste hablar del gato de pelea? (1999), Canciones y letanías (2002), Something of the Sacred (traducción al inglés y comentario de Kristin Dykstra (2007) y el ensayo La perseverancia de un hombre oscuro (2000). Ha traducido a poetas norteamericanos y holandeses (Shakespeare, Dylan Thomas, Angiolieri y Pavese).   

 
 

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La Habana, Cuba. 2010.
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