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Ya se habían erigido en La
Habana las esculturas de José
Martí y Antonio Maceo, la
primera en 1905 y la segunda en
1916, cuando en mayo de este
último año se convocó a un
concurso internacional para la
construcción de un monumento a
Máximo Gómez consistente en una
estatua ecuestre, sobre pedestal
de granito. Era un compromiso
impostergable. Con tal suceso se
iniciaba la muy azarosa historia
de este conjunto escultórico,
obra del controvertido artista
italiano Aldo Gamba, inaugurada
casi dos décadas después.
Todo comenzó al aprobar por ley
el Congreso de la República un
generoso presupuesto de 200 000
pesos para la realización de tan
justo homenaje a la memoria del
militar dominicano héroe de la
independencia de Cuba.
Se dice que Gamba participó
junto a otros 40 concursantes,
entre ellos, dos reconocidos
creadores: el estadounidense
Gutzon Borglum y el checo Mario
Korbel. Los proyectos fueron
mostrados en los salones del
moderno hospital municipal
General Freyre de Andrade,
próximo a inaugurarse, con una
impresionante asistencia de
público como demandaba el caso.
Entre dimes y diretes
Para sorpresa de muchos, el
jurado —presidido por el
ingeniero civil y secretario de
Obras Públicas, José Ramón
Villalón, quien ostentaba
además el grado de teniente
coronel del Ejército Libertador—
optó por el diseño del joven
italiano, quien aunque había
hecho estudios y trabajos en su
país de origen, lo cierto es que
carecía de una producción
importante que lo avalara para
tal consideración.
En medio de acalorados dimes y
diretes, la Asociación Cubana de
Pintores y Escultores, en
consonancia con la prensa,
impugnó la propuesta de Gamba, a
la que se le objetó, como apunta
la periodista Nesy Núñez, desde
el exceso de referencias
clásicas, desarraigo y falta de
identidad, hasta que el "caballo
estuviera encaramado en una
azotea".
Pero esto no es todo:
injusticias de las peores se
consideraba no otorgar el premio
a la iniciativa del escultor
español Moisés Huerta y el
arquitecto y escultor cubano
Félix Cabarrocas.
La polémica llegó hasta la
mismísima Cámara de
Representantes. El dictamen fue
anulado, mas el italiano, que no
era tonto ni mucho menos,
presentó un recurso judicial,
asesorado por leguleyos. En
definitiva, las tardanzas
procesales del caso legitimaron
la elección inicial.
Cuatro fogonazos
Un hecho fortuito ocurrido el 25
de septiembre de 1921, le dio un
giro inesperado al asunto: el
nombre de Aldo Gamba, tenido
como hombre caballeroso y
exquisito, acaparó los titulares
de la prensa. Esta vez no a
resultas del monumento en
cuestión ni en las páginas
sociales como era costumbre,
sino en las de la crónica roja,
al disparar cuatro fogonazos a
la joven británica establecida
en La Habana, Esther Vera
Wadsworth.
Hay varias versiones del
dramático suceso. Unos dicen que
el italiano trató de matar a la
joven al rechazar ella su
proposición matrimonial, siendo
casado él en su país; otros
aseguran le suplicó a Vera
acompañarlo a Italia y ella lo
echó a cajas destempladas.
Por suerte, los dos escaparon
con vida de la tragedia, no
obstante, dado el escándalo
colosal, el afamado artista
debió de responder a la justicia
y cumplir sanción en la cárcel
de La Habana, como cualquier
hijo de vecino.
Un enigma sin descifrar
Se cree que Gamba, todavía
privado de libertad, pudo
realizar algunas esculturas,
entre ellas una hermosa fuente,
cuyo destino original fue el
Casino Nacional, la misma que
ahora engalana los jardines del
cabaret Tropicana, donde la
llaman la Fuente de las Musas o
de las Ninfas.
En 1924, el artista italiano
retornó a Italia. La terminación
del monumento a Máximo Gómez se
vio en riesgo por más de una
fatal contingencia, señoreando
entre ellas, la indolencia de
los gobiernos de turno durante
la crisis económica y política
de esos años.
Al fin, el 18 de noviembre de
1935, en el aniversario 99 del
natalicio del Generalísimo, se
inauguraba el majestuoso
monumento en la Avenida del
Puerto entre Montserrate y
Zulueta en un solemne acto, al
que también asistió el escultor
italiano, invitado por las
autoridades cubanas.
Pero esta accidenta historia
salpicada de veredictos
refutados, procesos judiciales,
calamidades, hechos de sangre y
negligencias, no quedaba ahí.
La muerte de Aldo Gamba es un
enigma. El 11 de agosto de 1944
salió de su casa de Cagli hacia
Acqualagna y nunca llegó a su
destino. Al parecer, murió en un
campo de concentración nazi. En
La Habana pervive su obra.
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