Año IX
La Habana
2010

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Amado del Pino • España

Las lecturas y otras experiencias nos conectan con amigos y colegas. Hay un comentario, una idea, el acuse de recibo de un entusiasmo, que se guardan en la memoria —como al descuido, sin pasión— y después, a su hora, regresa aquella sugerencia con inusitada claridad.

Por estos días, estoy leyendo a Ricardo Piglia, el excelente narrador argentino que había frecuentado muy poco. Pienso, al comprobar la calidad de la prosa y la humanidad poderosa de los personajes, en Jorge Fornet. Muchos cubanos sabrán a quién me refiero. En este caso no se trata de comentario de bar o de pasillo. Fornet es autor de las mejores reflexiones sobre Piglia en nuestro ámbito. Lo recuerdo, además, porque se trata de un sólido intelectual nada pedante ni denso. Como su padre Ambrosio, Jorge es un tipo sonriente, suave, agradable.

En el verano nos vimos en nuestra Habana y apenas pudimos conversar. Nos sentamos uno junto al otro —como solemos hacerlo— en una larga y enrevesada reunión. Al salir, los dos teníamos prisa y nos conformamos con una sonrisa de complicidad y un mandar saludos a la familia. De Jorge como compañero de vida tengo la impresión, el testimonio cotidiano de comprobar su parte en el buen carácter, la lucidez y el encanto de su mujer Zayda Capote, ensayista, colega, excompañera de trabajo, “socita fuerte”, agregaríamos en cubano de barrio.

Cuando me bajo en la estación Buenos Aires de Madrid, pienso en los amigos que más les gusta Borges. Hace poco le contaba a Chinea, compañero de mis andanzas juveniles y fanático al gran escritor argentino, que precisamente la parada de Metro más cercana a la cama donde duermo por estos días, se adorna con unos versos de  Borges en la pared.

Con mi hijo Amadín me conectan, como es de suponer, muchas cosas. El fútbol sobresale por estos días y les gana espacio a nuestras reflexiones sobre cine o la Historia que fue pasión de mi padre y ahora es la carrera de este nieto que no llegó a conocer. Los temas siguen siendo varios, pero los goles y las estrategias del campo ganan terreno. Además nuestros comentarios tienen cierto sabor de ingenua discrepancia. A Amadín le gusta más el Madrid y yo me he ido aficionando al juego dinámico del Barcelona.

Volviendo a las películas y los libros, las sugerencias se quedan ahí, en un limbo empolvado hasta que la calidad de un creador nos conecta con aquella proclamación de entusiasmo. Para el futuro, para esa gente —conocida o por conocer— que se asome a estas líneas, anoto tres preferencias para posibles conexiones y que alivian el temprano frío de Madrid: el novelista inglés Julian Barnes, el gallego Manuel Rivas y no repito a Piglia, pues para esa recomendación nada como leer al entrañable Jorge Fornet.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2010.
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