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Frei Betto estuvo
recientemente en La
Habana. Vino a compartir
con educadores populares
de toda la Isla. A sus
reflexiones desde el
micrófono en la noche
del 10 de noviembre, se
sumaron sus opiniones en
un foro virtual sobre la
Educación popular y el
socialismo. Poco antes
de conectarse con los
cibernautas, el teólogo
brasileño accedió a
contestarnos estas
preguntas.
Después de haber
compartido con
educadores populares
cubanos, ¿cómo se
imagina la Cuba de
mañana?
Es un momento oportuno
para hablar del futuro
del país porque se acaba
de anunciar la
convocatoria del
Congreso del Partido
Comunista de Cuba, así
como la propuesta de
transformaciones en la
economía nacional para
mejorar el socialismo.
La Educación popular
tiene entonces un papel
muy primordial en este
proceso, en el sentido
de ayudar a la gente a
desarrollar sus valores
subjetivos, éticos, la
superación moral.
Este trabajo en Cuba fue
desarrollado por José
Martí, quien hablaba en
sus obras sobre
Educación popular.
Probablemente José Martí
haya sido la primera
persona en toda América
Latina en hablar de
ella, sobre todo en
relación con la iglesia
metodista que estaba al
oeste de Nueva York. Él
estaba impresionado con
las escuelas dominicales
en la que la gente
adquiría enseñanzas
desde la práctica; una
enseñanza que tenía como
objetivo fortalecer los
vínculos comunitarios.
Martí decía que se
trataba de enseñar a
leer, de enseñar a
escribir, a expresarse,
incluso, trataba de
enseñar la ternura.
Quizá de ahí la frase
del Che Guevara, de que
hay que endurecerse sin
perder la ternura.
Ha sido Paulo Freire,
quien ha sistematizado
en el siglo XX toda esa
metodología de Educación
popular que consiste en
partir del pueblo, una
metodología inductiva.
Que la gente reconozca
más objetivos finitos
externos a nosotros,
debemos ambicionar
un sentido de vida.
Debemos ambicionar los
bienes infinitos
que son justamente la
solidaridad, la
generosidad, el
compartir, eso que en
los movimientos
populares de Brasil
llamamos mística, un
sentido de entusiasmo,
de lucha, de trabajo,
sino hay eso no hay
estructura socialista
que pueda ayudar a
construir el hombre y la
mujer nuevos.
Usted ha venido a La
Habana a participar en
un evento que tiene como
lema “La Educación
popular por una opción
socialista sentida y
pensada desde nuestras
prácticas”. ¿Qué
significa pensar y
sentir el socialismo en
la América Latina de
hoy?
En América Latina,
también en todo
occidente, hay un solo
país socialista que es
Cuba, que ahora tiene el
desafío de mejorar ese
socialismo a partir de
una serie de cambios
sobre todo en el sistema
productivo.
Pero el socialismo como
experiencia, como
vivencia está
generalizado por toda
América Latina. Conozco
muchos movimientos
sociales, desde
comunidades eclesiales
de base hasta el
Movimiento de
Trabajadores Sin Tierra
(MST) de Brasil, que
pueden llamarse
socialistas sin
exageración ninguna.
¿Por qué socialista?
Porque está el
compartir, está el
luchar juntos por sus
ideales que es mucho más
importante que los
intereses personales.
Eso es una experiencia
socialista.
Felizmente se va
avanzando dentro de este
mundo “globocolonizado”.
No me gusta la palabra
globalización, lo que
efectivamente existe es
una “globocolonización”,
es la imposición al
planeta de un solo
modelo de sociedad, que
es el modelo de sociedad
anglosajónico.
Frente a esta hegemonía
de paradigma de mercado,
de las ambiciones
personales hay muchísima
gente en América Latina
que lucha por una
perspectiva contraria.
Esa gente está unificada
en el Foro Social
Mundial en busca de otro
mundo posible, yo diría
de otros mundos
posibles.
Hay que hablar no solo
de un modelo
comunitarista, sino de
varios modelos que
existen en la
experiencia de los
indígenas, de los
quilombos que se
constituían con los
esclavos libertos en
Brasil; de las
experiencias en
comunidades barriales en
las periferias de las
grandes ciudades de
Brasil. Entonces hay
algo que está naciendo
ahí.
¿Qué podría definir el
éxito en este tipo de
proyectos?
No importa el nombre que
tengan, que sean
comunitarios o
movimientos de
conquista, sus derechos
sociales como la
vivienda, el agua, la
tierra. Lo importante es
que estas dinámicas
pueden definirse sin
ninguna exageración como
socialistas, en sentido
de preponderar lo social
por encima de lo
personal, o sobre lo
capital.
Me espanta que el
sistema capitalista no
tiene ninguna vergüenza
en afirmar que el
capital está por encima
de los derechos humanos,
está por encima de los
derechos sociales.
También el socialismo
etimológicamente es
antagónico al
capitalismo, porque los
derechos sociales están
por encima de las
ambiciones personales.
“El verdadero socialismo
es aquel que,
comunitariamente, logra
que cada individuo se
sienta realizado como
persona humana”.
Tenemos que volver a eso
que Fidel, el Che, Martí
habían señalado: la
formación de la persona,
el espíritu de estar
congregado con sus
semejantes que es la
propuesta de Jesús, la
propuesta del evangelio
es comunitarismo, que
podemos llamarle
socialismo, sin ningún
problema. Lo que
llamamos teológicamente
vivir en comunidad,
significa políticamente
una minisociedad
socialista.
En sus últimos artículos
insiste mucho en lo que
llama la relativización
de los valores, sobre
todo en la juventud.
¿Cuál podría ser la
propuesta de la
Educación popular ante
ese fenómeno?
El neoliberalismo
promueve con mucha
fuerza una
despolitización de la
política; en Brasil, por
ejemplo, hubo elecciones
presidenciales. Se veía
una parte de la juventud
que estaba enojada con
la política. Yo les
decía a ellos que estén
atentos porque quien
está enojado con la
política es gobernado
por quien no está
enojado con ella. Lo que
la mayoría de los
políticos quieren es que
la mayoría de la gente
esté enojada para ellos
quedar libres ahí en su
corrupción, sus
provechos personales y
corporativos.
Hoy el neoliberalismo
hace todo un trabajo de
desagregar los vínculos
comunitarios. Cada vez
la gente tiene menos
interés en participar en
asociaciones de
sindicatos, de
corporaciones, de
cooperativas y todo eso
estimulado por esa
filosofía neoliberal,
que vive en busca de sus
propios intereses
materiales y entonces
los jóvenes van detrás
de los llamados valores
del capitalismo: el
dinero, la fama, y hay
que añadir la estética,
la belleza.
Hay toda una industria
con valores externos al
ser humano y por ahí no
se va a encontrar nunca
la felicidad, por ahí lo
que se va a encontrar es
la barbarie.
Soy de una generación
que en los años 60 tenía
20 años, y nuestros
mitos no era gente que
iba en un coche fórmula
UNO. Nuestros mitos eran
Che Guevara, Camilo
Torres, San Francisco de
Asís, Martin Luther
King. No queríamos
solamente cambiar
nuestro pelo, queríamos
cambiar el mundo. A eso
tenemos que volver.
La gente tiene que tener
ideales muy profundos y
radicales porque el
sistema trata de
mercantilizar esos
falsos ideales de
belleza, de riqueza, de
prestigio, de poder y
eso es un proceso de
brutal alineación.
La metodología de
Educación popular no es
una metodología que
inventó Paulo Freire, yo
diría que existe en
muchas familias, en
muchas escuelas, en
muchas iglesias, en
muchos movimientos
sociales, que trata de
inducir desde los niños
valores subjetivos. ¿Por
qué?, porque el sistema
con la publicidad todo
el tiempo nos bombardea
con la idea de que
nosotros somos unos
infelices porque no
tenemos este coche, esta
ropa, esta cerveza, este
jeans, no hacemos este
viaje. Con este
bombardeo,
efectivamente, mi
autoestima está muy
baja, si yo pongo mi
proyecto de vida en las
mercancías.
Yo Betto, tengo esta
mercancía, esta camisa
para facilitar mi
relación personal
socialmente, ahora no,
ahora la relación es
mercancía-persona-mercancía.
La etiqueta de mi camisa
está fuera para que tú
mires que yo tengo una
camisa de Kappa. Si yo
llego a tu casa a pie,
yo tengo un valor C, si
llego en último modelo
de Mercedes Benz o BMW,
tengo un valor A.
Soy la misma persona,
ahora ¡atención!, es el
valor de la mercancía
que agrega más o menos
valor a los humanos, eso
es la degradación total
de los valores y esa es
la propuesta del
capitalismo que trata de
desagregar los valores
éticos, desagregar la
canción crítica.
Mientras nosotros
queremos formar
ciudadanos desde la
familia, desde la
iglesia, el estado, la
escuela; el sistema
capitalista quiere
formar un consumista. El
consumista es una
persona que tiene todas
sus ambiciones centradas
en mercancías y
mercancías en provecho
propio; no tiene ninguna
sensibilidad a la
miseria, a los problemas
de Haití, de África, al
sufrimiento de un millón
de personas que se
sienten excluidas por no
tener acceso a las
mercancías.
Si Descartes en el siglo
XVII decía, “pienso
luego existo”, hoy sería
“consumo luego existo”.
Uno que no tiene
capacidad para consumir
no se siente existiendo
y eso es una verdad.
Hablemos de Cuba. Usted
ha afirmado no ser
radicalmente contrario a
la privatización, ni
estatista a ultranza.
¿Cómo valora entonces
las transformaciones
anunciadas recientemente
en torno al modelo
económico del país?
Decía Santo Tomás de
Aquino, mi confraile,
hay que evitar los
extremos, la virtud está
en el medio. Ni podemos
crear una sociedad de
privatización completa
de los medios de
producción y bienes de
consumo, ni podemos
crear una sociedad
completamente
estatizante, porque eso
es caer en un
paternalismo, es tratar
a la gente como niños.
Una vez Fidel me dijo
que uno de los equívocos
de la Revolución es que
al inicio del proceso
—los 60, 61— muchos en
la población miraban a
la Revolución como quien
mira a las tetas de una
vaca en espera de su
leche. Aquí la gente
tuvo que trabajar para
darse cuenta de que la
Revolución no era un
hecho de la
superestructura; la
Revolución es algo que
compromete a cada uno de
nosotros día a día y es
un proceso interminable.
Dentro de la coyuntura
internacional hay que
encontrar los mecanismos
de que un país como Cuba
puede garantizar su
desarrollo sustentable
sin ninguna concesión en
su soberanía, en su
independencia, pero
adaptándose a la nueva
coyuntura, a la nueva
tecnología, a nuevos
procesos, más con mucha
atención para no entrar,
inconscientemente, en un
proceso consumista
productivo.
Cuando Lenin decía que
Revolución es
electrificación —si
pudiese hablar con él—,
le diría no solamente.
“Revolución es sobre
todo humanización, o
sea, Revolución es crear
un pueblo feliz”, la
felicidad no puede estar
vinculada a la cantidad
de bienes materiales. La
felicidad está centrada
en la calidad de vida,
la calidad de vida sobre
todo desde el punto de
vista espiritual.
Por ejemplo, un hombre
como Gandhi, el mismo
San Francisco, el mismo
Martí quien vivió en el
exilio, fueron hombres
que no tuvieron nada
desde el punto de vista
material, pero fueron
sumamente felices,
porque se movían por
ideales. Esta utopía,
este altruismo es el que
tenemos que formar y ahí
está el papel de la
Educación popular. Ese
es el objetivo político,
el sentido de formar
hombres y mujeres
nuevos.
Pero Martí también decía
que en lo común de la
naturaleza humana se
necesita del próspero
para ser bueno.
Claro, porque tú no
puedes exigirle a una
persona que está en la
miseria, que no esté
interesado primero, en
su beneficio personal,
esa persona está
interesada primero en
una cuestión de vida.
Eso es una frase también
de Santo Tomás. Hay que
garantizar un mínimo de
condiciones materiales,
para exigirle a la gente
virtudes morales.
Hay dos hechos que no
puedo separar:
recientemente usted
decía que su corazón
tiene la forma de Cuba y
suele hablar de José
Martí en presente. ¿Por
qué?
Tengo mucho amor a esta
patria. Desde pequeño
miraba todas las
noticias de la
Revolución Cubana.
Cuando se hizo la
Revolución en el 59 yo
tenía 14 años y ya había
entrado en la política
estudiantil a través de
la acción católica, a
los 13 años, entonces,
ya yo sentía un interés
muy grande por este
país.
Solamente pude venir a
Cuba muchos años
después, en 1981. Me
interesé siempre por la
obra de Martí porque
tiene dos cualidades muy
raras en la historia de
América Latina,
lamentablemente, que es
ser un hombre de lucha,
de práctica, de
testimonio y al mismo
tiempo ser un
sistematizador, un
pensador de una profunda
alma poética, con mucha
sensibilidad religiosa.
José Martí, incluso, fue
el primero que percibió
(a través de artículos
que escribe en ocasión
de la muerte de Marx)
que las teorías de Marx
no se adaptan
completamente a la
realidad de América
Latina. Aquí no solo son
obreros y burgueses,
aquí hay indígenas, hay
siglos de esclavitud. O
sea, hay una polifonía
cultural que nos exige
otras categorías para
interpretar la coyuntura
de América Latina, por
ejemplo, la Revolución
en Cuba se hizo no en
nombre de la liberación
del proletariado, sino
de la liberación
nacional. Eso congregó a
todo el pueblo, porque
había pobres que eran
contrarrevolucionarios
como había ricos que
eran revolucionarios. El
propio Fidel viene de
una familia se puede
decir latifundista. Este
hombre que tuvo acceso a
la universidad, que
podría haber hecho una
carrera como abogado
rico, se puso a favor de
los pobres, luchando por
los intereses de una
patria.
Entonces, siempre me
encantó, me siento muy
hermanado al proceso y
siempre que vengo aquí
me alegro de poder
dialogar con los
dirigentes y el pueblo
de la coyuntura aquí y
otros países, de América
Latina y el mundo.
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