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A Elsa y
Ada Elba,
como siempre.
Siempre que Liuba
anuncia un disco o un
concierto, sabemos de
antemano que la magia,
el lirismo, la ternura
reinarán. Esta vez
además nos esperaban la
perfección y todas las
puertas que nos
habitan.
Este sábado 13 cuando
salió Liuba y juguetona
tocó el arpa de sus
sueños, todos los
ángeles que la rondan
ejercitaron su
sortilegio divino y la
vimos nuestra en su
humorismo cubanísimo,
amiga en el homenaje a
quien solo físicamente
se fue, hija y madre de
su madre, nieta y abuela
de su abuelo.
Una a una fueron
abriéndose las puertas
prometidas, algunas
silenciosamente, otras
bruscamente derribadas.
Muchas quedaron
abiertas, anunciando las
maravillas por venir,
otras como en nuestros
juegos de infancia, con
llaves y candados,
rumiando sus tristezas y
las manos que les
faltarán.
Como siempre la
excelencia de sus
músicos, su familia
eterna y cercana,
hacedora también de
sueños
—Arnulfo,
el Guajiro Miranda,
Alexis, Elsita, Ana
Lílian, Pablo José,
Waldo y los invitados de
lujo como Felipa Moncada
y su Orquesta de
Cuerdas, los metales que
nos llevaron a la
nostalgia de Afrocuba y
aquellos inolvidables
´80, Enid Rosales
derrochando cubanía en
su tres, Yasek Manzano,
solo de Trompeta en
“Cuando un amigo se va”,
en el
arpa
Anayza Nuñez y la
infaltable de todos los
tiempos Lucía Huergo,
nuestra Lucerito.
Un Polito tierno y
maduro que no quiso
acompañar a Liuba en
otra canción que la de
Elsa, que estuvo todo el
tiempo abrigándonos con
su risa vital. Una Broselianda Hernández
inmensa en mano a mano
en aquel tango (feroz)
despidiendo al amor y al
dolor. El homenaje a la
Negra que nos hizo
recordar su voz
continental y de paso la
fortuna de haber visto
en nuestra adolescencia
y juventud a lo mejor de
la Nueva Canción
latinoamericana. Ese
guiño a Benedetti y esa
reverencia a Alberto
Cortés por Roche, que
pintaba también
arcoiris.
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Se notaba el embrujo de
Doimeadiós, el hacer de
Noelito, la pasión y la
energía de todos sus
amigos, porque al final
los ángeles de Liuba son
también sus amigos, los
nuestros. Así fue este
concierto, esas horas de
la noche del sábado 13
en que los ángeles, los
suyos, acudieron a su
segunda cita llegando
casi al final. Así
cuando Liuba tocó el
arpa para despedirse y
bienvenir a sus sueños,
sus ángeles le
susurraron que entre el
abismo y el abismo está
la vida, por eso
seguimos acá dándole
vuelta a la rueda,
abrigándola.
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LIUBA MARÍA HEVIA
PUERTAS |
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1. |
Lo invisible - 3.09 |
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2. |
Tristeza (con Ana Belén)
- 3.59 |
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3. |
Cautivo - 3.31 |
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