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Cada año entre los meses
de octubre y noviembre,
los artistas del cine,
la radio y la televisión
en Cuba tienen un
singular encuentro: el
Caracol. Cuentan que le
pusieron ese nombre
porque ese molusco es
variopinto en su forma y
el contenido que
encierra. También porque
al ser Cuba una isla
está bañada por sus dos
costas con caracoles,
por lo que forma parte
perenne de su paisaje y
nacionalidad.
Lo cierto es que pasados
32 años —desde la
primera vez que se
celebró—, el caracol
para los creadores de
los mundos audiovisual y
radiofónico no es un
molusco por más bello
que este sea, sino es su
taller, su espacio de
encuentro, su lugar para
el diálogo, el debate y
la confrontación.
En esta oportunidad
entre los días 15 y 18
en la sala Rubén
Martínez Villena de la
Unión de Escritores y
Artistas de Cuba
(UNEAC); se dieron cita
teleastas, cineastas,
guionistas,
camarógrafos,
escritores, actores y
una buena cantidad de
investigadores y
críticos que se dedican
al estudio de los
medios.
La polémica novela
Aquí estamos,
recién transmitida por
la televisión, fue el
punto de partida para un
enriquecedor debate
donde se habló desde la
aceptación o no de la
bisexualidad, la
corrupción, el uso del
lenguaje y sobre todo el
derecho que tiene el
público a verse
reflejado sin
cortapisas, con sus
problemas y alegrías, en
los medios de difusión.
Cada día, con más fuerza
y análisis, las
telenovelas y las series
son estudiadas por el
impacto que tienen en la
población, y Cuba no
está exenta de ello. Los
expertos del tema
alertaron que si en la
Mayor de las Antillas no
se puede competir en
derroche tecnológico con
otras televisoras, el
camino que queda es el
de hacerlo con talento y
llevando a la pantalla
asuntos variopintos y
escabrosos de nuestra
sociedad.
Se habló de los
vestigios de racismo que
aún quedan en Cuba,
manifiestos a veces de
manera inconsciente en
frases, inclusión o no
de un actor por el color
de su piel, y otras
actitudes que no tienen
que ver con decretos,
sino con años de
historia y actitudes
discriminatorias
existentes por siglos.
Uno de los paneles más
provocadores,
sustanciosos y bien
preparados fue el del
Doctor Rufo Caballero
quien, bajo el título de
El placer de lo
prohibido, realizó un
viaje desde la censura
en el plano sicológico
hasta aquella que se
evidencia burdamente en
acciones prohibitivas.
Lo real es que la
censura ha existido y
existirá siempre, pero
lo que urge es una
inteligente que aparte
lo obsoleto y promueva
lo novedoso y útil.
Rufo incitó y provocó a
los panelistas y al
público a dialogar
acerca de esa palabra
tan usada (mal usada,
diría yo) desde la época
de Julio César hasta
nuestros días.
Los espectáculos
musicales y su desnivel
de presentación, con
ejemplos magníficos como
Lucas, fruto de
ese padre del videoclip
cubano, Orlando Cruzata,
fue otro asunto que
movió ideas y pasiones.
Si Cuba es llamada “la
isla de la música”, tal
cualidad no se aprecia
en la pantalla y el
éter, donde las
propuestas se repiten,
existen ausencias
notables y apenas se
refleja el rico quehacer
musical existente en
otros lugares no
capitalinos.
El cine con su ética y
estética actual,
avaladas por el empuje
de jóvenes realizadores,
fue otro panel en el que
se evidenció cómo ya
existe otra forma de
hacer cine y que las
instituciones, de ser
consciente de tal hecho,
deben tomarla en cuenta
para abrir camino a
expresiones nuevas por
su contenido como por su
forma.
Otro aspecto tratado fue
la locución y cómo esta
se convierte en
conducción o animación,
hecho que ha
posibilitado que
personas poco
capacitadas, con poco
dominio del idioma,
tengan acceso a los
micrófonos. Pensar que
solo un profesional
avalado como locutor
puede tener acceso al
micrófono, es un
disparate; pero creer
que cualquiera puede
hacerlo es un error
mayor.
Responder a ¿para qué
sirve el Caracol? fue
otro de los temas
llevados a la mesa de
discusión y, si bien
existen insatisfacciones
por no tomar en cuenta
numerosas sugerencias
realizadas desde estos
foros, sí se reconoció
que los asuntos
debatidos a camisa
quitada, con pleno
ejercicio democrático de
cada uno de los
participantes, la
asistencia de directivos
de los medios de
difusión y la calidad de
los debates, avalan la
opinión generalizada de
mantener y mejorar estos
encuentros de
pensamiento entre los
realizadores de la
radio, el cine y la
televisión.
Y como nunca en el
Caracol falta alguna
nota singular, en este
se dio una llamativa.
Desde la primera sesión
—la entrada es libre—
asistió a los encuentros
una señora acompañada de
otra que, a veces, le
decía algo bajito. Ya en
la tercera jornada la
más atenta a cada
detalle, pidió la
palabra. Al presentarse
dijo que ella era una
simple ama de casa y que
vivía en Miami, pero
cuando vio el anuncio
del evento quiso
asistir. Aquella mujer
se deshizo en alabanzas
para el taller y
prometió hablar de eso
cuando llegara a la
Florida. Y es que como
“vista hace fe”, la
asistente impensada
comprobó que los cubanos
no vivimos con una
mordaza en los labios y
que desde “la
oficialidad” de la UNEAC
se promueve al diálogo
porque solo de este nace
el desarrollo, un camino
por donde todos debemos
andar. |