|
Escritor, periodista,
admirador de la
Revolución y el pueblo
cubanos e incurable “silviófilo”,
Eduardo Valtierra
presentará muy pronto en
nuestro país su libro
Silvio, aprendiz de
brujo, resultado de
más de 15 años de labor,
de pasar y repasar
incontables documentos,
entrevistas, correos y
otros materiales; pero
sobre todas las cosas,
resultado de una
voluntad a prueba de
todo, para sacar
adelante un sueño.
Al decir de su autor, ha
logrado con este volumen
alcanzar las tres
condiciones para su
realización como ser
humano, “sembrar dos
hijas, escribir un árbol
y gestar este libro”.
A propósito de la
próxima presentación de
Silvio, aprendiz de
brujo (Ediciones La
Memoria, Centro
Cultural Pablo de la
Torriente Brau), el 27
de noviembre, en el
espacio Sábado del Libro
y en el concierto
aniversario del espacio
A guitarra limpia,
conversamos con su autor
vía electrónica.
Usted se ha mantenido
siempre muy cerca de la
obra de Silvio
Rodríguez. ¿Qué
significa para Eduardo
Valtierra este libro?
Es la culminación de más
de 15 años de lucha
permanente conmigo mismo
por no ceder a la
tentación de claudicar y
guardar todo el material
acumulado en el cajón
del olvido; por el
contrario, casi a diario
me hacía un cocowash
para seguir adelante con
este proyecto que, al
final, me ha
brindado más alegrías
y satisfacciones que
sufrimientos
o frustraciones. Como ya
lo dijo el “aprendiz”:
"Vale la canción buena
tormenta y la compañía
vale soledad".
Ha sido un proceso de
gestación de más de 15
años. El parto ha sido
doloroso, hasta
gastritis me dio, pero
la felicidad que me ha
traído este bebé
mexicano-cubano es más
grande que cualquier
pena o dolor.
¿Cómo calificaría su
relación con Cuba y la
Revolución Cubana?
Por Cuba, es decir, el
pueblo, el gobierno y la
Revolución Cubana siento
un inmenso amor, una
profunda admiración y
respeto. Son un ejemplo
de dignidad, de
perseverancia, de
coraje, de paciencia —no
de resignación—, y de
firmeza en sus
convicciones y
principios. Y ahora, con
la publicación del libro
por parte del Centro
Cultural Pablo de la
Torriente Brau, se ha
agregado un nuevo
sentimiento: gratitud.
Gratitud a Víctor Casaus
y al equipo de
maravillosas
personas que le apoyan.
Y gratitud, por
extensión, al pueblo y
al gobierno cubanos que
lo han hecho posible.
Este libro ya fue
presentado en México.
¿Cómo recibieron los
lectores mexicanos este
nuevo título sobre
Silvio Rodríguez?
Creo que ha gustado
mucho, no solo por las
entrevistas que me
concedió Silvio, sino
también por los
testimonios de sus
amigos y conocidos. El
haber contactado a
personas cercanas a él y
contar con su confianza
y generosidad en cuanto
a sus opiniones y
a compartir
diversas anécdotas, es
lo que hacen de este
libro un material
valioso, sobre
todo porque no está
dirigido a
especialistas, sino al
público en general, en
un lenguaje lo más
accesible posible, sin
tecnicismos ni
rebuscamientos.
Usted ha participado en
la presentación de
algunos discos de Silvio
en México. ¿Cómo es
valorada su música por
el público mexicano?
Silvio es un fenómeno,
porque aunque no cuenta
con un aparato
publicitario y
mercadológico que le
respalde, provoca
tumultos donde quiera
que se presenta: un
estadio, el Auditorio
Nacional o el Zócalo
capitalino. Tal vez no
tenga los volúmenes de
venta que los artistas
comerciales, pero sus
números no son nada
desdeñables. Me atrevo a
decir que se ha
convertido en un
clásico, pero uno que no
se repite, que no se
conforma con apelar a
sus éxitos pasados, sino
que siempre está
innovando, en cada disco
que presenta nos entrega
un nuevo material, aun
cuando algunas de sus
canciones hayan sido
compuestas hace 30 años
o más. Él se renueva
constantemente, a pesar
de que con ello corre el
riesgo de no gustar a
sus seguidores
ortodoxos, que suelen
encasillarlo en un
formato, cual camisa de
fuerza. Y Silvio es,
como me dijo uno de los
entrevistados: "lo
opuesto a los límites,
el vuelo en todas
direcciones". |