Año IX
La Habana
20 al 26
de NOVIEMBRE 
de 2010

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La literatura de Maryse Condé en La Habana

Nancy Morejón • La Habana

Fotos: Abel (Casa de las Américas)



Desde hace décadas, el nombre de Maryse Condé circula, como emblema sagrado, en los más exigentes círculos literarios del Caribe, América Latina, Europa, EE.UU., África y Asia. A la presencia indiscutible de su escritura —marcada por tres signos como lo son el de los orígenes, el de la diáspora africana en todo el continente americano y la “dislocación brutal”1 que, por eso mismo, han impuesto la trata y la esclavitud a través de incesantes y violentas migraciones— debemos agradecer esas esencias que la recorren para colocarla en el sitio de gran prestigio y amplia difusión alcanzado en nuestro tiempo por esta escritora, nacida en la isla de Guadalupe en la primera mitad del siglo XX.

Es un acontecimiento sin igual que su obra y su vida sean el centro de esta Semana de Autor que la Casa de las Américas de La Habana ha venido auspiciando desde hace diez años en el marco de su variada programación. ¿De qué modo podría clasificarse el hecho de que, en el marco de esta Semana de Noviembre, el Fondo Editorial de la Casa ponga a disposición de los lectores en lengua castellana una de las grandes novelas contemporáneas de lengua francesa como lo es Yo, Tituba, la bruja negra de Salem (1986)?

La satisfacción y la alegría se dan la mano en este excepcional encuentro de Maryse Condé con sus traductores, sus estudiosos, sus admiradores de toda la vida, leales seguidores de una trayectoria literaria mediante la cual Maryse Condé expresa su propia condición humana valiéndose a su vez de dos condiciones —las de raza y género— dándose la mano ante una historia colonial básicamente sujeta entre la trata y la esclavitud, la dependencia económica y ese destino fatídico de los movimientos migratorios que todavía hoy, en plena globalización, se suceden de isla en isla, de tierra firme en tierra firme, de ciudad en ciudad en cualquier latitud de nuestra época. Lo que fue emblema del Caribe se traslada como una serpiente sin cabeza a otros muchos sitios pobres del planeta.

Me importa decir que Maryse Condé, hija legítima de esa tradición oral que nos caracteriza, más allá de su vocación por fijar la esencia histórica de nuestras diversas culturas regionales, de su talento como comunicadora, de la versatilidad de su pluma manifiesta en casi todos los géneros literarios como el teatro, la novela, el cuento, el ensayo y la literatura para niños, siempre abrigó el sueño —hoy convertido en realidad— de visitar la Isla de Cuba para comprobar con sus propios ojos lo que había adivinado en las páginas, no siempre fieles, de los cronistas medievales así como del esplendor cotidiano de nuestra vida social en revolución. Desde el primer momento en que nos conocimos me lo hizo saber y yo lo supe.

Porque Maryse ha optado, en su vida y obra, por ese fragor de las causas nobles, consagrado a la fragua de las ideas de libertad y progreso, tan relacionadas con la reivindicación y reconocimiento de las culturas africanas que poblaron y marcaron con su aliento estas tierras americanas, insulares o no. Su isla natal, la Guadalupe, retratada por Nicolás Guillén de forma magistral en un poema memorable, también inspiró El siglo de las luces, una de las novelas más ricas de la literatura cubana por su inherente proyección antillana y por su colocación de la historia como eje central de su argumento, sus personajes y acciones.

Desde la aparición de su primera novela Hérémakhonon (En busca de la felicidad) (1976) hasta Esperando el ascenso del agua (2010), pasando por Ségou2 (1984, 1985, 1987), Tituba… (1986) y Traversée de la Mangrove (1989), entre otros numerosos títulos, así se conformaron los signos de la narrativa de Maryse Condé marcados todos por esa búsqueda de la naturaleza geográfica, no al modo de los primeros románticos, sino como hilo conductor de un sustrato histórico que siempre caracteriza su estilo.

Por ejemplo, la devastación que el ciclón Hugo produjo en 1989 en Pointe-à-Pitre la hizo retirarse del congreso del Pen Club celebrado en las ciudades canadienses de Toronto y Montreal para regresar, a riesgo de su seguridad personal, a la isla querida y luego, trasponer aquella catástrofe en Hugo le terrible (1991), un libro para niños y jóvenes que se convertiría en un éxito de venta destinado al mejor conocimiento de nuestro clima muy adverso en ocasiones y de nuestra temperamental topografía.

Alguna vez, en su casa de Montebello, comprendimos Richard, Maryse y yo, entre risas y lágrimas, que los huracanes no necesitan pasaporte ni visa para hacer su entrada, sino que irrumpen en nuestras vidas sin posibles regulaciones.

Periodista, profesora, traductora, bibliófila e investigadora insaciable, Maryse Condé ha podido trazar un hermoso arco iris del Caribe a través de sus libros. Cuando, en 1997, le concedimos el Premio Carbet por su novela Désirada, sabíamos que estábamos trayendo a su justo lugar el quehacer de una antillana, de una ingeniosa mujer negra, que buscó su verdad y encontró sus razones más transparentes, pues “en definitiva” en esas páginas Maryse celebraba no solo la virtud local del archipiélago guadalupeño sino, en particular, la de una de sus islas más representativas, la Désirada.

Esta es una tarde en la que repasamos una lección nunca suficientemente bien aprendida: aquella que enjuicia las credenciales que nos hacen ser legítimos defensores de una diversidad digna de nuestro pasado, forjadora de un futuro ya no lejano en que los antillanos, los hombres y las mujeres de Nuestra América, nos reconozcamos, como quería Martí, en la fragua de la dignidad plena de todos.

Bienvenida a Cuba, a La Habana, a la Casa de las Américas, Maryse Condé.

La Habana, 15 de noviembre, 2010

Palabras de bienvenida a la escritora caribeña Maryse Condé a quien la Casa de las Américas ha dedicado su Semana de Autor entre los días 16 y 19 del presente mes de noviembre (2010) en su sede de 3ra y G, en El Vedado.

Notas:

1 Esta definición pertenece al poeta, narrador y ensayista Édouard Glissant en su libro clásico Le discours antillais, París, Editions du Seuil, 1981. Hay dos ediciones en castellano: El discurso antillano, Caracas, Monte Ávila, 2006, y La Habana, Casa de las Américas, 2010.

2 De gran resonancia internacional, esta novela es un fresco que relata la historia del antiguo imperio de Mali.
Ver Patrick Chamoiseau et Raphael Confiant: Lettres créoles. Tracées antillaises et continentales de la littérature. Haití, Guadeloupe, Martinique, Guyane (1635-1975) París, ed. Gallimard, col. Folio Essais, 1999, p. 204.

 

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La Habana, Cuba. 2010.
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