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Buenas
noches, saludo a todas
las mujeres en la
persona de mi querida
amiga Caridad Diego,
jefe de la Oficina de
Asuntos Religiosos, y a
todos los hombres en las
personas de mis queridos
amigos Ricardo Alarcón,
presidente de la
Asamblea Nacional, y
Abel Prieto, Ministro de
Cultura.
Me siento un poco
padrino del Centro
Memorial Martin Luther
King, Jr. Este es un
momento de muchas fechas
importantes, en este mes
de abril hemos
conmemorado, el día 4,
el trigésimo noveno
aniversario de la
transvivenciación de
Martin Luther King, Jr.
No me gusta la palabra
muerte; creo que de este
lado la vida es tierna,
del otro es eterna,
entonces prefiero decir
“transvivenciación”.
Conmemoramos no
solamente los 20 años de
este centro, sino
también, el próximo día
2 de mayo, diez años de
una otra persona
fundamental para toda la
trayectoria del CMMLK,
que es el profesor
brasileiro Paulo Freire.
Debo contarles a ustedes
algo que, quizá, poca
gente conozca. La
primera vez que vine a
Cuba fue en 1981.
Trabajaba, hace muchos
años, en educación
popular por la
metodología de Paulo
Freire. Desde ahí, con
esta metodología,
logramos organizar, no
solamente en Brasil,
sino en muchos otros
países de América
Latina, las Comunidades
Eclesiales de Base, todo
un proyecto religioso
con sus reflejos
políticos y con mucho
equilibrio, porque nunca
las Comunidades
Eclesiales de Base
cristianas han querido
tornarse un partido
político; como tampoco
los partidos que han
surgido desde ahí han
querido acabar con las
comunidades para que se
transformasen todas en
militantes partidarios.
Son todos militantes
desde la fe cristiana,
desde su convicción
religiosa.
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Paulo Freire siempre ha
sido muy cristiano.
Cuando presentó sus
primeros libros, hubo
alguna gente del Partido
Comunista de Brasil que
lo acusó de “idealista
hegeliano”. Esto llegó
hasta la Unión
Soviética; allí se decía
que no se podía aceptar
los libros de Freire
porque era un “idealista
hegeliano”.
Posiblemente los
soviéticos ni se dieron
el trabajo de leer a
Paulo Freire; pusieron
una silla de censura y,
pronto, estaba dicho que
este ya no puede...
Llegué a Cuba hablando
mucho de Paulo Freire, y
Fidel se interesó. Le
pregunté si podríamos
realizar aquí un
encuentro
latinoamericano de
educación popular y él
me preguntó —¿cuál es la
diferencia entre
Educación Popular y
Educación Escolar? Digo:
—Mire, Comandante, la
diferencia es que en la
educación escolar no se
puede, en la clase,
inventar la
trigonometría o la
escala atómica, hay la
presuposición de que
existe un conocimiento
acumulado que se va a
transmitir a los
alumnos. La educación
escolar tiene como
principio, por supuesto,
esta idea de que haya un
conocimiento acumulado,
que se transmite de
generación en
generación; mientras que
la educación popular
parte de la experiencia
misma de la gente. La
educación popular tiene
una metodología
inductiva, y he visto
que permite a mucha
gente, en nuestros
países capitalistas,
gente pobre, rescatar,
más aún, conquistar su
autoestima. Por ejemplo,
en nuestro país hay
mucha gente que son
analfabetas, muchos,
muchísimos que no han
terminado sus estudios
por falta de dinero, por
tener que trabajar desde
muy temprano,
precozmente.
Ellos tienen la idea de
que son cultos aquellos
que son escolarizados, e
ignorantes aquellos que
tienen poca o ninguna
escolaridad. Paulo
Freire quebró este mito,
porque nos ha enseñado
que no hay nadie más
culto que otro. Hay
distintas culturas
socialmente
complementarias. Tengo
un ejemplo muy de cerca:
vivo en una comunidad
conventual en Sao Paulo,
y tengo cuatro cursos
superiores: periodismo,
antropología, filosofía
y teología.
La cocinera de mi
comunidad es una señora
que ha pasado solamente
tres años en la escuela.
Desde este punto vista
elitista, soy más culto
que ella. Paulo Freire
me ha enseñado que es
una mentira, ¿por qué?,
porque ella tiene una
cultura culinaria que yo
no tengo. Nosotros dos,
perdidos en una selva, y
un pollo; yo muero de
hambre y ella no,
gracias a su cultura
culinaria. En la
balanza, la cultura de
ella es más importante
que la mía, porque ella
puede vivir sin la mía,
y yo no puedo vivir sin
la de ella. Esa es la
diferencia.
En cuanto a esta
metodología la gente va
aprendiendo que tiene
valor por ser gente, por
vivir su experiencia
cotidiana y aprender a
analizar esta
experiencia, sacar
conclusiones, a
establecer relaciones
desde su experiencia
doméstica, familiar, con
el barrio, el municipio,
el país, con la historia
del país, con el mundo,
o sea, que vas creando
conexiones. Fidel dijo:
—Betto, comprendí y creo
que esto es muy
importante; vamos a
buscar aquí un lugar
donde organizar un
encuentro
latinoamericano de
educadores populares.
El primer encuentro fue
a fines de 1981,
realizado en la Casa de
las Américas. Había,
como participantes,
muchos latinoamericanos;
pero ningún cubano, al
no ser la gente de Casa
de las Américas que
habían abierto las
puertas. Allí hicimos el
segundo encuentro, dos
años después; entonces
ya había asistentes
cubanos. Como tenía la
bendición del Comandante
para hacer subversión a
favor de la Revolución,
seguí con este trabajo.
Y al tercer encuentro,
ya los cubanos estaban
plenamente participando
de esta actividad y
reconociendo,
efectivamente, que la
metodología de Paulo
Freire podría contribuir
a muchas otras
metodologías y muchos
otros trabajos
educativos, políticos
que se hacen en este
país a través de varias
instituciones, desde el
Partido, los CDR, la
Federación de Mujeres
hasta la Juventud
Comunista y otras.
En 1987 surgió la idea
de crear, aquí, una
institución permanente,
similar a otras que
existen en el
continente, que es el
CMMLK, que en estos 20
años constituye un
patrimonio importante de
la Revolución cubana,
que ha traído una
contribución en muchos
talleres de formación e
información, y con todo
un reflejo también
continental, incluso
mundial, y porque ese
trabajo es muy
importante, por un
detalle que todos
nosotros conocemos bien:
hay muchos atributos
humanos que se
transmiten por genética.
El hijo de un músico
puede tener tendencias
musicales; el hijo de un
literato puede tener
tendencia literaria;
lamentablemente la
conciencia
revolucionaria no se
transmite
genéticamente; el hijo
de un revolucionario
puede ser un tremendo
reaccionario o
totalmente indiferente a
un proceso
revolucionario. El ser
humano tiene dos
defectos invencibles:
plazo de validez y
defecto de fabricación,
que la Biblia le llama
de pecado original. O
sea, lo que tenemos de
más fuerte en nosotros,
es la materia prima del
capitalismo, el egoísmo.
Eso significa que en
cada generación tenemos
que trabajar las
potencialidades del
amor.
El socialismo es el
nombre político del
amor. Vivir en el
socialismo es saber
compartir, ser generoso,
pensar primero en lo
comunitario antes
que
en
lo individual, donar la
vida como han hecho Luther King, el Che,
Jesús y tantos otros,
para que otros tengan
vida. Esto es
socialismo, esto es
amor, pero eso significa
un proceso educativo.
Cada generación tiene
que hacer trabajos de
educación, para crear
amor o, si quieren,
educación para el
socialismo, educación
para la Revolución. Ese
es el sentido de la
Educación Popular. Hay
muchos países de América
Latina donde la
Educación Popular ha
ayudado a la gente a
salir de sí mismos, a
comprender la
importancia de los
derechos sociales y,
sobre todo, comprender
la importancia de que,
la vida de cada uno de
nosotros, en un momento,
tiene que dar un salto,
y este salto es el que
marca la distinción
entre las personas.
La humanidad se divide
entre aquellos que miran
la vida como fenómeno
biológico, que hay que
mantener, por eso es
necesario trabajar para
tener dinero, comer,
tener una vivienda,
salud… Y otra parte,
lamentablemente menor,
que tiene una percepción
de la vida, no solamente
como fenómeno biológico,
sino como fenómeno
biográfico, histórico, o
sea, mi vida no es mi
vida, es de un pueblo,
de una nación, de una
historia, de un proyecto
humanitario que engloba
a todos nosotros, a toda
la humanidad.
Esa es la visión
cristiana más profunda,
y esa es la visión del
socialismo, o sea,
tenemos que ser capaces
de, en cada nueva
generación, reinventar
las herramientas de
formación para el
altruismo, la
solidaridad, el amor,
porque es la única
manera de no tener una
concepción socialista
equivocada, como la que
provocó el desplome del
socialismo europeo.
Durante mucho tiempo,
nosotros, los
cristianos, teníamos por
delante un dilema:
“huevo o gallina”.
Decidimos hacer
inversión en el huevo:
si formamos bien a las
personas, vamos a tener
una buena sociedad...
Hay muchos curas y
hermanas que, con sus
escuelas católicas, han
formado gente muy
capitalistas, que no han
sido capaces de formar
gente dispuesta a
cambiar el mundo, a
transformar el mundo de
la desigualdad en un
mundo de igualdad ―Fidel
es una excepción de
alumno de escuela
católica que se hizo
revolucionario.
En un mundo capitalista
no basta hacer la
inversión en el huevo.
El socialismo de Europa
hizo al revés: hay que
hacer inversión en la
gallina. Si tenemos una
buena gallina gorda, una
sociedad socialista,
toda la gente que va a
nacer ahí va a ser
socialista. Me pregunto:
¿dónde se encuentran hoy
mis amigos? Porque
visité muchas veces la
Unión Soviética,
Polonia, Checoslovaquia,
Alemania Oriental, y he
encontrado mucha gente
muy revolucionaria, muy
marxista, con muchos
sueños de un futuro
mejor para la humanidad,
¿dónde se encuentra esta
gente hoy? ¿Dónde están
aquellos que luchan para
reinventar el proyecto
socialista?
En Europa,
lamentablemente, quizá
por mi ignorancia, falta
de información, no
conozco movimientos de
lucha por el socialismo,
pero sé que el
socialismo está siendo
reinventado en Cuba,
esto lo sé. Por eso es
que Cuba tiene
singularidades.
Mucha gente se pregunta
¿pero cómo tú puedes
explicarme que Cuba no
ha sido víctima del
efecto dominó? Digo,
porque Cuba es una
revolución singular. Yo
mismo, cuando llegué
aquí en los años 80,
esperaba encontrar en
cada esquina una cara de
Lenin, de Marx o de
Engels; encontré un
señor que tenía poco
pelo en la cabeza, unos
bigotes grandes que no
conocía bien, que se
llama José Martí, y todo
porque esta es una
Revolución que se ha
construido desde sus
propias raíces, desde su
propia identidad cubana,
y siempre con fuerte
sentimiento de
solidaridad
internacionalista.
Por eso es que aquellos
que se encuentran
prisioneros en los
EE.UU. son como hermanos
de cada uno de nosotros.
Este señor Posada
Carriles, que ha sido
terrorista, que ha sido
liberado ahora cuando
hay una conmoción
internacional provocada
por los medios de
comunicación
capitalistas a causa del
genocidio ocurrido en La
Universidad de Virginia,
y pregunto, ¿dónde está
la conmoción por el
genocidio que Bush
promueve en Iraq?,
¿dónde está la conmoción
por lo que pasa en
Guantánamo?, o sea,
¿será que la locura de
este muchacho de
Virginia es mucho más
grave que la
irracionalidad bélica
criminal de la Casa
Blanca con muchos
pueblos del mundo?
Cuba es para nosotros
este termómetro de ser
capaz de mirar la
realidad con otra
óptica. Esto que Paulo
Freire nos ha enseñado,
y que hace la Revolución
con su historia y con su
práctica; o sea, Paulo
Freire hizo, entre
muchos otros, un libro
muy importante,
Pedagogía del Oprimido,
que nos enseña que un
mundo siempre es visto o
por la óptica del
opresor o por la óptica
del oprimido; las dos
ópticas mientras hayan
opresores y oprimido, no
coinciden; la cuestión
es saber cuál es mi
óptica, desde qué óptica
debo mirar este mundo.
Jesús me ha enseñado que
debemos estar al lado
del oprimido mismo, aun
cuando tengamos la
impresión de que no
tiene razón. La historia
demuestra que nunca
nadie se ha equivocado
cuando se puso al lado
de los pobres, de los
oprimidos, de los
excluidos. Este es el
mérito de ustedes, de
Cuba, este el mérito del
Centro Memorial Dr.
Martin Luther King, Jr.,
es una herramienta para
aportar una pequeña,
pero importante,
contribución a esta
tarea cotidiana que es
construir día a día el
socialismo, y
demostrarnos a nosotros,
los que vivimos fuera de
este país que esta no es
solamente una utopía, es
una esperanza y una
posibilidad.
Muchas gracias.
Palabras
en el Acto Central por
el XX Aniversario del
Centro Memorial Dr.
Martin Luther King, Jr.
Teatro
Amadeo Roldán,
25 de
abril de 2007. |