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Ella asegura que esa
sensibilidad, esa “forma
sencilla de llegar”
tiene mucho que ver con
la Educación popular y
otros espacios
formativos por los que
ha transitado, y que
ahora vuelca en su
gestión de gobierno
local. Ahí está el
secreto.
“Tuve
la oportunidad de
formarme como educadora
popular en el Centro
Martin Luther King, a
partir del vínculo con
el Taller de
Transformación Integral
del Barrio en Alamar.
Entonces me empecé a
apropiar de recursos
lingüísticos, de modos
de expresarme que
contribuyen a que las
personas te sientan más
cerca, que tienes
compromiso real con
ellos. Eso me ha ayudado
mucho en la
responsabilidad que
tengo actualmente,
también en la docencia,
y me ha hecho crecer
desde lo personal.
“Eso es esencial. En los
espacios de atención a
la población he tenido
que utilizar muchos de
estos recursos. Cuando
vienen a plantearme
algún problema, les
escucho con atención
para percatarme bien de
lo que desean. En
ocasiones la solución de
sus conflictos está en
sus manos, pero no se
percatan. A veces se
centran en pedir
recursos materiales y,
sin embargo, la carencia
mayor es sentimental,
desde las relaciones
interpersonales que
están más laceradas,
incluso, que lo material
que quieren.”
Una mujer al frente del
Gobierno de Habana del
Este. Hay una voluntad
explícita en que más
mujeres ocupen cargos en
órganos de gobierno.
¿Cómo ha sido tu
experiencia?
“No
es tarea ni difícil ni
fácil, simplemente que
uno la quiera conducir.
Hay que tener mucha
capacidad de cambiar de
temas constantemente. Lo
mismo ahora estás en una
reunión en una actividad
hablando de la recogida
de desechos sólidos y
después debes cambiar
rápido a otro asunto. Es
decir, tienes que tener
esa capacidad de
adaptarte, ser flexible,
porque si no eres out.
Por otra parte, hay
muchas miradas sobre ti,
pendientes de lo que
dices y haces. Esa
evaluación constante es
difícil.
“Hay
quienes tratan de frenar
el desarrollo, que no
confían; pero de eso yo
no me lleno. Prefiero el
optimismo, la capacidad
para favorecer nuestro
trabajo y que las
personas entiendan que
las mujeres podemos
tener realmente estos
niveles de
responsabilidades.
“No es difícil. Siempre
me ha gustado mucho
hablar, estar en los
lugares con la gente; si
están expuestos al sol,
coger sol con ellos. Por
ejemplo, atiendo a
quienes recogen los
desechos, la basura o a
los que despachan agua
en una pipa. Disfruto
acercármeles, darles los
¡buenos días!,
preguntarles por su
jornada: ¿cómo se
sienten?, ¿cómo puedo
ayudar para mejorar las
condiciones en que
laboran? Así cualquier
barrera cae por su
propio peso y se
comprometen con mayor
facilidad para apoyar.
He conocido historias
fabulosas, he tenido
vivencias muy bonitas,
porque la gente te
agradece cuando siente
tu disposición para
acompañarles.”
Habana del Este es un
territorio fértil para
la educación popular,
por eso no es de
extrañar que Anabel se
haya apropiado esta
concepción
político-pedagógica, que
la haga parte de su
trabajo e, incluso, de
su familia. “Mi niño,
recién graduado de la
Facultad de Psicología
de la Universidad de La
Habana, también pasó por
el espacio de formación
en educación popular a
distancia (FEPAD) y
ahora es profesor en el
Instituto Superior del
Ministerio del Interior;
allí también está mi
hija, estudiando
Derecho, Instrucción
penal”.
Por su utilidad para el
trabajo social y
comunitario, la familia
de educadoras y
educadores populares al
este de la capital ha
crecido. Uno de sus
mayores logros es contar
con una escuela para la
capacitación de los
delegados y delegadas de
ese territorio.
“La
hemos denominado como
escuela no de los
delegados, sino Escuela
del Poder Popular, con
la intención de que
siempre haya una
representación mayor,
con otros dirigentes de
entidades locales, sobre
todo las que atienden a
la población. Los
saberes que allí se
comparten les son de
gran utilidad a las
personas para mejorar el
tratamiento que reciben,
porque se abordan
aspectos de
comunicación, de
mediación de conflictos,
entre otros. No queremos
forzar nada, sino que
las personas sientan la
necesidad de asistir
allí para crecer como
seres humanos.
Pienso que el territorio
en eso va en la avanzada
y puede ser una
referencia para la
capital.”
¿Y después que termines
el mandato?
No sé qué va a pasar,
aunque podré darle
cuerpo a una idea que me
ronda: estoy recogiendo
muchas incidencias,
muchas anécdotas, cosas
que pasan y que uno
conoce más cuando tiene
la oportunidad de ocupar
una responsabilidad como
esta. Quiero escribir un
diario para contarles a
los demás estas
vivencias. |