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Recibir un
reconocimiento como el
Premio Maestro de
Juventudes es realmente
de gran importancia.
Toda mi vida la he
dedicado a trabajar con
los jóvenes y en estos
últimos tiempos, mucho
más; pero no lo hago
situándome en la etapa
de mi juventud, sino en
esta etapa que ustedes
están viviendo, con todo
lo que pueda tener de
bueno y de malo. Escucho
siempre a los jóvenes y
a partir de sus
criterios, a partir de
su modo de ver y
entender la cultura y el
mundo, organizo las
actividades en El
Mejunje.
Ese espacio no es más
que lo que los jóvenes
han propuesto, lo que
los jóvenes han querido
hacer como
protagonistas. Por ello,
muchas de las
actividades que
organizamos son posibles
gracias a sus esfuerzos,
las hacemos con sus
recursos. En el Mejunje,
mi empeño fundamental es
ahora trabajar para los
jóvenes y creo que no
pudiera hacerlo si no
estuviera con ellos, si
no los escuchara. Soy de
esta generación y como
tal me proyecto.
Un maestro de juventudes
Creo que esta distinción
me motiva aún más a
hacer lo que siempre he
defendido: renovar,
sistematizar nuestras
actividades, interpretar
y trabajar siempre cada
día más, hasta que
pueda, sin cansancio
alguno.
El diálogo entre nuestra
generación y la actual
es necesario,
importante. Se dice
mucho que la juventud
está perdida y para nada
comparto ese criterio.
Creo que la juventud de
hoy está muy encontrada,
a veces quienes están
perdidos son los que
tienen que ver con ellos
y no los entienden o no
los suman. Hay que
cambiar muchas maneras
de hacer, cambiar el
discurso, la manera de
movilizar, que ya es
caduca. En El Mejunje
movilizamos a los
jóvenes; pero con otro
tipo de discurso, con
otra manera de hacer las
cosas, huyendo del “teque”,
de la consigna vacía.
Frente a los jóvenes hay
que ser ejemplo, mostrar
un magisterio. Eso solo
se logra con sacrificio,
trabajo, escuchando sus
preocupaciones.
Únicamente así.
Tenemos una juventud muy
inteligente, muy
preparada; pero hay que
orientarla y brindarle
espacios diversos. Creo
que nuestro Mejunje en
Santa Clara es el
espacio más diverso que
pueda haber en Cuba,
porque incluye a todas y
todos.
El Mejunje: trabajo
constante
Tengo muchos quehaceres
hoy, porque el Mejunje
ha crecido para bien,
sin perder su espíritu,
sin perder su público.
Ahora tenemos una sala
de teatro que nos
permite presentar allí
espectáculos muy
variados y sobre todo
buen teatro. Tenemos
además una galería y un
café que se suma a todo
el trabajo del Centro.
Queremos llenar siempre
esos espacios, que no
haya vacíos. Ya que no
podemos alargar la
semana, por lo menos sí
los días y tratar de
utilizarlos lo mejor
posible.
Siempre pienso en abrir
mucho más el universo
del Mejunje, ahora más
con las potencialidades
que tiene el espacio y
con la preferencia de
que goza dentro de la
ciudad de Santa Clara.
Para mí es muy
importante ver a muchos
jóvenes cantando
boleros, bailando con
los Fakires. Eso es obra
de un trabajo constante,
no se puede decir que la
música tradicional no
gusta si no pones empeño
en ello. Ahí está
nuestro gran reto:
incorporar más jóvenes
para que conozcan la
historia, las
tradiciones culturales
de un modo que resulte
ameno, instructivo.
Cuando eso se hace bien,
los resultados son
siempre muy buenos.
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