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Un día el Doctor Osvaldo
Dorticós y su esposa me
pidieron que conociera a
dos personas muy
especiales. Cuando
llegué a la reunión me
presentaron a los padres
de los hermanos Saíz. No
saben cómo agradezco la
memoria que tengo de
aquel matrimonio, lo que
me enseñó el doctor Saíz
al hablarme con pasión y
amor infinito de
aquellos dos talentos.
No hay nada que parezca
intrascendente, pequeño,
nada que no pueda
abarcar dentro de una
amplia mirada para
entender la grandeza de
estos jóvenes. Cuando
los escuchamos hablar a
través del tiempo,
entendemos por qué la
asociación tomó su
nombre, por qué
escogieron esas dos
fuerzas morales, esos
dos rostros bellos o lo
que emana de ellos para
recibir su destino.
Por eso cuando se nos
une a esos hombres nos
sentimos agradecidos:
Aquel que escribe con
pasión y da a la
imprenta lo hermoso de
su pensamiento y de los
otros; aquel que con
sobriedad y originalidad
nos hace reír; aquel que
logra promover, crear y
levantar la cultura como
un escudo moral; aquella
cuya magia infinita la
escuché cuando era
adolescente; a un
pianista que ha sido
capaz de arrebatar el
sentimiento nacional con
sus obras, a un maestro
a quien le debo un
agradecimiento por una
linda entrevista
televisiva en la cual
revelaba su grandeza de
espíritu y sobre todo el
amor infinito a una cosa
pequeña y grande, su
pueblo; y una actriz
igualmente profunda y
grande que encarna
siempre su propio papel
en la vida, todo lo que
ella ha proyectado no es
más que un espejo de su
propio espíritu.
Por eso no nos
espantamos hoy con la
idea de que un elogio
precede necesariamente
el fin de nuestros
tiempos individuales, en
realidad ustedes nos han
regalado con nuestro
premio algo muy
importante que nosotros
ansiamos
desesperadamente, y que
agradecemos más que
nunca si fuese posible
conquistarlo esta tarde:
la juventud.
Muchas gracias
Palabras de
agradecimiento en nombre
de los homenajeados con
el Premio Maestro de
Juventudes |