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Recibir el premio
Maestro de Juventudes es
un honor para quien se
considere parte de la
cultura cubana, de la
nación cubana. Para mí
es un reconocimiento
inesperado, aunque he
estado trabajando en la
docencia durante muchos
años, intentando
transmitirles a los
jóvenes enseñanzas que
vayan más allá del piano
y el virtuosismo.
Escuchando a Eusebio
Leal, esta tarde, me
vino a la mente un
recuerdo muy feliz: fui
fundador del embrión de
lo que hoy es la
Asociación Hermanos
Saíz. Fundé la Brigada
Hermanos Saíz, por eso
me emociona
especialmente este
reconocimiento. He
recordado esta tarde
todo el camino de la
Nueva Trova, los 43
arreglos con Silvio, mi
vinculación con los
discos de Vicente Feliú
y Noel Nicola, hasta la
fundación de la Brigada
y la primera vez que la
llevé a las montañas,
junto a un grupo de
jóvenes artistas. Me han
hecho regresar a esos
momentos tan hermosos.
Hoy me siento satisfecho
de tener 27 alumnos con
premios internacionales,
me siento orgulloso de
mi trabajo con los niños
y el movimiento de
aficionados.
De alguna manera, eso
que Eusebio refería y
que a algunos pudiera
parecerle una simple
manera poética de
agradecer un premio, es
muy cierta: al menos yo,
recibí hoy una carga
inmensa de juventud y de
ganas de seguir
cumpliéndole a la
cultura de este país, de
hacerme verdadero
merecedor de este
título. Eso comienza
ahora, no termina con el
premio.
La cultura cubana es un
organismo móvil
La cultura cubana tiene
un reto: reafirmar todos
sus principios y
divulgarlos. Estamos
ante un momento de
peligro, pues aunque
nuestra cultura tenga un
estandarte bien merecido
y sea un organismo
móvil, tiene también la
enorme responsabilidad
de enfrentar el continuo
y peligroso retroceso
que está sufriendo en el
mundo entero.
Solo la juventud nos
puede salvar, solo la
juventud puede lograr
que la cultura no
duerma, si es capaz de
comprender hasta qué
punto están corriendo
peligro esas palabras
que tanto se repiten:
“ser cultos para ser
libres”. La pérdida de
valores se ha vuelto una
frase común, pero no
podemos hablar solo de
valores éticos: cuidemos
también los valores
estéticos. Tan cercanos
al día de la cultura,
aunque no soy de los más
jóvenes, me siento
responsable de defender
los extraordinarios
valores de la cultura
cubana, en peligro no de
extinguirse, pero sí de
no transmitirse.
Me siento feliz;
satisfecho, nunca.
Cuando uno comprende la
verdadera trascendencia
del arte y la carga
espiritual que la
creación implica, sabe
que jamás terminaría una
obra perfecta. Pero sí
me siento feliz,
especialmente hoy con
este premio, a las
puertas del Día de la
Cultura Cubana. La obra
perfecta son los jóvenes
que hemos contribuido a
formar, aunque sea
indirectamente. |