Año IX
La Habana
16 al 22
de OCTUBRE
de 2010

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Solo la juventud puede lograr que la cultura no duerma

Frank Fernández • La Habana

Foto: Yander Zamora

 

Recibir el premio Maestro de Juventudes es un honor para quien se considere parte de la cultura cubana, de la nación cubana. Para mí es un reconocimiento inesperado, aunque he estado trabajando en la docencia durante muchos años, intentando transmitirles a los jóvenes enseñanzas que vayan más allá del piano y el virtuosismo.

Escuchando a Eusebio Leal, esta tarde, me vino a la mente un recuerdo muy feliz: fui fundador del embrión de lo que hoy es la Asociación Hermanos Saíz. Fundé la Brigada Hermanos Saíz, por eso me emociona especialmente este reconocimiento. He recordado esta tarde todo el camino de la Nueva Trova, los 43 arreglos con Silvio, mi vinculación con los discos de Vicente Feliú y Noel Nicola, hasta la fundación de la Brigada y la primera vez que la llevé a las montañas, junto a un grupo de jóvenes artistas. Me han hecho regresar a esos momentos tan hermosos. Hoy me siento satisfecho de tener 27 alumnos con premios internacionales, me siento orgulloso de mi trabajo con los niños y el movimiento de aficionados.

De alguna manera, eso que Eusebio refería y que a algunos pudiera parecerle una simple manera poética de agradecer un premio, es muy cierta: al menos yo, recibí hoy una carga inmensa de juventud y de ganas de seguir cumpliéndole a la cultura de este país, de hacerme verdadero merecedor de este título. Eso comienza ahora, no termina con el premio.

La cultura cubana es un organismo móvil

La cultura cubana tiene un reto: reafirmar todos sus principios y divulgarlos. Estamos ante un momento de peligro, pues aunque nuestra cultura tenga un estandarte bien merecido y sea un organismo móvil, tiene también la enorme responsabilidad de enfrentar el continuo y peligroso retroceso que está sufriendo en el mundo entero.

Solo la juventud nos puede salvar, solo la juventud puede lograr que la cultura no duerma, si es capaz de comprender hasta qué punto están corriendo peligro esas palabras que tanto se repiten: “ser cultos para ser libres”. La pérdida de valores se ha vuelto una frase común, pero no podemos hablar solo de valores éticos: cuidemos también los valores estéticos. Tan cercanos al día de la cultura, aunque no soy de los más jóvenes, me siento responsable de defender los extraordinarios valores de la cultura cubana, en peligro no de extinguirse, pero sí de no transmitirse.

Me siento feliz; satisfecho, nunca. Cuando uno comprende la verdadera trascendencia del arte y la carga espiritual que la creación implica, sabe que jamás terminaría una obra perfecta. Pero sí me siento feliz, especialmente hoy con este premio, a las puertas del Día de la Cultura Cubana. La obra perfecta son los jóvenes que hemos contribuido a formar, aunque sea indirectamente.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2010.
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