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Tengo el criterio de que
no se trata solo de un
problema de relevo
generacional, se trata
de un momento dentro del
proceso de tu vida
—cuando te has dedicado
a la enseñanza, a la
escritura o alguna forma
de transmisión del
conocimiento y la
cultura— en el cual la
única forma de
revitalizar ese proceso
y darle una inyección de
pasión, de verdadera
futuridad está en lograr
que ese mensaje prenda
entre los jóvenes. Por
consiguiente, cuando se
habla del traspaso
generacional, estamos
hablando realmente de un
proceso de
revitalización, de
resurrección de
proyectos, de ideales,
de perspectivas. Como mi
interés fundamental son
la cultura y la nación
cubana, cuando percibo
que los jóvenes son
receptivos a ese mensaje
me parece estar
presenciando una
perpetuación de la
nacionalidad, de una
tradición de cultura, de
patriotismo, de
admiración por nuestra
historia. Viene entonces
a tu ánimo una forma de
alegría primero y una
gran tranquilidad
después, por ese
sentimiento de que el
futuro está garantizado.
Eso se ha convertido en
un lugar común pero en
realidad de ello se
trata: a medida que te
aproximas a una edad en
la cual ya son pocas las
perspectivas de futuro
recibes de los jóvenes
de vuelta lo que le has
dado y más, es decir,
vuelves a recibir de los
jóvenes una perspectiva
de futuro que ya habías
ido perdiendo. En ese
sentido no siento solo
que soy Maestro de
Juventudes sino me
siento un gran aprendiz
de mis propios
discípulos; siento que
nuestro mundo de
intereses y pasiones no
se acaba, sigue, se
renueva. |