Año IX
La Habana
9  al 15
de OCTUBRE
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Falleció a los 97 años Ruth de la Torriente Brau

Seguirá haciendo milagros esta hada madrina

Vivian Núñez • La Habana

Foto: Cortesía del Centro Pablo de la Torriente Brau

 

 Galería de imágenes: ruth de la Torriente Brau


En las primeras horas del 3 de octubre falleció Ruth de la Torriente Brau, y de seguro, desde su modestia ancestral, no se ha dado cuenta aún del vacío que dejó en quienes la tuvimos a nuestro lado en estos años de labor común para rescatar primero y difundir después y para siempre la vida y la obra de su hermano, Pablo de la Torriente Brau.

“Es nuestra hada madrina”, afirmó muchas veces Víctor Casaus, director del Centro Cultural que lleva el nombre del héroe de Majadahonda, institución que ha tenido en Ruth su inspiración mayor y su primera y más fecunda colaboradora.

“He estado toda la vida cuidando un apellido”, afirmó en su última entrevista, concedida al diario cubano Juventud Rebelde, y lo cuidó de manera ejemplar, dignificándolo en Cuba y en numerosos países, a donde viajó siempre con su familia a cuestas.

Esta mujer, de apariencia frágil pero incansable y siempre activa, estudió magisterio solo por complacer a su madre, trabajó en la ONU,  fue taquígrafa en los juicios a los esbirros de la tiranía después del triunfo del 1ro. de Enero de 1959 y secretaria durante 13 años del Ministerio de Agricultura.

Se sumó a la Revolución Cubana desde los inicios, y se mantuvo siempre en contacto con las nuevas generaciones, esas a las que consideraba que seguía perteneciendo su hermano Pablo, Nene, “a quien siempre imagino joven”.

Viajó a Puerto Rico en busca de las raíces de su hermano, quien había nacido allí, y varias veces a España, para reencontrase con amigos y compañeros que, junto con Pablo, defendieron la República. Gran conversadora, Ruth continuó, como sus hermanas, desde la modestia, la tarea de conservar la memoria y difundir la vida y la obra de Pablo, de quien hizo un hermoso retrato a plumilla en el año 1927.

A sus 97 años se sentía feliz y satisfecha de los amigos que tenía, quienes conformaron su familia paralela, su equipo de asistentes que le cuidaban mientras disfrutaban de la maravilla de su conversación y del encanto de verla, lúcida, tierna y alegre. Presumida, como siempre, maquillada y con su inseparable abanico en estos años recientes, se trasladó en julio pasado al Museo de la Danza para entregarle a Alicia Alonso el Premio Pablo, máxima distinción del Centro, la cual ella misma recibiera de manos del ministro de Cultura, Abel Prieto, en enero de 2001.

Era —es— Ruth un hada singular: hacía sus milagros desde la sencillez y casi en el anonimato. Y seguirá haciéndolos, velando porque otros cuidemos de un apellido que es todo compromiso y honra.
 

Ruth de la Torriente Brau, hermana y amiga

Ruth de la Torriente Brau in memoriam

Algo se muere en el alma cuando una amiga se va

 
 

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La Habana, Cuba. 2010.
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